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Palabras de Su Majestad el Rey a la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa con motivo de la Campaña Norte-Sur

Estrasburgo, 26.01.1988

S

eñor Presidente, señoras y señores parlamentarios, quiero, en primer término, manifestar mi agradecimiento al Comité Europeo para la Campaña Norte-Sur por su invitación para asumir la presidencia de honor y al presidente de esta Asamblea por brindarme la oportunidad de encontrarme, una vez más, ante esta Cámara, para pronunciar unas palabras sobre una materia de tanto significado y proyección como la que ahora se debate.

Cuando el pasado mes de noviembre celebramos en Madrid el acto de lanzamiento de esta Campaña, señalé el carácter profundamente europeo de los ideales que animan esta iniciativa del Consejo de Europa, institución representativa por excelencia de los principios democráticos que rigen la vida política de nuestras naciones.

Difícilmente puede hallarse un marco mejor que éste para comprender el sentido de la Campaña que ahora inicia su andadura. El Consejo de Europa fue el fruto de una labor de acercamiento entre naciones enfrentadas con frecuencia entre sí en el pasado, y que hoy trabajan unidas en la construcción de un porvenir común.

En esta Asamblea se reúnen los legítimos representantes de los ciudadanos de Europa, que han optado por modelos de organización de la vida colectiva basados en la solidaridad social, en el respeto de las creencias y de los derechos de cada individuo y en la legitimidad democrática de los poderes públicos.

Al promover esta Campaña sobre la interdependencia y la solidaridad entre el norte y el sur, el Consejo de Europa reafirma el carácter universal de estas nobles aspiraciones, en la certeza de que los graves problemas que hemos de afrontar en el futuro se presentan ya en esta dimensión y que todo intento de solución basado en aproximaciones parciales será desechado por las generaciones futuras.

A lo largo de las últimas décadas, los problemas del desarrollo económico y social han sido objeto de creciente preocupación en los ámbitos más diversos, suscitándose iniciativas de diferente alcance por parte de instituciones y personas que han puesto su experiencia y sus medios al servicio de estos fines.

Baste recordar, a este respecto, la labor emprendida por las Naciones Unidas y sus organismos especializados, a partir del llamado «Primer Decenio para el Desarrollo»; el papel, cada vez más importante, de las instituciones financieras multilaterales; y la proliferación en los últimos años de agencias y organizaciones de carácter privado que realizan día a día una valiosa labor, ejemplo de solidaridad y dedicación.

Sin embargo, y a pesar de que en la opinión pública internacional los problemas del desarrollo son objeto de inquietudes cada vez más extendidas, el deterioro de las condiciones en que subsisten la mayor parte de las naciones del planeta no se ha detenido sino que incluso se ha agravado en algunas regiones. Asimismo, se combinan sus peligrosos efectos con los de nuevos fenómenos que han hecho su aparición en la escena económica internacional, configurándose de esta manera un panorama en el que las dificultades tienden a enraizarse y a perpetuarse.

En los últimos años, la crítica situación económica del continente africano ha venido agravándose debido a las inclemencias del medio natural y a las dificultades del entorno económico. El endeudamiento externo, que afecta con especial intensidad a Iberoamérica, compromete las expectativas de desarrollo de países de ingresos medianos, cuya estabilidad política y social se ve en constante peligro. A ello cabe añadir el notable descenso de los precios de la mayor parte de los productos básicos, cuya exportación constituye la principal fuente de recursos financieros externos de muchos de estos países.

Cuando la Comisión Brandt, hace ahora ocho años, escogió como título para su informe el de «Un programa para la supervivencia», apuntaba certeramente una realidad cuya comprobación está en el fundamento de la Campaña: la interacción entre los distintos procesos y problemas en que se ven envueltos todos los países del mundo, cualquiera que sea su grado de desarrollo económico y social.

Por ello, la Campaña quiere, en primer lugar, llamar la atención de los europeos sobre este concepto de interdependencia. Ninguna nación puede buscar las raíces de sus problemas y abordar las posibles soluciones exclusivamente en su propia realidad o en su propia historia. Cada pueblo y cada individuo es partícipe de un pasado, un presente y un futuro compartido con el resto de la humanidad.

De hecho, el éxito o el fracaso en la lucha de cada uno por superar las propias dificultades rebasa los límites de la responsabilidad individual y supone, en último término, un empuje o un freno adicional a las aspiraciones de los demás. Sólo así se explica el fracaso al que la historia ha condenado a las naciones que han pretendido materializar sus sueños en detrimento o con absoluta independencia de otros pueblos.

El Consejo de Europa, en colaboración con la Comunidad Económica Europea, se dispone a realizar un importante esfuerzo con la Campaña que hoy se inicia. Especialmente significativo es el papel que esta Asamblea y sus miembros están llamados a desempeñar en ella. Los representantes legítimos de los ciudadanos europeos constituyen sin duda, el principal vehículo de transmisión de las preocupaciones sociales a las instancias que tienen encomendadas la responsabilidad de adoptar y ejecutar las decisiones políticas y económicas.

La Campaña está llamada a lograr que, lejos de actitudes indolentes o fatalistas, la mayoría de los europeos mantengan viva la esperanza de un mañana mejor, en el que la solidaridad y el espíritu de colaboración se impongan a egoísmos y visiones a corto plazo.

Señor Presidente, con la iniciativa de esta Campaña, las instituciones europeas llevan a cabo una muy importante aportación a este largo proceso, dirigiendo los esfuerzos hacia la sensibilización de la opinión pública. La dedicación de esta Asamblea supone, por sí misma un prometedor augurio de la acogida y el apoyo que, sin duda, tendrá la Campaña entre los ciudadanos, los gobiernos y las instituciones de Europa.

Un grupo de personalidades de la vida política y cultural pertenecientes a muy distintos países ha prestado generosamente su concurso a este esfuerzo al aceptar ser miembros del Patronato de honor de la Campaña.

Desde esta tribuna, y en nombre de todos ellos, quiero reiterar mi llamamiento a las instancias públicas, a las organizaciones privadas y a la opinión pública para que presten su apoyo a esta Campaña, contribuyendo así al éxito de esta importante iniciativa.

Si gracias a ella los europeos llegamos a ser más conscientes de la interdependencia que define nuestro mundo y abrimos mayores espacios a la solidaridad individual y colectiva, estaremos sentando las bases de un mundo más libre y más justo.

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