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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala en honor del Presidente de la Unión Soviética, Sr. Mijail Gorbachov

Palacio Real de Madrid, 26.10.1990

S

eñor Presidente, la Reina y yo, que conservamos recuerdos inolvidables de nuestra visita a la Unión Soviética, os damos la más cordial bienvenida en esta vuestra primera visita a España.

Una bienvenida que deseo sea un reflejo de los sentimientos de todo el pueblo español.

Me hago también intérprete de estos sentimientos, señor Presidente, al reiteraros nuestra más sincera felicitación por el Premio Nobel de la Paz con que acabáis de ser distinguido, y que representa el merecido reconocimiento internacional a la labor que habéis venido desarrollando en favor de esa noble causa que es el entendimiento entre las naciones.

Vuestra visita a España, como la que realizamos hace seis años a vuestro país, carece de precedentes. Se trata, en efecto, de la primera vez que recibimos en España a un Jefe de Estado de la Unión Soviética. Vuestra presencia entre nosotros adquiere, además, una particular relevancia al enmarcarse en un contexto de profundo desarrollo de unas relaciones bilaterales cada vez más amplias y sólidas.

Es de justicia, señor Presidente, comenzar destacando que habéis contribuido de manera decisiva, no sólo a la renovación de vuestro país sino también a promover un nuevo clima de diálogo y cooperación en las relaciones internacionales.

Desde el comienzo, España ha seguido con el máximo interés este proceso de reformas, en la esperanza de que la perestroika llegue a desplegar todas sus potencialidades, desarrollando la participación de los ciudadanos y creando las condiciones para una mejora de sus niveles de bienestar.

En el ámbito internacional, España ha venido apoyando todos los esfuerzos que permitan sustituir el enfrentamiento y la desconfianza por un sistema en el que imperen la cooperación, la confianza mutua, los grandes principios del derecho internacional y el respeto a los derechos humanos y a las libertades de todos los hombres.

Por ello, compartimos con la Unión Soviética el empeño por reforzar el papel fundamental que corresponde a las Naciones Unidas y a las organizaciones con vocación universal, así como la de aquellos otros foros de diálogo y cooperación, a los que hemos asignado la tarea de asentar, sobre bases sólidas y duraderas, el futuro de nuestro continente.

Una parte importante de este futuro se fundamenta en el éxito del proceso de la Conferencia de Cooperación y Seguridad Europea. La Cumbre que va a tener lugar el 19 de noviembre en París, debe ser un paso decisivo en la consolidación de una Europa en paz.

España desea también que el Mediterráneo, que representa una dimensión natural de Europa, quede vinculado a los procesos de estabilidad, cooperación y desarrollo socioeconómico que se están imponiendo hoy. De ahí nuestra iniciativa para poner en marcha en el Mediterráneo un marco de diálogo y cooperación, que haga avanzar en esta región los deseos de paz, progreso y libertad.

En estos tiempos en que está emergiendo un nuevo orden internacional, los acontecimiento del Golfo constituyen un elemento perturbador y motivo de máxima preocupación. Por ello, debemos seguir apoyando todos los esfuerzos de las Naciones Unidas en la búsqueda de una solución a este grave conflicto. Salvaguardar los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas es una responsabilidad histórica que no podemos eludir si queremos construir un futuro más esperanzador para la humanidad.

Señor Presidente, para Europa y para el mundo, 1992 representa una fecha histórica. Ese año, de especial significación para el proceso de construcción europea, coincide con el V Centenario del encuentro de España con América. Nos alegra especialmente la participación activa de la Unión Soviética en los actos que se están organizando para conmemorar este acontecimiento universal, símbolo de la unión entre mundos y culturas mutuamente enriquecedoras.

Para mi país, 1992 será sin duda un año de excepcional importancia. En Sevilla, Barcelona y Madrid, van a tener lugar acontecimientos extraordinarios, que contribuirán a la paz, al entendimiento y al mejor conocimiento entre todos los pueblos.

