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Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración de la sede de la Fundación Carlos de Amberes-San Andrés de los Flamencos

Madrid, 25.11.1992

C

on la presencia, tan significativa como grata de los Reyes de los belgas, nos reunimos hoy para actualizar una realidad que nos une como expresión de nuestra historia común en el ámbito del acontecer europeo.

Desde hace casi veinte años sigo con interés los trabajos de la Junta de la Real Diputación de San Andrés de los Flamencos, de la que me honro en ser patrono, como lo fueron mis precedesores desde Felipe III.

Por eso vi con agrado el propósito, que me expusisteis en 1973, de reactivar la Fundación de Carlos de Amberes establecida en Madrid en 1594, y aprobé gustoso en 1987 la actualización de nuestros estatutos para transformar su carácter asistencial en cultural.

Fruto de esta decisión vuestra fue la exposición que en esta misma sede, y coincidiendo con el Consejo Europeo celebrado en Madrid, inauguraron en 1989 los primeros ministros de Bélgica y de los Países Bajos.

Como tuve ocasión de deciros entonces, la trayectoria de la Fundación quedaba refrendada por vuestro proyecto de convertirse en un centro de actividades dedicado a la difusión e intercambio de diversas expresiones e iniciativas culturales, integrantes de una misma entidad europea.

Vuestro empeño en favorecer una comprensión inteligente de nuestro pasado común es también el camino más adecuado para impulsar un mejor y más profundo entendimiento entre pueblos que han optado por un proyecto histórico y positivo enmarcado en la unión europea.

Hoy culmináis la rehabilitación y ampliación de vuestra sede, que iniciasteis en mayo de 1991, y habéis llevado a cabo sin descuidar actividades tan señaladas como el programa Stradivarius, cuya presidencia ostentamos la Reina y yo.

Al recordar el celo con que la Fundación supo atender sus fines y suscitar el interés de distinguidos benefactores, de que es muestra relevante el «Martirio de San Andrés», pintado por Rubens para la primera iglesia del Hospital de los Flamencos, quiero destacar la ayuda e interés que la Embajada del Reino de Bélgica, la imprenta Plantin Moretus, y oficiales de las Compañías de Guardias de Corps flamencas y del Regimiento de los Reales Guardias Walones han prestado a este acontecimiento.

Concluyo asegurando a la Junta que cuenta con el estímulo de su patrono para llevar a cabo los ambiciosos programas que se ha trazado.

Muchas gracias.

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