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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala en honor del Presidente de Checoslovaquia, Sr. Vaclav Havel

Palacio Real de Madrid, 11.12.1990

S

eñor Presidente, es para la Reina y para mí motivo de muy especial satisfacción daros hoy la bienvenida, en esta primera visita a España de un Presidente de la República Federativa Checa y Eslovaca.

Quisiera poder reflejar con mis palabras la emoción que sentimos de tener entre nosotros a alguien que, como vuestra excelencia, ha sabido hacer de la defensa de la verdad y de la recuperación de los permanentes valores del ser humano el eje fundamental de su propia biografía.

De los numerosos reconocimientos que esta actitud ha merecido, me complace muy especialmente felicitaros por el Premio Simón Bolívar que acaba de entregaros la UNESCO y que tuve el honor de recibir también en su día.

Permitidme igualmente, señor Presidente, que en vuestra persona salude también a un pueblo que supo dar, hace poco más de un año, una lección de civismo y de cultura en su lucha por la recuperación de las libertades, sin las cuales no hubiera sido posible el reencuentro con su propia identidad. Sin ésta, el diseño de la Europa que deseamos hubiera quedado siempre incompleto.

Al igual que ahora vuestro país, España tuvo que pasar por un intenso y complejo proceso de transición hacia la democracia. Sabíamos que con un sistema democrático se abrían las puertas al diálogo, a la comprensión y al acuerdo, es decir, a la viabilidad de un proyecto nacional. Al propio tiempo buscamos incorporarnos a la Europa de la democracia y de la solidaridad, a la Europa de las libertades, porque ése era el primer paso para hacer viable un proyecto supranacional.

Hace pocos días, hemos celebrado en España el decimosegundo aniversario de la aprobación popular de la Constitución, carta nacional sobre la que edificamos esta democracia y que es el resultado y permanente símbolo de los esfuerzos por encontrar consensos y entendimientos entre todos los españoles. Así, hemos conseguido, en plena libertad, el necesario equilibrio entre las aspiraciones de cada uno de los pueblos y las aspiraciones comunes de la colectividad nacional.

Hago esta referencia porque creo firmemente en el futuro de esa Europa y porque pienso que diálogo, solidaridad y cooperación serán los ejes básicos de su nueva estructura. Sabemos ahora que contamos también con la voz y el esfuerzo de un pueblo como el que vuestra excelencia representa, que ha sido históricamente parte esencial de la Europa dialogante y pacífica. Las tradiciones culturales, políticas e industriales del pueblo checoslovaco son la mejor garantía para el logro de sus propósitos.

Desde este extremo del continente, hemos seguido con el mayor interés y esperanza el proceso que habéis iniciado hace ahora poco más de un año, y que ha hecho posible el retorno de vuestro país a sus auténticas esencias europeas. Quizás, lo cierto sea que todos los pueblos del continente estemos regresando a Europa, que todos estemos tratando hoy de reencontrarnos en el marco de una Europa unida y solidaria, de una Europa cuya libertad y progreso no quedan circunscritos a parcelas restringidas de su geografía.

En este sentido, saludamos la candidatura checoslovaca al Consejo de Europa, instancia suprema legitimadora de los regímenes democráticos y respetuosos de los derechos humanos, cuyo Comité de Ministros preside en estos momentos España. Nada podría satisfacernos más que el Consejo de Europa llegue a acoger a vuestro país durante la presidencia española.

Señor Presidente, vuestra excelencia ha dicho que ya no queda tiempo libre para la sorpresa. No podemos hacer, por tanto, de la espera una actitud vital. Debemos ser capaces de construir ahora, sobre bases sólidas y duraderas, la Europa que las ambigüedades e indecisiones impidieron crear en 1918 y en 1945.

Hace pocas semanas, treinta y cuatro países hemos dado un paso fundamental en esta empresa. La Cumbre de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa ha culminado con la firma de un documento que establece las bases de una nueva Europa, en la que deberán desaparecer las intolerancias, los rencores y los particularismos insolidarios.

Resulta un signo esperanzador el que se haya decidido que la Secretaría de la nueva Conferencia se establezca en Praga, la bellísima capital de vuestro país.

Señor Presidente, un gran autor de la moderna literatura checoslovaca, Milan Kundera, ha dicho que habéis sabido hacer de vuestra vida «una desmitificación del lenguaje». Y vuestra excelencia ha criticado a aquellos poderes que, prisioneros de sus propios espejismos, han tenido que recurrir a la mitificación del pasado, del presente e incluso del futuro.

Por respeto a un pasado y a un presente tan ricos y tan prometedores como los de nuestros respectivos pueblos, construyamos un futuro de diálogo y de entendimiento y ayudemos a edificar un mundo basado en la creatividad, el entusiasmo y la esperanza.

Con la alegría del reencuentro, en el espíritu de amistad y de diálogo que nos une y con el afecto y la cordialidad que nos merece en España vuestra persona, os reitero, Señor Presidente, en nombre de la Reina y en el mío propio, nuestra bienvenida más calurosa y levanto mi copa por vuestra ventura personal y por la paz y la prosperidad de la República Federativa Checa y Eslovaca.

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