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Palabras de Su Majestad el Rey a la Knesset

Israel(Jerusalén), 09.11.1993

S

eñor Presidente del Estado de Israel, señor Presidente de la Knesset, señor Primer Ministro, señoras y señores diputados, señoras y señores, en esta ocasión en que realizamos nuestra primera visita de estado a Israel, no podía dejar de aceptar la invitación de la Knesset y dirigirme a vuestra asamblea parlamentaria y a sus miembros, como representantes legítimos de la soberanía popular del Estado de Israel.

España ha mantenido una histórica y especial vinculación con el pueblo de Israel. Sabemos de la existencia en nuestra tierra de comunidades judías durante el Imperio romano que permanecieron durante el reino visigodo. Convertida la Península Ibérica en el centro más dinámico de la diáspora, los judíos españoles emprendieron la importante tarea de revitalizar la lengua hebrea, hasta entonces relegada al uso litúrgico.

El hebreo dejó de ser allí lengua muerta para convertirse en vehículo expresivo de sabios, viajeros y literatos como Yehudá Haleví, Mosé Abén Esrá, Maimónides y Benjamín de Tudela.Esa riqueza ha permitido hablar de una edad de oro del judaísmo en España. España está también presente en vuestra lengua en la expresión que hace referencia a cosas bellas y difíciles de alcanzar, Jalomot beAspania.

Junto a esta emoción del reencuentro con los elementos de la cultura de Sefarad, quisiera a su vez expresar mi reconocimiento al histórico papel desempeñado por esta Asamblea. Su constitución, tras las elecciones de 1949, fue el ejemplo esencial de la voluntad democrática de los padres de Israel y de su pueblo.

Desde entonces, sin interrupción alguna a pesar de las dificultades internas y regionales, la vida política del Estado de Israel ha estado definida siempre por el respeto y la defensa de los valores democráticos y del pluralismo de una sociedad libre en la que conviven diferentes actitudes y proyectos políticos.

En la Knesset se encuentran representadas no sólo las diversas tendencias políticas de vuestra población, sino también las distintas comunidades que componen la sociedad israelí. Israelíes de religión judía, israelíes de confesión drusa y ciudadanos israelíes de origen árabe, tienen su representación en estos escaños.

La Knesset es conocida en el mundo entero por su actividad y la viveza de sus debates. Esta vitalidad es representativa del estado de ánimo de un pueblo que no se conforma con lo alcanzado hasta ahora, sino que quiere seguir progresando hacia nuevas metas.Señor Presidente, señoras y señores diputados, España e Israel comparten la fe en la democracia y en su piedra angular, la institución parlamentaria. La Knesset ha mantenido una relación fluida con las Cortes españolas, desde antes incluso del establecimiento de relaciones entre nuestros dos países en enero de 1986.

El 31 de marzo de 1992, el Presidente del Estado de Israel, Chaim Herzog, quiso incluir nuestro Congreso en el curso de su visita oficial y pronunció allí un importante discurso.Hago votos para que los contactos entre los dos Parlamentos continúen y se amplíen en la presente coyuntura de expansión de las relaciones bilaterales hispano-israelíes.

En el momento político que atraviesa esta región, el ejemplo del parlamento de Israel demuestra que la democracia no está reñida con la estabilidad y el mantenimiento de la paz y la seguridad.

Es necesario valor y decisión para aplicar y defender el Estado de derecho y respetar las minorías y los derechos humanos de todos sus ciudadanos.

Señor Presidente, son múltiples los retos que Israel y España deben afrontar en un mundo en continuo cambio.

La caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética fueron acontecimientos que vinieron a conmover profundamente el viejo orden político internacional.

La comunidad internacional ya no se rige por el enfrentamiento ideológico este-oeste y los diferentes países pueden ahora abordar con plena libertad de acción sus verdaderos desafíos sin la necesidad de que éstos se resuelvan mediante su reenvío a instancias bipolares.

Hoy día otros objetivos parecen más acuciantes: la victoria de la democracia, el respeto de los derechos humanos, el establecimiento del Estado de derecho, la erradicación de toda forma de racismo y xenofobia, el desarrollo económico, la protección internacional del medio ambiente y de los recursos naturales. Todos ellos constituyen la condición necesaria para consolidar un sistema de paz y seguridad en cualquier región del mundo.

Será difícil instaurar un régimen protector de la dignidad de la persona, promotor de un sistema económico moderno si no existe una paz previa que garantice la convivencia entre los hombres y mujeres de este ámbito. Una realidad diferente empieza a emerger en Oriente Medio.

Señor Presidente, otras murallas empiezan también a tambalearse en esta región. La bíblica ciudad de Jericó y la franja de Gaza empiezan a escuchar con esperanzas las trompetas de la paz. Los viejos esquemas no son válidos para tratar de comprender la nueva dinámica de cambio, que parece instalarse en esta zona.

Hace ahora dos años, mi país tuvo el honor de organizar la Conferencia de Paz sobre Oriente Medio. En Madrid se dio un paso decisivo y revolucionario. Por primera vez se abandonó la dinámica de confrontación y se realizó una apuesta en favor de la negociación como vía para resolver los problemas del pasado.

En el Palacio Real se produjo un cambio cualitativo y trascendental, que nos permite hoy a todos hablar de un antes y un después de Madrid en la historia de Oriente Medio. Con altibajos, el proceso ha seguido su curso y producido importantes avances.

