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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Polonia Wojciech Jaruzelski y al pueblo polaco

Varsovia, 03.10.1989

S

eñor Presidente, señora Jaruzelski, señoras y señores, en nombre de la Reina y en el mío propio, quiero agradecerle, señor Presidente, igual que a su esposa, a las autoridades y al pueblo polaco la cordial acogida que nos han dispensado, y quiero agradecerle también, muy especialmente, las amables palabras que acaba de pronunciar.

Soy muy consciente de que es ésta la primera vez en la historia que un Rey de España se desplaza a Polonia. Esta circunstancia reviste en mi caso una especial emotividad por ser descendiente directo de una Princesa real polaca, María Amalia de Sajonia, esposa de uno de mis más ilustres antepasados y predecesores, el Rey Carlos III.

Sin embargo, lo que tiene una especial trascendencia es que ésta es la primera vez que los Jefes de Estado de Polonia y de España se conocen personalmente y se hablan directamente.

Esta circunstancia constituye, pues, un hito en las relaciones entre nuestros dos países, sobre las que me parece oportuno hacer una breve reflexión.

España y Polonia han compartido, quizá de un modo especial en relación con otros pueblos de Europa, a lo largo de la historia y a pesar de la lejanía geográfica, un conjunto de creencias y tradiciones. La firmeza de nuestros dos pueblos en preservarlas y en defenderlas, en condiciones históricas y geográficas muchas veces desfavorables, han forjado dos naciones tenaces hasta el heroísmo en la lucha por la libertad, la independencia y, en general, por la defensa de la esencia cultural europea.

Hace catorce años, los españoles decidieron, por sí solos y sin intervenciones foráneas, construirse un nuevo hogar político nacional en el que, en plano de igualdad, tuvieran cabida todos ellos. Para lograrlo, se dieron una Constitución -la que nos rige- en la que España se constituía en un «Estado social y democrático de derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político». Esta complejísima tarea se llevó a cabo, además, sin alteraciones y sin traumas, se llevó a cabo en paz y mediante un diálogo sosegado, sincero y patriótico de todos los sectores de la sociedad española.

Los resultados, tanto en el campo de la política como de la economía, de ese cambio acaecido hace ya una década y media, son satisfactorios y conocidos internacionalmente. Es cierto que en 1975 la economía de España estaba ya vinculada a la mundial y obedecía a las leyes del mercado. Sin embargo, hubo que abordar una necesaria labor de reestructuración, en muchos casos traumática, de nuestro sistema de producción para hacerlo eficaz y competitivo. Por otra parte, en 1975, el mundo vivía una crisis económica que, en mayor o menor medida, afectaba a pobres y a ricos, a países con economías liberales y a Estados con economías planificadas. En tales circunstancias, fuimos conscientes de que dependíamos, para seguir adelante, casi exclusivamente de nuestro propio esfuerzo.

Señor Presidente, los españoles estamos siguiendo con respetuosa atención la evolución política que, durante vuestro mandato, está teniendo lugar en Polonia. Vimos con satisfacción, y el Gobierno español así lo dijo públicamente en su día, el inicio de las conversaciones entre las diferentes fuerzas políticas polacas en torno a una «mesa redonda», y aplaudimos los acuerdos firmados en dicho foro el 5 de abril pasado. Esa satisfacción y ese aplauso fueron compartidos por nuestros socios de la Comunidad Europea.

Seguimos, por tanto, con interés la aplicación de las reformas constitucionales y os felicitamos muy sinceramente por vuestra elección a la presidencia de la República, magistratura que deseamos vivamente ejerzáis con éxito para bien de Polonia y de todos los polacos.

Contemplamos con preocupación, y al mismo tiempo con esperanza los retos económicos que el primer gobierno de vuestra presidencia tiene que afrontar y superar. Las dificultades que en el campo de la economía se alzan a vuestro paso son muchas y muy complicadas. Sin embargo, la situación económica mundial es mejor ahora que en 1975.

La comunidad internacional, y concretamente la CEE, han mostrado ya su disposición a prestaros su cooperación. El pasado 19 de septiembre se ha firmado el primer Acuerdo entre la Comunidad Económica Europea y Polonia, Acuerdo cuya negociación se inició y, en buena parte, transcurrió durante la presidencia española de la Comunidad.

Al margen de esta colaboración económica multilateral con vuestro país, puedo aseguraros que, en un terreno bilateral, España permanece atenta a vuestros problemas y a vuestra lucha por alcanzar las cotas de bienestar que todos deseamos para vuestro pueblo.

Señor Presidente, estoy seguro de que los polacos sabrán salir triunfantes de estas dificultades. Españoles y polacos tienen muchas cosas en común. Comparten ambos pueblos un profundo sentido religioso, tienen un alto concepto de la libertad del individuo y de su honor y admiran y respetan el coraje personal. Creo que españoles y polacos comparten también -y ello es menos conocido- grandes dosis de sentido común que les permite avanzar por el camino del diálogo y llegar a la meta de los más honorables y patrióticos compromisos.

Es importante que vuestro país alcance pronto la estabilidad y el bienestar económico, pues Polonia tiene mucho que hacer en la construcción de la nueva Europa. Me parece que puedo decir, señor Presidente, que necesitamos vuestra activa participación en esta tarea colectiva.

Entre los pueblos europeos, que con su diversidad cultural enriquecen a nuestra común civilización, Polonia brilla con luz propia. Desde el fondo de la historia y bajo el faro espiritual de la colonia de Jasna Góra, una larga relación de santos, científicos, intelectuales, músicos, escritores, pintores y poetas, son los hitos del caminar del pueblo polaco por las sendas de la historia.

La voz libre de un pueblo con esa honrosa carga de civilización a sus espaldas es muy necesaria a sus vecinos, señor Presidente. A todos sus vecinos.

Ha llegado la hora en la que nuestro futuro debe ser decidido en amistoso y sincero diálogo por todos nosotros -grandes y pequeños, ricos y pobres- cualquiera que sea nuestra situación geográfica.

Sabemos que Polonia es un país comprometido con la paz. Un país de donde han partido varias propuestas para la reducción de armamentos, la última de las cuales lleva su nombre, y Polonia estuvo a la altura de esta tradición en la reunión de Viena de la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

El Acta de Helsinki nos mostró el camino hacia una nueva concepción de la vida europea en la que los lazos económicos y culturales, el libre movimiento de personas e ideas, las intercomunicaciones a la escala humana serán las más firmes garantías de la paz y del progreso. Sigamos, pues, decididamente ese camino.

Señor Presidente, en 1992 conmemoraremos el V Centenario del descubrimiento de América, acontecimiento que supuso el encuentro de dos mundos y el paso a la era moderna.

A España le cupo el honor de ser la adelantada en aquel continente de una cultura y de unas tradiciones forjadas en Europa. De ahí, nuestra doble vocación, europea e iberoamericana. De ahí también nuestra solidaridad con todos los pueblos de ambos lados del Atlántico.

Aquella empresa histórica no hubiera sido posible sin un previo proceso cultural, científico y religioso desarrollado durante siglos en toda Europa.

Por ello, esperamos con satisfacción vuestra presencia en la Exposición Universal de Sevilla, ocupando el lugar que por derecho propio os corresponde.

Igualmente, en 1992 España espera la siempre brillante presencia deportiva de Polonia en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Señor Presidente, señora Jaruzelska, señoras y señores, os invito a que levantemos la copa por Polonia y por su futuro, que deseamos sea esplendoroso.

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