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Palabras de Su Majestad el Rey a la Asamblea Nacional de Bulgaria

Bulgaria(Sofía), 25.05.1993

S

eñor Presidente de la República, señor Presidente de la Asamblea Nacional, señoras y señores diputados, constituye para la Reina y para mí un gran honor y una especial satisfacción encontrarnos en la Asamblea Nacional de Bulgaria, sede y símbolo de la soberanía nacional. Agradezco muy sinceramente la oportunidad que se me ofrece de dirigirme al pueblo búlgaro, a través de sus legítimos representantes.

Al contemplar este parlamento, resultado de las elecciones libres y pluralistas celebradas hace más de un año, no puedo menos que pensar en sus lejanos predecesores de 1879, reunidos en la histórica ciudad de Veliko Tarnovo. Ellos supieron dar al nuevo Estado que renacía una Constitución, considerada como una de las más avanzadas y liberales de su época, que consagraba el principio de sufragio universal y confiaba el poder ejecutivo a la Asamblea Nacional.

El fin de la guerra fría y de la confrontación militar e ideológica abrió, hace pocos años, un horizonte esperanzador a la humanidad, en el que todas las previsiones optimistas parecían alcanzables.

Muchas expectativas se han realizado. La principal de ellas ha sido, sin duda, la recuperación de la independencia real y de la libertad por parte de numerosos países europeos. Entre ellos destaca Bulgaria por la manera rápida, pacífica y ordenada con que ha sabido dotarse de un sistema democrático parlamentario y está concluyendo las etapas de transformación de su sistema económico.

La desaparición de los bloques y el alejamiento del peligro de confrontación nuclear han mejorado las perspectivas globales de paz pero han reavivado actitudes y conductas que creíamos ya desterradas de nuestro suelo: intolerancia, localismos disgregadores, revanchismos, violencia, desprecio por los derechos humanos y los compromisos internacionales.

Ahora más que nunca, tenemos la obligación de profundizar la ingente labor integradora realizada durante los últimos cuarenta años en el marco de las diferentes instituciones europeas, y de defender los principios que las inspiran: la tolerancia y el respeto de los derechos fundamentales de la persona.

España confía en el alto sentido de responsabilidad de los dirigentes democráticos de Bulgaria, cuya actitud constructiva y moderada ha hecho de este país un factor de estabilidad en la región.

Compartimos la preocupación que experimenta Bulgaria por la evolución de los acontecimientos en la antigua Yugoslavia y apreciamos altamente el respaldo que ha dado a las acciones de la Comunidad Europea y a las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, conscientes del alto coste que supone su aplicación.

Sabemos que, desde la vecindad, la preocupación por este conflicto puede convertirse en angustia. Pero todos los países amantes de la paz hemos de esforzarnos solidariamente para que cese la barbarie, para que las armas del odio dejen de sembrar la destrucción y el horror. Para que nadie se crea con derecho a imponer a otros por la fuerza unas creencias, unas ideas o un territorio.

El respeto escrupuloso de todos los principios que inspiraron la Carta de París y el reforzamiento de la solidaridad entre los países democráticos europeos constituyen hoy la más firme garantía para superar la situación de inseguridad que vive nuestro continente. Bulgaria, con su activa participación en el Consejo de Cooperación del Atlántico Norte y en la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa, aporta una significativa contribución.

Hemos contemplado con gran satisfacción la admisión de Bulgaria en el Consejo de Europa, en la que España ha jugado un importante papel, y la firma y ratificación del Convenio Europeo de Derechos Humanos con sus Protocolos Adicionales, incluido el reconocimiento de la jurisdicción del Tribunal Europeo, que pone de manifiesto la vocación europea de Bulgaria y su total compromiso con la defensa de los derechos humanos. El Acuerdo de Asociación entre Bulgaria y la Comunidad Europea y el hecho de que este documento institucionalice el diálogo político con la Comunidad en la perspectiva de una ulterior integración es, a su vez, un elemento dinámico para la intensificación de las relaciones.

Señor Presidente de la República, señor Presidente de la Asamblea Nacional, señoras y señores diputados, Bulgaria dispone de la rica experiencia de su milenaria historia y de la esforzada ilusión de su pueblo y de sus representantes para hacer frente a los desafíos de la consolidación de una democracia pluralista integrada en Europa.

Permítanme concluir expresándoles nuestros deseos de éxito en la importante labor de esta Asamblea Nacional por el bien del pueblo de Bulgaria.

Muchas gracias.

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