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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Chile Patricio Alwin y al pueblo chileno

Madrid, 08.04.1991

S

eñor Presidente, la Reina y yo sentimos hoy la inmensa alegría de recibir en España a Vuestra Excelencia y a la señora de Aylwin, seis meses después de nuestra inolvidable visita a Chile. Esta satisfacción es plenamente compartida por el gobierno y por todo el pueblo español, pues valoramos también que esta vuestra primera gira europea se haya iniciado por España, cuyo ser europeo convive con su irrenunciable dimensión americana.

Durante nuestra estancia en Chile, la Reina y yo pudimos sentir no sólo el calor humano que el pueblo y las autoridades nos prodigaron, sino que fuimos testigos de un país pujante que, tras recuperar su verdadero pulso histórico, se ha puesto en marcha hacia el futuro. Estos sentimientos se han visto renovados con motivo de la reciente visita que nuestra hija, la Infanta Cristina, ha efectuado a vuestro país.

Acaba de cumplirse un año de vuestra toma de posesión como Presidente de la República y en este período vuestra figura de verdadero hombre de Estado os ha granjeado el respeto de todos los chilenos y el unánime reconocimiento de la comunidad internacional, que ha recuperado una de las democracias americanas con mayor prestigio.

Señor Presidente, vuestro alto valor moral y vuestra lucidez a la hora de afrontar los complejos desafíos de la consolidación democrática, han sido el hilo conductor de una acción de gobierno volcada al definitivo reencuentro entre los chilenos. El mantenimiento de un modelo económico abierto, dinámico y competitivo, la reconstrucción de las estructuras democráticas del país y su reinserción en la escena internacional, son asimismo fecundas realidades que deben constituir legítimo orgullo, no sólo para vuestro gobierno, sino para toda la nación chilena.

Soy bien consciente de que la transición a la plena democracia es un proceso no exento de escollos y fricciones. Por ello, me congratulo al comprobar que el amplio grado de consenso entre las diversas fuerzas políticas y sociales de Chile ha proporcionado el cauce idóneo para superar obstáculos y disipar recelos.

A este respecto, quiero resaltar la valentía con que vuestra excelencia ha sabido encarar el lacerante problema de la violación de los derechos humanos que ha dividido a vuestros compatriotas. La iniciativa de crear la «Comisión Verdad y Reconciliación» y los resultados ya públicos de tan ardua tarea constituyen un hito fundamental para que los chilenos puedan reconciliarse desde la verdad y la justicia.

Señor Presidente, me consta que, junto a vuestro anhelo de impulsar este reencuentro, el gobierno que presidís ha asumido como objetivo prioritario lograr mayores cotas de bienestar social capaz de trasvasar recursos hacia las áreas y grupos a los que no llegaron los beneficios del reciente desarrollo experimentado por Chile. Para España es sumamente satisfactorio haber podido contribuir a este empeño del Gobierno chileno mediante las aportaciones ya canalizadas y los créditos disponibles, desarrollados en el Tratado General de Cooperación y Amistad suscrito en Santiago por nuestros Ministros de Asuntos Exteriores, el pasado mes de octubre de 1990, durante la visita que la Reina y yo hicimos a Chile.Este Tratado, amplio y ambicioso, es el mejor reflejo de nuestro mutuo compromiso. Su contenido nos obliga a esforzarnos a fin de que nuestras relaciones alcancen la plenitud a la que todos aspiramos.

Los vertiginosos cambios que estamos presenciando en la escena mundial apuntan, por primera vez desde hace décadas, a una nueva era de las relaciones internacionales en las que, bajo la égida de los valores democráticos, cabe abrigar la esperanza de que los ingentes gastos dedicados a los armamentos puedan reorientarse a la consecución de una mejor distribución de la riqueza mediante la cooperación internacional.

España y Chile, cada una en su ámbito geográfico, en su esfera de responsabilidad política y económica, están llamadas a contribuir al nuevo orden internacional que hoy se está forjando. En su empeño, no están solas, pues su esfuerzo se enmarca en un proyecto flexible y generoso al mismo tiempo: una unión de naciones iberoamericanas libres y democráticas en pos del mayor bienestar de sus pueblos.

Creemos firmemente que el V Centenario debe convertirse en una aportación creativa a este reto que la humanidad ha de asumir para lograr un mundo en el que prevalezcan el derecho sobre la fuerza y la solidaridad sobre el egoísmo.

Esos y no otros son los objetivos de esa comunidad iberoamericana a la que ambos aspiramos y a cuyo nacimiento formal juntos asistiremos dentro de pocos meses, convocados por la feliz iniciativa del Presidente de los Estados Mexicanos, en un proyecto que tendrá su continuidad en España, en 1992.

Señor Presidente, al reiteraros nuestra bienvenida más calurosa, quiero, en nombre de la Reina y en el mío, invitar a todos a brindar por la ventura personal de Vuestra Excelencia y la señora de Aylwin y por la prosperidad y bienestar del pueblo de Chile.

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