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Palabras de Su Majestad el Rey al Papa Juan Pablo II con motivo de la Conmemoración del V Centenario de la Evangelización de América

Sevilla, 12.06.1993

S

antidad, permitidme expresaros la satisfacción y el honor que sentimos al recibiros hoy, por cuarta vez, en España.

El emocionado recuerdo de vuestros anteriores viajes apostólicos a nuestro país, se reavivará sin duda estos días.

Esta visita, que iniciáis en Sevilla y continuaréis por tierras de Huelva para culminarla en Madrid, se produce en circunstancias especialmente significativas, como son las que se enmarcan en las conmemoraciones del V Centenario de la evangelización de América, que tuvo su punto de partida con los misioneros españoles que acompañaron a Cristóbal Colón, en su segundo viaje a aquel continente.

Vuestra Santidad ha tenido particular empeño en realizar este viaje, secundando la iniciativa del señor Arzobispo de Sevilla y de todos los prelados españoles para que la capital hispalense, tan vinculada históricamente a la gesta del descubrimiento, fuera la sede del XLV Congreso Eucarístico Internacional, que Vuestra Santidad clausurará mañana.Nos complace, pues, Santidad, daros la más cordial bienvenida, en nuestro nombre y en el del Gobierno y el pueblo español.

Cuando, el 19 de agosto de 1989, la Reina y yo os recibíamos en Santiago de Compostela, al evocar el entonces ya próximo V Centenario del descubrimiento y colonización de América, Os manifestaba que esperábamos con ilusión que Vuestra Santidad nos acompañara en esa importante conmemoración.

Acogiendo amablemente aquella invitación, en alguna manera habéis querido ahora asociaros personalmente a tal evento, viniendo nuevamente a España, en este año en que la Iglesia Católica celebra la llegada del evangelio al nuevo continente.

Apreciamos, Santidad, ese gesto con viva gratitud. Porque, en definitiva, late en él, el reconocimiento de la ingente labor de tantos misioneros españoles que, desde 1492, han desarrollado sus tareas evangelizadoras en tierras americanas.

Los sevillanos y los onubeneses, en nombre de esta noble región de Andalucía, como los habitantes de Madrid, encrucijada de los caminos de una España que se enriquece con la diversidad de sus pueblos, están deseosos de recibir a Vuestra Santidad, portador de un mensaje de paz universal y esperanza, que habéis llevado infatigablemente por todos los itinerarios del mundo.

Una paz, Santidad, de la que todos seguimos estamos necesitados. Porque si es verdad que, en los últimos años, han caído muchos muros de incomprensión y de egoísmo, no es menos cierto que viejos rescoldos de insolidaridad continúan avivando la llama de las desavenencias y las luchas fratricidas en muchas partes del mundo, e incluso, con especial crueldad, en los confines europeos.

Esto ocurre, sin embargo, precisamente en momentos como los actuales en los que nos esforzamos por reconstruir la unidad de este viejo continente, en la libertad, la justicia y el respeto de los derechos humanos. Ya evocasteis en 1989 ante la Santina de Covadonga ese proyecto de una Europa renacida, al igual que con anterioridad lo habíais encomendado en Compostela ante el patrono de España. En este Año Jacobeo que estamos celebrando, confiamos que el Señor Santiago acoja y haga fructificar esos incansables afanes.

Por todo ello, vemos con aliento y respaldamos vuestros nobles esfuerzos y reiterados llamamientos, como el formulado en Asís, para el logro de una pacífica convivencia entre los pueblos, con el diálogo y la solidaridad como únicos caminos que conduzcan a la superación de los conflictos que padece la humanidad.

Apreciamos en todo su valor las reiteradas condenas que habéis hecho de la violencia y sus secuelas que, como el terrorismo, todavía azotan peligrosamente a tantas sociedades.En nuestra esfera, los españoles, desde los principios esenciales que hemos asumido con nuestra Constitución, procuramos, Santidad, contribuir a ese espíritu de diálogo y armonía en el marco de un Estado de derecho, pluralista y democrático, que deseamos continúe siendo el cauce de nuestros futuros destinos.

Durante vuestra estancia en España os acompañará el fervor de tantos sevillanos a su Virgen de los Reyes, el alma rociera con el que desde las marismas de Huelva se canta a la Blanca Paloma, o el arraigado afecto de los madrileños a la Virgen de la Almudena. Estoy seguro de que también percibiréis ese espíritu que, por la fe o la solidaridad, nos une a los desvelos del Santo Padre por el logro de una fraterna convivencia entre los hombres de buena voluntad.

En nombre de todos los españoles, la Reina y yo os reiteramos nuestra más calurosa bienvenida, haciendo votos para que tengáis una muy feliz estancia en esta España que os abre de par en par sus puertas y os agradece vuestra nueva visita.

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