Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Actividades y Agenda
  • Escuchar contenido
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey a la comunidad académica en la Universidad de Valladolid

Valladolid, 10.07.1990

S

eñores Rectores, excelentísimas autoridades, señoras y señores, quiero que mis primeras palabras sean de reconocimiento por la cordial acogida que a Su Majestad la Reina y a mí se nos ha dispensado en esta solemne sesión académica. Y como expresión de este reconocimiento, deseo manifestar los motivos que justifican nuestra presencia entre ustedes.

El primero ya está implícito en la aceptación gustosa a la demanda de la Asociación Internacional de Rectores y Presidentes de Universidad de asumir la presidencia de honor de esta IX Conferencia Trienal. Recién comenzada en esta Universidad de Valladolid, proseguirá en las de Salamanca y León, para deliberar sobre: «El reto de la universidad ante la nueva centuria».

Esta decisión de estar hoy aquí no es una mera condescendencia, sino la identificación con el propósito fundamental de la Asociación: «promover la paz, el bienestar y la seguridad de la humanidad a través de la educación; propiciar la amistad, el entendimiento y la confraternidad entre los líderes de la educación superior; impulsar la investigación conjunta, mediante el intercambio cultural y académico como instrumento que ayudará a mantener la paz mundial, así como el progreso de las culturas del género humano.».

Todos estos fines, que rezan en el ideario de la Asociación, son, a no dudarlo, la cifra y síntesis de la actividad intelectual que encuentra en la universidad su mejor sede.

De ahí que la Corona tenga interés en proclamar su identidad con estos postulados.

Ante la entrega que me hacéis en este día de vuestra preciada condecoración, recibo no sólo este gran honor sino también el compromiso de trabajar en el futuro, como lo vengo haciendo, en pro de todos estos ideales.

El segundo motivo expresa la satisfacción de haberme incorporado, al otorgarme los títulos de Doctor honoris causa, a los claustros de cuatro prestigiosas universidades miembros de la Asociación. Cada una de estas instituciones superiores recuerda a la Corona vínculos que enlazan el pasado y el porvenir de nuestra nación.

Me llena de orgullo recordar que el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario de Bogotá tuvo su origen en el siglo XVII, bajo el patronato de los Reyes de España, y fue fundado por el dominico fray Cristóbal de Torres, oriundo de la ciudad de Burgos.

En vuestro escudo campea el propio de la Orden dominicana, salida del corazón del castellano Santo Domingo de Guzmán. Sus frailes predicadores llevaron a las tierras americanas la fe, nuestro idioma y nuestra cultura.

En el elogio de la Universidad de Kyoto habéis puesto de manifiesto las antiguas relaciones establecidas entre España y Asia. Desde 1562 Filipinas siente el aliento de España y en 1549 San Francisco Javier llega a Japón, iniciando una tarea que aporta nuestro espíritu. Un espíritu que tiene, entre otras manifestaciones, la traducción por primera vez, en 1887, de la inmortal obra de Cervantes, El Quijote. Pocos años después tiene efecto la iniciación del estudio de nuestra lengua en los centros oficiales, con extraordinaria pujanza en la actualidad.

Se honra también la memoria de nuestro país cuando la Universidad de Limerick evoca la petición hecha hace cuatrocientos años por el Rey Felipe II, para que los estudiantes irlandeses cursaran estudios en la Universidad de Salamanca.

Igualmente me enorgullece la apelación hecha por las autoridades académicas de la Universidad de Tufts, refiriéndose a mi persona como símbolo de la continuidad de una de las más grandes naciones de occidente y defensor de la nueva democracia.

Deseo, por ello, que estas rápidas y concisas menciones sean la mejor forma de agradecer el honroso título que estas cuatro universidades acaban de conferirme.

La vuelta de Su Majestad la Reina a la Universidad de Valladolid es otro motivo que nos llena de alegría. En este mismo paraninfo, y en el año 1986, Su Majestad la Reina recibió el título de Doctora honoris causa, en el curso de una solemne ceremonia que la Familia real recuerda con júbilo.

En aquella circunstancia, la Reina se expresó así: «Ante el inmerecido honor que hoy se me otorga, quisiera, de alguna manera, intentar corresponder a esta investidura, asociándome de verdad, en cuanto sea posible, a vuestros trabajos y a vuestras preocupaciones, como símbolo de esa tradicional vinculación que desde siglos tiene la Corona de España con la institución universal».

Con nuestra presencia reiteramos ese compromiso. Y ninguna ocasión mejor que ésta, cuando la Asociación Internacional de Rectores celebra en esta Universidad, y por primera vez en España, su IX Conferencia Trienal.

Muchas gracias.

Volver a Discursos
  • Escuchar contenido
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+