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Palabras de Su Majestad el Rey al mundo de la cultura al inaugurar la Fundación Camilo José Cela

La Coruña(Iria Flavia), 11.06.1991

H

ace poco más de seis años, en marzo de 1985, aceptamos presidir el Comité de Honor de lo que entonces era un hermoso, proyecto, y hoy, felizmente, una realidad cabal: la Fundación radicada en el lugar de su nacimiento, a la que el escritor Camilo José Cela confía todo su legado literario, artístico y humano.

Se cumple así el deseo que él mismo manifestara ante sus paisanos el 11 de mayo de 1986, en su septuagésimo cumpleaños, cuando, tras afirmar que «las aguas vuelven siempre a sus cauces y los hombres, salvo en casos de muy amargo tropiezo, retornan siempre a la querencia del paisaje que los vio nacer», anunció sus proyectos «para devolver a Galicia decía- lo que no tengo sino prestado».

El escritor regresa, pues, con las manos llenas de las palabras que le han permitido construir una obra extensa y excepcional, vinculada no sólo al paisaje y el pueblo de su Galicia nativa, sino también a los de toda España, que él mismo recorrió como curioso y atento caminante o recreó como escenario de sus invenciones narrativas repletas siempre de tipos humanos inolvidables. Mas ese enraizamiento característico de toda su obra no le ha privado del poderoso impulso de universalidad que el Premio Nobel vino a reconocerle en 1989, honrando así a la literatura española por quinta vez -y por séptima, a toda nuestra cultura- en los noventa años de vida del alto galardón.

Es ahora, por tanto, cuando nuestro escritor es más que nunca patrimonio de la cultura sin fronteras, y los testimonios que permiten reconstruir el arduo proceso de la creación de cada uno de sus libros, el curso de su biografía y el perfil de su entera trayectoria humana e intelectual vuelven ahora de su mano a Iria Flavia, a esta Galicia del Ulla y el Sar que ha sido tan fecunda para la literatura, desde Juan Rodríguez del Padrón o de la Cámara hasta Rosalía de Castro, que muy cerca de esta misma casa tuvo la de su linaje familiar y la de su hora final.

Esta Fundación que hoy inauguramos evitará sin duda alguna que los papeles de Camilo José Cela se esparzan por el mundo adelante, eventualidad que él mismo conjuraba en sus palabras de 1986. Hacemos votos para que se cumpla también su deseo entonces formulado de que con la ayuda de sus paisanos este próvido solar sea un «foco de sabiduría y un lago de felicidad».Nos congratulamos con todas las instituciones y personas que comprendieron y apoyaron la decisión del escritor, y estamos seguros de que la generosa hospitalidad de esta tierra y de sus gentes sabrá compartir la obra y la figura de Camilo José Cela con todos los que aman la palabra hecha arte, esa «herramienta huidiza» que para el Nobel de Iria Flavia «no es más cosa que el latido del aire».

Muchas gracias.

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