Hace unas semanas, todos volvimos a ser testigos de otros acontecimientos decisivos para el devenir de los pueblos y los Estados de Oriente Medio: la firma de la Declaración de Principios entre Israel y la OLP y el intercambio de documentos. En ellos, la Organización para la Liberación de Palestina reconoce el derecho de Israel a su existencia y renuncia a la utilización de métodos que no sean la negociación y el diálogo para la solución del conflicto. Israel, por su parte, reconoce a la OLP la condición de representante del pueblo palestino.

A ustedes como representantes del pueblo israelí les ha correspondido también en esta ocasión hacer historia y no ser meramente testigos de ella.

Después de un debate, en el que expresaron abiertamente sus diferencias de opiniones por cauces democráticos y parlamentarios, su aprobación de la Declaración de Principios, firmada en Washington, supuso una decisiva contribución a un nuevo horizonte de paz y cooperación, abierto a todos los pueblos de la región.

La Conferencia de Madrid y la firma de Washington, constituyen pues los dos acontecimientos más relevantes en favor de la paz en Oriente Medio. Ambos están imbuidos de esperanza, pero ninguno está exento de las graves tensiones del presente.

Señor Presidente, señoras y señores diputados, España siempre ha abogado por la búsqueda de una solución definitiva, que respete los derechos legítimos de todos y de cada uno de los pueblos de la región.

La paz sólo será definitiva si alcanza a todos los países de la zona. El establecimiento de una agenda de negociación con Jordania es un signo esperanzador que ojalá se vea acompañado por pasos similares en las negociaciones con Siria y Líbano.

El camino que queda por recorrer es largo. En todo caso, conviene tener en cuenta dos premisas.La primera, el derecho de todos los Estados a la existencia, dentro de fronteras seguras y reconocidas internacionalmente. La segunda, garantizar a todos los pueblos de la región el pleno ejercicio de sus derechos y libertades fundamentales, incluido el derecho a la libre autodeterminación de pueblo palestino. Compromiso territorial y seguridad, principios básicos de las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad, siguen siendo el marco de una solución permanente del conflicto.

Sólo ese resultado sentará las bases para la prosperidad de esta región, una vez establecido el necesario clima que permita la cooperación para el uso de sus recursos, en especial la tierra y el agua, en beneficio de todos sus habitantes.

Para alcanzar con rapidez y garantías este resultado, es necesario establecer unas medidas de confianza que tomen como guía el respeto de los derechos humanos y evitar acciones que provoquen el comportamiento violento de los sectores radicales. Así se podrá ir creando una atmósfera de tolerancia y diálogo indispensable para afrontar pacíficamente el futuro. Como dijo una voz de vuestro pueblo, Jasak Veemáz, sed valientes.

España, que históricamente se encuentra ligada por profundos lazos de sangre, cultura y civilización con judíos y árabes, apoya decididamente el proceso de paz y desea fervientemente que reine para Israel y para todos sus vecinos un futuro de convivencia y libertad.

En la medida de sus posibilidades, mi país aportará su contribución al esfuerzo coordinado de la comunidad internacional.

La tradición de libertades políticas, culturales y religiosas que adornan al Estado de Israel y la democracia pluralista que encarna la Knesset pueden servir de faro orientador a esta región en su andadura hacia un futuro de paz, cooperación y prosperidad para todos sus pueblos.

Me consta que el pueblo israelí sabe que ha llegado el momento de la generosidad, que es preciso tener visión de futuro y que es necesario sustituir la desconfianza mutua por la buena voluntad. El respeto del otro sólo podrá triunfar si se erradican de esta región la incomunicación, la violencia, la discriminación y el conflicto.

El precio de la paz es siempre mucho menor que el de la guerra. En ese camino, cuentan ustedes con la comprensión y la ayuda de la comunidad internacional y desde luego con el decidido apoyo de España.

Señor Presidente, este nuestro primer viaje a Israel tiene una profunda significación en el contexto de las relaciones existentes entre nuestros dos países.

La historia de nuestros dos pueblos ha atravesado por épocas brillantes, por períodos de claroscuro, y por momentos de incomprensión y de total distanciamiento. Sin embargo, es necesario contemplar el futuro con el optimismo y con la esperanza que nos brindan las experiencias de estos últimos tiempos.

Hemos avanzado considerablemente en nuestro objetivo común de consolidar un profundo y tupido entramado de intereses, de contactos y de cooperación en todos los sectores.

Sé que la Knesset no es ajena a este espíritu que nos anima a todos y que en su seno existe una Liga Parlamentaria de Amistad Israel-España, integrada por miembros de diferentes partidos políticos. Ello es señal evidente de que por encima de las tendencias ideológicas, se impone una voluntad común de avanzar en nuestro conocimiento mutuo y de crear una vía de diálogo permanente.

Señor Presidente, España e Israel tienen ante sí un futuro fecundo de nueva cooperación, pero también tienen la obligación de contribuir a que el mar del que ocupamos las riberas más alejadas, recupere su ancestral papel de crisol de culturas y de civilizaciones, de pacífico espacio de convivencia.

Ser mediterráneo implica un especial bagaje para aprender las lecciones del pasado en lo que significan de evitar errores y generar coexistencia y paz, un particular talante para zambullirse en una realidad cambiante que nos hace día a día más interdependientes.

La vocación mediterránea de España se traduce ahora en un acentuado interés de mi país por la estabilidad y el desarrollo social y económico de la región en un marco de seguridad y cooperación, progreso y libertad. Este mar debe recuperar su pasada pujanza como cruce de culturas, sentido del equilibrio y espíritu de tolerancia y convivencia.

Que la paz os acompañe.

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