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Palabras de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomático

Madrid, 11.01.1988

S

eñores Embajadores, en esta ocasión que se renueva gratamente todos los años, tenemos la Reina y yo el placer de recibir a Vuestras Excelencias para desearos cordialmente un año nuevo lleno de venturas.

Agradecemos la salutación que el nuncio de Su Santidad, en su calidad de decano del Cuerpo Diplomático, nos ha dirigido en nombre propio y en nombre vuestro.

Se inicia este año con signos esperanzadores. Como ya he destacado en mi mensaje de navidad, los máximos dirigentes de los Estados Unidos de América y de la Unión Soviética han procedido recientemente a la firma de un tratado que supone la eliminación de las armas nucleares de alcance intermedio. Se trata de un hecho sin precedentes desde el comienzo de la era nuclear y, en consecuencia, de un paso histórico hacia un mundo más seguro.

España se felicita por este Tratado y ratifica su firme voluntad de participar de forma activa -desde su posición de solidaridad con sus aliados y amigos- en la difícil pero necesaria tarea de cimentar una paz constructiva y duradera, basada en la justicia, la libertad y la cooperación entre los pueblos.

Con este espíritu, formulamos nuestros mejores votos a fin de que este ejemplo sirva de estímulo para la superación de los enfrentamientos armados y de los conflictos regionales que subsisten todavía en el mundo.

Compartimos la preocupación de la comunidad internacional por la situación en Oriente Medio. España, que quiere mantener relaciones de amistad y cooperación con todos los países, apela a las partes implicadas para que se pueda alcanzar pronto un arreglo justo a los conflictos que agitan a esa región y, sobre todo, para que se respete la dignidad de la persona humana y su derecho más elemental: el derecho a la vida, a la existencia misma.

Estos conflictos y otros que salpican el mundo entero hacen que haya aumentado significativamente el número de personas sin hogar y que el flujo de refugiados se acreciente día a día.

En 1987 tuve el honor de ser galardonado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados con la Medalla Nansen. Al recibirla en Ginebra, puse de manifiesto mi constante preocupación por la situación de estas personas y anuncié mi intención de donar el premio en metálico que acompaña a la Medalla, a los programas de ACNUR para los refugiados de Centroamérica.

España tiene siempre muy presente su intrínseca dimensión iberoamericana.

Año tras año, nos vamos acercando a 1992. En esta andadura conmemoraremos el genio de aquellos grandes navegantes españoles, portugueses, holandeses, italianos y tantos otros que recorrieron el mundo, desde el estrecho de Magallanes hasta las tierras de Australia, desde Terranova hasta el cabo de Buena Esperanza.

Creemos que esta efemérides debe ser una ocasión excepcional para que la reflexión sobre el pasado compartido nos permita sentar las bases de una mayor proyección internacional de quienes integramos la comunidad iberoamericana.

Desearía para todos estos pueblos un futuro de paz y prosperidad, basado en la justicia y en la democracia. De ahí que España aliente los esfuerzos pacificadores en curso en la región centroamericana, pidiendo moderación y flexibilidad a todas las partes interesadas. Y por esto también España apoya las iniciativas tendentes a superar los graves problemas económicos que afectan a países que nos son muy próximos.

Señores Embajadores, la Comunidad Europea tiene ante sí un importante reto que nos conduce también a 1992. España, junto con los demás socios comunitarios, se comprometió, al firmar el Acta Unica, a trabajar firmemente en la construcción de un gran espacio europeo integrado. El futuro europeo ha de ser un futuro de unidad y, en él, la Comunidad Europea habrá de establecer los vínculos adecuados con otros países que comparten el continente europeo.

Esa Europa unida ha de tender la mano con auténtica generosidad hacia aquellos pueblos que sufren problemas tan inmediatos y acuciantes como el del hambre.

Es preciso estimular la solidaridad y promover un flujo de ayuda en todos los órdenes, para conseguir que las dos terceras partes de la humanidad, que actualmente viven en la miseria o en la precariedad, alcancen un nivel de vida digno y justo.

Por eso he prestado mi decidido apoyo a la Campaña Europea sobre Interdependencia y Solidaridad Norte-Sur, que ha lanzado el Consejo de Europa.

Señores Embajadores, no puedo ocultar a vuestras excelencias la permanente preocupación, reiteradamente expuesta, ante la violencia terrorista, que de algún modo a todos nos afecta y a todos nos amenaza. Por ello, todos los esfuerzos para combatirla son pocos y toda la cooperación escasa. En la lucha contra el terrorismo, es más necesaria que nunca la colaboración internacional.

Estoy seguro que en el desempeño de vuestra misión habréis tenido ocasión de comprobar que el pueblo español desea la paz y acoge siempre con alteza de miras aquellas iniciativas y decisiones que persiguen, en cualquier rincón del mundo, una paz en libertad y en justicia; una paz digna, fruto del diálogo y no de la imposición.

Con este convencimiento, os ruego que transmitáis a vuestros Jefes de Estado y a vuestros pueblos nuestros mejores deseos de paz y prosperidad.En nombre de la Reina y en el mío propio, os reitero nuestra cordial felicitación en el comienzo del nuevo año.

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