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Palabras de Su Majestad el Rey en el almuerzo ofrecido al Presidente de Honduras, Sr. Rafael Leonardo Callejas

Palacio Real de Madrid, 19.09.1990

S

eñor Presidente, es para la Reina y para mí un honor recibir en España al primer mandatario de un país hermano como Honduras, que hemos tenido el privilegio de visitar en 1977 y donde pudimos admirar la síntesis armónica de la cultura indígena con la española.

De la primera, existe el ejemplo magnífico de las ruinas de Copán, uno de los principales monumentos que dejó la cultura maya y que refleja el extraordinario grado de desarrollo que alcanzó aquella civilización.

De la segunda, las decenas de iglesias construidas a lo largo y a lo ancho del territorio hondureño; lugares con nombres tan evocadores como la antigua Jerez de la Frontera y de mis Reales Tamarindos; o Trujillo, con su fortaleza de Santa Bárbara; o la ciudad bautizada por los conquistadores como Puerto Caballos que, por decisión de un predecesor suyo, señor Presidente, pasó a llamarse Puerto Cortés.

Producto de los dos mundos que se encontraron en 1492 son los próceres que forjaron la personalidad nacional hondureña y que los españoles consideramos también un poco nuestros, ya que nacieron y se formaron durante el período colonial.

Me refiero a Francisco Morazán, genio fulgurante que soñó una Centroamérica unida, y que por ella murió. Hoy, más de un siglo después, sus ideas no sólo siguen teniendo vigencia, sino que se han convertido en objetivo de toda la región, con el apoyo incondicional de la Comunidad Europea.

Pienso también en José Cecilio del Valle, hombre de cultura universal y uno de los creadores del proyecto de la gran patria iberoamericana.No quisiera, sin embargo, limitarme hoy a estas breves palabras dedicadas al pasado, por muy glorioso que haya sido, porque existe un presente por conquistar y un futuro por alcanzar.

No ignoro, señor Presidente, la difícil situación que atraviesa hoy vuestro país, a la que os habéis referido en estos días con una franqueza que os honra.

En efecto, iniciado ya felizmente un proceso de pacificación regional, se ha cerrado una etapa en la historia centroamericana, pero se inicia otra, no menos compleja.

Se trata ahora de ganar la batalla por el desarrollo, contra la pobreza, el hambre y las enfermedades. De borrar las secuelas de un lustro de inestabilidad, y de adaptar las estructuras nacionales a la nueva realidad que supone la disminución de la tensión regional.

Entre la opción fácil de prolongar artificialmente una situación insostenible y la mucho más delicada de afrontarla directamente, habéis elegido la segunda. Con ello, habéis dado muestras de vuestro profundo patriotismo y de vuestra firme voluntad de sentar unas bases sólidas, para que Honduras pueda caminar con paso firme hacia un futuro mejor. Honduras ha dado reiteradas muestras de su vocación de paz, en una región tan atribulada como es Centroamérica.

Me complace recordar aquí que el Cuartel General de ONUCA, cuyas fuerzas estaban, precisamente, al mando de un general español y que tan brillante contribución ha prestado a la pacificación de la región, se encontraba en Tegucigalpa.

Vuestro gobierno y vuestro pueblo están empeñados en la ardua tarea de profundizar la democracia en Honduras, cada día más consolidada, y de modernizar su sistema socioeconómico.

Sabed, señor Presidente, que desde España se sigue vuestra labor con toda atención. Desde hace años, nuestros dos países vienen desarrollando una fructífera cooperación, que ya se ha plasmado en realizaciones concretas, que conocéis personalmente y a las que habéis dedicado palabras de elogio, que sinceramente agradezco.

Por otro lado, desde su ingreso en la Comunidad Europea, España no ha escatimado esfuerzos en defensa de los legítimos intereses de los países iberoamericanos ante una organización que, por razones históricas, estaba orientada primordialmente hacia otras áreas geográficas.

España, consciente de su historia y de su presente, tiene la firme voluntad, no sólo de mantener, sino de reforzar esta cooperación con todos los países de Iberoamérica, y con Honduras de forma muy particular, tanto en el ámbito bilateral como en el comunitario.

Para ello, 1992 se nos presenta como una fecha doblemente simbólica, como objetivo a corto plazo, para realizar en los próximos años una serie de programas concretos, varios de los cuales tendrán vuestro país como escenario. Como punto de partida, también, de la relación de nuevo cuño que España está estableciendo con los países con los que comparte la lengua y la cultura.

Se trata de una relación menos retórica que la existente en el pasado, más pragmática, articulada esencialmente en torno al respeto mutuo y a una auténtica cooperación.

Creo sinceramente, señor Presidente, que para la comunidad iberoamericana se presentan horizontes alentadores más allá del momento difícil que muchos de sus miembros atraviesan en la actualidad. Sabéis que en esta búsqueda de un futuro mejor para vuestro pueblo podéis contar siempre con la invariable amistad de España y con toda su comprensión y apoyo.

Con este espíritu de cordialidad y de reencuentro, la Reina y yo os reiteramos nuestra bienvenida más cariñosa, e invito a todos los presentes a brindar por la ventura personal del Presidente de la República de Honduras y de la señora de Callejas y por la amistad hispano-hondureña.

Muchas gracias.

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