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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida a Sus Majestades los Reyes Harald y Sonia de Noruega

Palacio Real de Madrid, 25.04.1995

M

ajestad, la Reina y yo nos alegramos muy sinceramente de recibir hoy a Vuestras Majestades en Madrid.

En los últimos años, por distintas razones, hemos tenido ocasión de viajar a vuestro país, disfrutar de su espléndida hospitalidad y conocer más de cerca la realidad de Noruega, su geografía, el compromiso de los noruegos con la protección de la naturaleza y el orgullo con que conservan vivas sus instituciones, sus valores tradicionales y, en definitiva, su identidad nacional y su propio estilo de vida.

Vuestras Majestades conocen bien España, pero nos complace recibiros esta vez oficialmente y hacer realidad un proyecto que tuvo que suspenderse hace algunos años. Con este viaje dais continuidad a las visitas de Estado entre España y Noruega que la Reina y yo iniciamos en 1982 y vuestro augusto padre en 1984.

Majestad, Noruega y España son dos naciones ceñidas por largas costas que las proyectan hacia el mar. Son naciones marineras.

El mar ha sido y es importante para nuestros dos países. En el mar hemos escrito páginas bellísimas de nuestra historia y a él seguimos entregados, fieles a la tradición milenaria de nuestros navegantes y pescadores. En esta tarea, nuestra guía ha sido siempre el respeto al derecho internacional. Las naciones no pueden tener otras referencias que primen sobre el respeto a la ley por todos acordada y, en ese campo, la trayectoria de España no admite dudas.

Noruega y España comparten hoy básicamente un mismo sistema institucional, el de la monarquía parlamentaria, que traduce la voluntad de nuestros pueblos de organizarse sobre los mismos principios de convivencia. El inicio de nuestra historia constitucional es, prácticamente, simultáneo. La Constitución noruega de 1814 tiene elementos de la Constitución española de 1812, como reconoció en su día uno de los padres de la misma, Magnus Falsen. La evolución pacífica de Noruega, desde entonces hasta nuestros días, ha sido interrumpida por la tragedia de la II Guerra Mundial, de cuyo fin se cumplen ahora cincuenta años.

Fue éste un drama doloroso para todo el continente, que sufrió hasta lo insufrible por culpa de doctrinas totalitarias excluyentes. Como en tantos países europeos, en Noruega se pagó un alto precio en vidas humanas.

Quisiera recordar la participación de compatriotas nuestros que entregaron sus vidas en defensa de la libertad y que descansan hoy en el cementerio de Narvik. Esperamos que estas circunstancias no se repitan nunca más en nuestro continente.

Majestad, es obvio para todos que Europa no puede vivir aislada. Nadie puede hacerlo. Como recordó Vuestra Majestad en su mensaje al pueblo noruego, al comienzo de este año, Noruega tiene una tradición de cooperación y ayuda, pocas veces igualada, en la defensa de los derechos y libertades fundamentales.

Hace tiempo que esa tradición de cooperación supera el área geográfica en la que físicamente se encuentra. Vuestro país ha estado presente y ha sido siempre miembro activo de los organismos internacionales que defienden esos principios fundamentales en que basamos nuestras sociedades nacionales y nuestra convivencia internacional.

Noruega ayuda al mantenimiento de la paz, o a su establecimiento, donde hay conflictos y coopera, técnica y económicamente, a crear las condiciones que los prevengan o traten de reparar sus consecuencias. Me congratula señalar que España se ha encontrado y sigue encontrándose con Noruega en esa labor de concordia internacional.

Creo de justicia recordar la intervención decisiva de Noruega que permitió dar el paso fundamental de la firma de la Declaración de Principios entre la OLP e Israel y que constituye un hito histórico en el proceso de paz de Oriente Medio, cuyo origen inmediato fue la Conferencia de Madrid, celebrada en este mismo palacio.

Por otra parte, no hace falta insistir en la aportación directa de Noruega a los intentos de solución del drama que asola la antigua Yugoslavia, tanto con su ayuda material para aliviar la angustiosa situación de los afectados como con su presencia humana en el proceso.

Majestad, los Estados europeos dependemos cada vez más unos de otros, acercándonos dentro de un espacio que lentamente se unifica y en el que gradualmente desaparecen todas las barreras.

El pueblo noruego, en ejercicio de su soberanía, ha decidido que no es el momento para la integración en la Unión Europea. Respetamos su decisión. Pero los cauces para la cooperación entre Noruega y los Estados de la Unión, tanto colectiva como bilateralmente, existen y están abiertos, ya que Noruega, como parte inseparable de Europa, seguirá aportando el peso de su cultura nacional y su vocación internacionalista al proyecto de la construcción europea.

Dentro de este proceso, España cree firmemente que la Unión Europea es un instrumento idóneo para que las naciones del continente, aunando sus esfuerzos, puedan responder a los desafíos de la nueva sociedad internacional.

El proyecto en común que representa la Unión Europea debe ser también, a nuestro juicio, un paso decisivo hacia la consecución de una Europa solidaria entre los países que la componen y con los demás países del globo.

Es por ello un objetivo prioritario para España y en él proyectamos principalmente nuestra acción exterior. Por supuesto, sin olvidar nunca otros compromisos que nacen de nuestra historia y nuestra tradición, que reconocemos con ilusión y de los que tratamos de hacer partícipes a nuestros socios europeos.

Majestad, la antigua saga de Haakon Haakonsson relata el viaje a España de una embajada noruega que acompañó a la Princesa Cristina, cuando vino desde Tonsberg para casarse con un Infante de Castilla. En ella, el autor da cuenta de la hospitalidad recibida y no parece tener queja.

Confío en que Vuestras Majestades, al igual que el gran número de noruegos que viaja e incluso se establece en España, encuentren que esta hospitalidad no ha decaído en los últimos setecientos años.

La saga habla de un acuerdo de alianza, del que no hay constancia histórica, pero que constituiría el primer tratado entre nuestros países. El Rey Haakon comprometió su apoyo a Alfonso X, siempre que no fuera en contra de los Reyes de Suecia, Dinamarca o Inglaterra. Alfonso X comprometió el suyo al Rey Haakon, siempre que no fuera en contra de los Reyes de Aragón, Francia o Inglaterra.

Con este antecedente de colaboración internacional hispanonoruega, quiero reiterar la voluntad de mi país, hoy como en el siglo XIII, de desarrollar, profundizar y extender nuestras relaciones y cooperar con el vuestro para el mantenimiento, la defensa y desarrollo de los principios que informan nuestra cultura común.

Con esa voluntad, les invito a todos a brindar por la ventura personal de Vuestras Majestades, por la prosperidad de vuestro Reino y de vuestro pueblo y por que en las relaciones entre España y Noruega reine siempre la amistad y la solidaridad.

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