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Palabras de Su Majestad el Rey al mundo de la cultura al inaugurar el Encuentro Iberoamericano de Ateneos

Madrid, 13.05.1993

N

os ha sido dado presidir hoy, en este noble edificio ya centenario, sede definitiva del Ateneo de Madrid, la primera reunión con sus análogas instituciones culturales de Iberoamérica, Filipinas, Portugal y España.

En esta sala nos rodean los retratos de los que fueron los creadores y mantenedores del Ateneo de Madrid, nombres que figuran incorporados a la historia de las ciencias y las letras, la política y las bellas artes, con lo que significan de noble recuerdo y de vivo estímulo en nuestro tiempo.

Tiene su origen el Ateneo en el espíritu de la Ilustración, que había inspirado en el siglo xviii la creación de la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, de cuyo seno nació este Ateneo.

Ese espíritu de la Ilustración animó a los Constituyentes de Cádiz, influidos por la elocuencia del asturiano Argüelles y del quiteño Mejía Lequerica, y a los patricios fundadores de las repúblicas de nuestra lengua, repúblicas que han sabido conservar y acrecentar el común patrimonio del idioma. Justo es recordar al insigne filólogo y jurista Andrés Bello, autor de un singular y nada coactivo código común «La Gramática Castellana para uso de los americanos».

Paralelamente, Portugal y el Brasil han mantenido y enriquecido las letras en la lengua de Camoens, el genio de Os Lusiadas, que tanto admiraba Cervantes al recordarlo en aquel episodio de su obra maestra en que aparece una encantadora y pastoril Arcadia, con elegantes pastores y zagales, que recitaban églogas: «una del famoso poeta Garcilaso y otras dos del excelentísimo Camoens en su misma lengua portuguesa.»

Episodio éste que viene a ser antecedente poético de esta reunión de ateneos, en la que intelectuales de una y otra lengua van a trabajar en común para procurar hacer más amplio y profundo el conocimiento de los valores intelectuales de nuestros países, incrementar el mutuo saber, estimular formas de útil colaboración y acentuar la presencia de escritores, científicos y artistas de nuestros países en la cultura universal.

Trabajo desinteresado y libérrimo el de los ateneos, donde conviven especialistas y aficionados, escritores y artistas, y en los que lo mismo se cultiva el arte de la conversación, que la pasión por la lectura, el ameno entretenimiento que el estudio riguroso, el ansia de saber por saber y el fecundo estudio de aplicación profesional.De noble y generoso propósito es este encuentro de ateneos que convoca a intelectuales de tres continentes con el empeño de reunir su saber y sus ilusiones en la acción amistosa y solidaria de nuestros países.

«Pasión quita conocimiento» es viejo aforismo y, sin embargo, el conocimiento reclama el apoyo de la pasión, noblemente inspirada en las palabras del clásico: «Hombre soy y nada humano me es ajeno.»

Nada humano es ajeno al libre quehacer de los ateneos, en los que el ansia de sabiduría va acompañada del entusiasmo por la amistad y el diálogo, y el diálogo enriquece en la convivencia práctica de las ideas y enseña análoga actitud a los estadistas y adalides de los pueblos.

Deber de todos nosotros, en beneficio propio y ajeno, es enriquecerse con el coloquio de los intelectuales y la amistad de los pueblos; un coloquio de singular eficacia y facilidad cuando tiene en la comunidad idiomática su ambiente más propicio. El entrañable optimismo del espíritu de la Ilustración, eclipsado tantas veces, permanece y, atento a los cambios de la historia, no extingue su llama, reanimada por tareas como la que emprende el presente encuentro.

Con mi cordial saludo, declaro inaugurado el Encuentro Iberoamericano de Ateneos.

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