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Palabras de Su Majestad el Rey a los miembros de la Agrupación Canarias al regresar de Bosnia

Málaga, 01.10.1993

Q

uiero que mis primeras palabras sean para daros la bienvenida a España tras haber desempeñado con éxito una misión dura, que se ha desarrollado en un ambiente extraordinariamente difícil.        En efecto, durante la estancia de la Agrupación Canarias en Bosnia-Herzegovina, la guerra ha llegado a su paroxismo, con los antiguos aliados enfrentados entre sí y con un incremento de la crudeza de los combates que se ha traducido, lamentablemente, en un aumento de los sufrimientos de la población civil.

En medio de esta situación confusa, en continuo cambio, habéis conservado en todo momento la sangre fría, observando una estricta neutralidad, sin tomar partido por ninguno de los bandos y ayudando -a veces más allá de la medida de vuestras fuerzas- a las víctimas del conflicto, con independencia de su origen o de su religión.

En el año que prácticamente ha transcurrido desde que desembarcó en Split el primer casco azul español, hombres y mujeres de muy distintas unidades de nuestro Ejército han llevado a aquellas tierras un poco de esperanza en una guerra para muchos inexplicable, con una dedicación ejemplar que os honra y que ha hecho que todos los españoles se sientan orgullosos de vosotros.

Vuestra presencia en la antigua Yugoslavia ha respondido a un objetivo muy concreto, colaborar en los esfuerzos de Naciones Unidas para poner fin a la guerra que asola esa región de Europa.

Como contingente de Naciones Unidas habéis sabido manteneros por encima de las banderías y de los criterios, en gran parte falaces, que han convertido en enemigos a quienes hasta hace poco eran vecinos que convivían pacíficamente.

Habéis intentado estar siempre donde había más víctimas inocentes, dando testimonio y ejemplo frente a quienes las originaban.

Desgraciadamente, habéis pagado por el estrecho cumplimiento de vuestro deber el precio más alto: la pérdida de diez de vuestros compañeros. Nada puede mitigar el dolor de sus familias ante estas muertes, pero quiero que sepan que todos los españoles compartimos su pena y nos inclinamos ante unas vidas sacrificadas en un acto de servicio tan generoso como es ayudar al que sufre, socorrer al herido o alimentar al necesitado.

La Agrupación Canarias, al igual que la Málaga, ha hecho esto y mucho más, manteniendo sus posiciones a pesar de los bombardeos, escoltando convoyes bajo el fuego, mediando entre las partes a la búsqueda de la paz que todos deseamos para la antigua Yugoslavia.

Gracias a sus esfuerzos, la ruta del Neretva, la que es ya la ruta española puede continuar abierta en puertas del invierno, cuando la ayuda a la población civil será absolutamente esencial para mantener con vida a decenas de miles de personas. Esta es la herencia que a costa de tantos sacrificios habéis dejado a vuestros compañeros de la Agrupación Madrid.

Estoy seguro de que ellos sabrán cumplir tan bien su misión como vosotros y vuestros antecesores. Desde aquí les envío un entrañable saludo y mis mejores deseos de éxito, que quiero hacer extensivo también a las Fuerzas de la Armada y del Ejército del Aire que en una labor tan eficaz como callada han hecho posible vuestro trabajo.

Esperamos que las negociaciones diplomáticas que sobre este conflicto se están desarrollando obtengan el resultado que todos anhelamos y que la paz vuelva a reinar sobre todo nuestro continente. Este es mi más firme deseo y constituiría la justificación última de vuestros esfuerzos.

Gracias en nombre de España y bienvenidos de nuevo a casa.

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