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Palabras de Su Majestad el Rey al Sultán de Omán Qaboos Bin Said y al pueblo Omaní

Madrid, 07.06.1989

S

eñor, la Reina y yo tenemos el placer de dar la más cordial bienvenida a Vuestra Majestad en esta vuestra primera visita a España.

Nunca podremos olvidar la hospitalidad y el afecto con que Vuestra Majestad y el pueblo omaní nos acogieron durante la visita que realizamos al Sultanato de Omán en diciembre de 1985 y la forma, igualmente cordial, con que recibisteis apenas dos meses antes, a nuestro hijo, el Príncipe de Asturias.Conocíamos ya la fecunda historia de Omán, país de marinos y exploradores que por el mar abrieron caminos desde China hasta Zanzíbar, y cuyas flotas alcanzaron las costas de Persia, la India y Africa.

A su vez, en el curso de nuestra visita, pudimos comprobar el gran avance que ha conocido vuestro país en las últimas décadas, debido al decisivo impulso de Vuestra Majestad, animado por una constante preocupación por el logro de un mayor desarrollo económico y bienestar social, que os han hecho conducir a Omán por el camino de la modernización y del progreso, sin quebrar por ello los valores tradicionales de vuestro pueblo.

Las relaciones de buena amistad y cooperación con el mundo árabe constituyen para España no sólo una tradición sino un principio de singular importancia en su política exterior. Desde la presidencia de la Comunidad Europea, que en este semestre ejerce mi país por primera vez, España impulsa con todo interés la reactivación del Diálogo Euro-Arabe y se esfuerza por promover la celebración de una Conferencia Internacional de Paz para Oriente Medio como foro más adecuado para las necesarias conversaciones entre las partes implicadas.

Al actuar así, España mantiene su invariable política de defender la necesidad de que el doloroso conflicto de Oriente Medio se salde de forma negociada para dar paso a una paz justa y duradera, en la cual se tomen en consideración la seguridad de todos los Estados de la región y las aspiraciones del pueblo palestino, entre ellas la de decidir su propio destino mediante el ejercicio del derecho a la autodeterminación.

La moderación de que ha hecho gala la Organización para la Liberación de Palestina en los últimos meses, debería verse correspondida por una actitud similar por parte de Israel, con propuestas realistas y constructivas que faciliten el avance del proceso de paz. Mientras tanto, es imperativo el respeto a los derechos humanos y la aplicación de las normas internacionales en los territorios ocupados, donde asistimos con honda preocupación a la larga lista de víctimas que sacuden la conciencia universal.

En otro ámbito, hemos acogido con gran satisfacción el alto el fuego entre Irán e Irak y seguimos con todo interés las gestiones que realiza el Secretario General de las Naciones Unidas para aproximar a las partes, así como los esfuerzos de Vuestra Majestad por promover fórmulas de acción común y de cooperación entre los países ribereños del Golfo.

En el Líbano, destrozado por enfrentamientos que duran ya catorce años, y que han causado grandes sufrimientos a los que no es ajena España, confiamos en que la labor emprendida por la Liga Arabe tenga éxito y sea posible un cese de los combates en paz, al margen de elementos extranjeros y en el marco del respeto a la unidad, integridad territorial, soberanía e independencia nacional.

Como miembro de la Comunidad Europea, España es parte en el Acuerdo de Cooperación firmado en 1988 entre la Comunidad y el Consejo de Cooperación del Golfo y participa en los contactos que puedan llevar en un futuro a la conclusión de un acuerdo comercial entre ambas organizaciones y, por tanto, entre nuestros dos países.

El Consejo de Cooperación del Golfo, a cuyo Secretario General recibimos en Madrid hace unos meses, ha contribuido a que la región que abarca disfrute hoy una gran estabilidad y progreso. Por ello, cuando se acerca la culminación del proceso que en 1992 llevará a una mayor integración de los países miembros de la Comunidad Europea, estamos convencidos de que la intensificación de los contactos entre Consejo y Comunidad serán claramente beneficiosos para ambas partes.

Señor, la experiencia española en campos como la pesca o la agricultura, a veces en condiciones muy similares a las de vuestro país, pueden ser útiles para el proceso de desarrollo que estáis acometiendo.Además, España es hoy un país con tecnología propia en diversos sectores económicos, habiendo sabido nuestras empresas labrarse una sólida reputación internacional. En este sentido, debemos esforzarnos por incrementar las relaciones económicas entre ambos países.

En la actualidad, hay empresas españolas que participan en el desarrollo de Omán y las relaciones comerciales comienzan a desenvolverse satisfactoriamente, aunque estén aún muy alejadas de lo que el potencial de ambos países permite y aconseja.

Sabemos la importancia que el pueblo omaní concede a la educación, empeño que ha llevado a un reconocimiento público de su preparación profesional. España se enorgullece de que muchos estudiantes árabes hayan elegido nuestras universidades para su formación. Desearíamos recibir también estudiantes omaníes para que, junto con los conocimientos adquiridos, lleven de regreso a Omán la semilla de un mejor entendimiento entre los dos pueblos. El proyecto de la futura universidad euro-árabe, en que estamos trabajando, abrirá también un campo prometedor en este ámbito.

Finalmente, no quiero dejar de subrayar la satisfacción con que hemos acogido el anuncio de la participación del Sultanato de Omán en la Exposición Universal de Sevilla de 1992, que ofrecerá una magnífica ocasión para un mejor conocimiento mutuo entre nuestros pueblos.

Señor, de nuevo, en nombre de la Reina y en el mío propio, os doy nuestra más cordial bienvenida a España, que hago extensiva a todos los miembros de vuestra delegación.

Permitidme que levante mi copa por la amistad y cooperación entre nuestras naciones, por la prosperidad del pueblo omaní y por la ventura personal de Vuestra Majestad.

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