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Palabras de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomático

Madrid, 11.01.1989

S

eñores Embajadores, con gran satisfacción, la Reina y yo nos reunimos nuevamente con Vuestras Excelencias en esta recepción y os deseamos cordialmente todo lo mejor para este nuevo año 1989.Este año comienza para España con la asunción de la presidencia del Consejo de la Comunidad Europea, lo que va a suponer una responsabilidad y un esfuerzo que abordamos con esperanza, procurando aportar elementos positivos en la tarea de la construcción de Europa.

Este cometido debe apoyarse en el dinamismo que ha caracterizado a sus países miembros, enmarcado en una visión a largo plazo superadora de los obstáculos que se van encontrando en el camino. Para ello, es precisa la voluntad política que permita seguir avanzando en la vía de la integración. La Europa que buscamos debe permanecer abierta y contribuir con su acción al bienestar y estabilidad del mundo en que nos ha tocado vivir.

Señores Embajadores, el año 1988, que acaba de terminar, puede ser considerado como un período esperanzador para la causa de la paz, la concordia y el entendimiento en la comunidad internacional. En estos últimos doce meses, hemos asistido a una disminución de los conflictos en el mundo.

El cese de las hostilidades entre Irán e Irak supone un primer paso que debe ser seguido por otros y conducir a una paz urgente y necesaria para toda la zona.

Las recientes firmas del Protocolo de Brazzaville y de los Acuerdos de Nueva York, que favorecen la disminución de la tensión en Africa austral y sientan las bases para la independencia de Namibia, han sido seguidas con especial interés por mi país. En este sentido, España ha comprometido ya su disponibilidad a contribuir, en la medida de sus posibilidades, al proceso de pacificación de la zona.Numerosos signos justifican la esperanza de que el pueblo afgano pueda recuperar el control de su destino. Esperamos que la aplicación de los Acuerdos de Ginebra y la celebración de conversaciones entre todas las partes interesadas permitan la constitución de un gobierno plenamente representativo.

Son, asimismo, alentadoras las manifestaciones de distensión en la península de Indochina, donde el conflicto de Kampuchea parece evolucionar en un sentido positivo.

España valora muy favorablemente los nuevos desarrollos acaecidos en Oriente Medio y en especial las importantes posiciones adoptadas por los representantes del pueblo palestino y la iniciación del diálogo entre Estados Unidos y la Organización para la Liberación de Palestina. Mi país siempre apoyará aquellas decisiones que, en un marco de diálogo y negociación, permitan avanzar significativamente en la construcción de la paz y pongan fin al sufrimiento de los pueblos de la región.

En el norte de Africa asistimos a un proceso de integración cuyo desarrollo podrá facilitar la solución de los problemas y conflictos que padecen los pueblos del Magreb, pueblos con los que España mantiene lazos históricos de amistad. En particular, España ve con satisfacción cómo un conflicto de larga duración como el del Sahara está entrando en vías de solución, permitiendo abrir perspectivas sólidas de paz.

Esperamos fervientemente que esta atmósfera de entendimiento y cooperación alcance también a Centroamérica, donde los avances registrados con los Acuerdos de Esquipulas aguardan aún una confirmación definitiva.

Vive, pues, el mundo un momento esperanzador en el que la cooperación y el diálogo van camino de primar sobre la violencia y el enfrentamiento. En esta dinámica de paz, destaca especialmente el papel desempeñado por las Naciones Unidas como foro de encuentro y también como mecanismo para la puesta en práctica de soluciones acordadas a los conflictos.

Un buen exponente de este espíritu lo constituye el nuevo clima en las relaciones entre la Unión Soviética y los Estados Unidos, entre el este y el oeste, en un proceso por el que no podemos dejar de congratularnos y que esperamos sea cada vez más profundo y fructífero.

Quiero mencionar, finalmente, el esfuerzo que España está realizando, para estrechar y renovar los lazos fraternales que nos unen con los países de Iberoamérica. En este sentido, la intensa labor que se está llevando a cabo con vistas a la conmemoración del V Centenario del descubrimiento de América, Encuentro entre Dos Mundos, constituye una manifestación tangible de la profundidad y continuidad de nuestro vínculo con el continente americano.

Señores Embajadores, agradecemos vivamente las cordiales palabras que nos ha dirigido el nuncio de Su Santidad, en su calidad de Decano del Cuerpo Diplomático, y la Reina y yo reiteramos a Vuestras Excelencias, a vuestras familias y a todo el personal de vuestras misiones nuestra felicitación en el comienzo del año nuevo.

Agradecemos también vuestra presencia aquí y vuestro cariño y dedicación a España. Os rogamos transmitáis a vuestros pueblos y a vuestros Jefes de Estado nuestros mejores deseos de paz y de prosperidad.

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