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Palabras de Su Majestad el Rey en la apertura del Curso de las Reales Academias

Madrid, 05.10.1995

C

on especial satisfacción cumplo el honroso deber que me impone el Alto Patronazgo de las Reales Academias, presidiendo el acto de apertura de curso que este año celebramos por primera vez.

El objetivo fundamental de la creación de estas ilustres corporaciones fue el de impulsar la modernización de España mediante el fomento de las artes y las ciencias llamadas útiles, con los criterios de racionalidad y eficacia propios del movimiento ilustrado.

El Patronato Real fue la expresión de la especial preferencia que concedía la Corona a este proyecto innovador, y se ha mantenido a lo largo de los siglos como testimonio de la vigencia de aquel propósito y de la voluntad de continuar una relación mutua y beneficiosa para ambas partes.

El transcurso de los tiempos no ha hecho más que corroborar la necesidad de una reflexión profunda y sosegada sobre los grandes temas de nuestra cultura, nuestro pasado, nuestra sociedad y su pensamiento científico.

Por el rango de vuestras corporaciones y la relevancia personal, avalada por la experiencia, de sus miembros, sois quienes con mayor autoridad debéis destacar los asuntos que deben merecer nuestra atención prioritaria en el tiempo presente y señalar los ejes por los que ha de transcurrir nuestra vida colectiva en su más alto nivel intelectual.

Con vuestro trabajo rendís un servicio irreemplazable a la sociedad, destinataria última de vuestras preocupaciones, y sobre la que irradiáis, con el prestigio que os conceden vuestros respectivos saberes, los avances del conocimiento y la investigación.

Quiero, a este respecto, expresaros mi reconocimiento por el esfuerzo que estáis realizando para incrementar la proyección social de vuestras tareas mediante la actualización de vuestros métodos de trabajo y la difusión de sus resultados.

Estoy seguro de que este camino que habéis emprendido contribuirá decisivamente a que vuestra labor sea mejor conocida y apreciada en cuanto vale.

También deseo destacar la trascendencia de vuestras relaciones con las academias y centros de alta cultura de otros países, singularmente los que nos son más próximos.

En un momento en que la ciencia y aun la cultura tienden a globalizarse a través de los sistemas de comunicación, vuestros numerosos y fecundos intercambios preservan la inagotable variedad de las manifestaciones del espíritu y garantizan la presencia en el mundo del patrimonio cultural español y sus específicas aportaciones.

De este modo nos hacemos presentes en el proceso de articulación de un nuevo marco de relaciones entre los pueblos, en el que las aportaciones rigurosas a una cultura de carácter universal tendrán la misma importancia que los equilibrios de poder y los intercambios económicos.

Estas reflexiones cobran especial significado en el recinto de la Real Academia de la Lengua, a quien está encomendado nuestro activo cultural más precioso, signo de identidad de millones de personas esparcidas por cuatro continentes, soporte de un pensamiento compartido y expresión de un conjunto de valores comunes de tanta actualidad como el respeto a la dignidad del hombre y a su destino trascendente, la convicción de la igualdad de todos los hombres y la aspiración a un desarrollo que sea fruto de la solidaridad y la justicia.

Son éstas las razones que justifican más particularmente en nuestros días el interés y reconocimiento que merecen vuestros meritorios esfuerzos por consolidar nuestra lengua, defender su unidad, velar por su prestigio y acrecentar los lazos que naturalmente os unen a las Academias hermanas de los países iberoamericanos.

La constitución, hace dos años, de la Fundación Pro Real Academia, de la que me honro en ser a título personal Miembro Fundador, es el testimonio más adecuado del apoyo que la Corona y los sectores públicos y privados de la sociedad española prestan gustosamente a vuestra tarea y al cumplimiento de los fines que os encomiendan vuestros estatutos.

Una vez más os animo a continuar, con el entusiasmo y eficacia que os distingue, en la noble misión que estáis realizando al servicio de toda la comunidad hispanohablante.

Queda inaugurado el curso de las Reales Academias 1995-1996.

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