Estas ciudades pujantes y modernas, y las Comunidades Autónomas a las que pertenecen, son ejemplo de integración dentro de un Estado que, siendo de lo más antiguo del mundo, ha sabido encontrar fórmulas nuevas para preservar su unidad con el pleno respeto a su rica diversidad.

Señor Presidente, en esta era de comunicaciones instantáneas y contactos personales cada vez más frecuentes, debemos conseguir que los intercambios entre los ciudadanos de nuestros dos países se conviertan también en algo normal y cotidiano. Con ello contribuiremos a un más profundo conocimiento mutuo en todos nuestros ámbitos de actividad.

Tenemos que recuperar páginas excepcionales de nuestro pasado leídas, tal vez, un tanto someramente.

Viajeros españoles que visitaron la Rusia del siglo XVII, fascinados por la atracción del remoto país de las nieves, y que nos hablaron de las riquezas y prodigios de la Moscovia legendaria; músicos que compusieron lo mejor de su obra en vuestro país, en las últimas décadas de 1700; arquitectos e ingenieros, como aquel ilustre Agustín de Bethencourt, que dejó obras excelentes en Moscú y en otras ciudades rusas, a comienzos del siglo XIX. Hemos de reconocer que no conocemos tanto como se merece ese pasado cultural compartido.

Por otra parte, personas igualmente notables viajaron a España y dejaron aquí su huella: historiadores, artistas y hombres de acción, partidarios del acercamiento de dos países situados en los extremos de Europa. No es posible olvidar el atractivo y la influencia que ejerció nuestro país en músicos como Rimski Korsakov, Tchaikovsky y, quizás por encima de todo, Mijail Glinka, excelente ejemplo de viajero ruso, que se dejó tentar por el atractivo de la España remota y romántica, cuya música popular constituyó para él una fuente de inspiración.

Es preciso que conozcamos cada día mejor la realidad presente de uno y otro país, en campos tan importantes como los de la cultura, la tecnología y la ciencia. Sois un pueblo culto y con un innato sentido artístico, que, al igual que el español, ha dado y sigue dando artistas relevantes, poetas y literatos de alcance universal, así como científicos y técnicos del máximo nivel.

Ha existido siempre entre nuestros dos pueblos una corriente de simpatía y de afinidades que ahora es preciso incrementar. Hagamos que, cada día más, podamos trabajar juntos, para avanzar y progresar en el campo infinito del conocimiento humano. Centros de investigación y de cultura ya en funcionamiento, o cuya creación hemos acordado recientemente, deberán ser los mejores instrumentos para hacer posible esa realidad.

España, que cuenta con una economía dinámica en proceso de expansión hacia el exterior, está abierta a la cooperación con otros países y particularmente con el vuestro. Por ello, estamos dispuestos a promocionar el intercambio de empresarios y técnicos, en todos los sectores de la economía. Somos conscientes de las necesidades que surgen de unos procesos de transformación que reclaman conocimientos nuevos y métodos de gestión apropiados, en los que la experiencia recíproca puede resultar útil.

Los importantes acuerdos y declaraciones que se firmarán durante vuestra visita son la mejor prueba del deseo de ambas partes de seguir profundizando en el desarrollo de unas fructíferas relaciones de amistad y cooperación. Esta renovada relación, además de justificarse por el mutuo beneficio, constituye una demostración práctica de cómo fortalecer un nuevo clima de entendimiento y de diálogo, no sólo entre nuestros dos países, sino en el conjunto de Europa, de la que ambos formamos parte por geografía y por vocación.

Quisiera ahora, señor Presidente, levantar mi copa por vuestra ventura personal y por la de vuestra distinguida esposa, por el progreso y prosperidad del pueblo soviético, y por el prometedor futuro de las relaciones entre nuestros dos países.

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