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Palabras de Su Majestad el Rey a la Presidenta de Irlanda Mary Robinson y al pueblo irlandés

Madrid, 04.05.1993

S

eñora Presidenta, deseo, en primer lugar, reiteraros en nombre de la Reina y en el mío propio nuestra calurosa bienvenida a Vuestra Excelencia y al señor Robinson a España. Es la primera vez que tenemos el honor y la satisfacción de recibir a un Presidente de Irlanda en visita de Estado.

Conservamos el mejor recuerdo de nuestra estancia en vuestro país en junio de 1986. La tradicional hospitalidad irlandesa desbordó todas nuestras expectativas y lo que entonces califiqué de reencuentro entre dos viejos amigos se ha convertido en una relación nueva proyectada hacia el futuro.

Irlanda y España, tras haber estado unidas a lo largo de la historia por vínculos de amistad e ideales comunes, hoy se encuentran más ligadas que nunca gracias a nuestra participación conjunta en los grandes proyectos de Europa.La evocación del pasado es imprescindible para entender dónde estamos y a dónde vamos. Pero lo más importante me parece esto último, es decir, hacia dónde nos podemos dirigir juntos Irlanda y España, partiendo del presente de nuestras relaciones. Unas relaciones sin fisuras, asentadas en los últimos años en nuestra común pertenencia a la Comunidad Europea y enriquecidas por un cada día mayor acercamiento de los ciudadanos de nuestros dos países.Miles de vuestros compatriotas nos visitan todos los años para disfrutar de lo que España puede ofrecer a quienes están interesados en nuestra cultura, en nuestras costumbres o en el simple descanso.

Estoy seguro de que esos visitantes, atraídos inicialmente por referencias tal vez vagas, vuelven a Irlanda y transmiten a sus familiares y amigos un mejor conocimiento, por superficial que pueda parecer a primera vista, de la realidad de mi país.También muchos estudiantes españoles se desplazan todos los años, especialmente en verano, para completar sus estudios en el ambiente propicio que les da la liberal acogida de vuestros compatriotas.

Es una invasión pacífica, aunque a veces ruidosa, como corresponde a su edad y a la forma de expresarnos que tenemos quienes hemos nacido y habitamos en el sur de nuestra Europa. Y estoy seguro de que, a la larga, también nuestros estudiantes contribuyen a un mejor conocimiento de la realidad de vuestro país.

Señora Presidenta, vivimos en un mundo en transición, en una Europa desazonada en busca de una nueva identidad, en la que los valores y supuestas certidumbres hasta ahora asumidas generalmente como algo consustancial, se ponen cada día en entredicho. Creo poder decir que Irlanda y España compartimos la visión de una Europa unida que pueda seguir contribuyendo al progreso de la humanidad.

En el camino hacia ese papel renovado de Europa encontramos dificultades y problemas que afectan al proyecto de Unión Europea. Quiero rendir aquí homenaje al europeísmo de Irlanda. En medio de tantas dudas y vacilaciones, el pueblo irlandés dio un firme apoyo a la ratificación del Tratado de Unión Europea en el referendum celebrado el 18 de junio del año pasado.

Poco después de esa manifestación de solidaridad con la integración europea, os dirigisteis a ambas Cámaras del Parlamento irlandés en una inspirada intervención sobre la identidad irlandesa en Europa.

En ella subrayasteis, entre otras cosas, cómo la construcción de Europa es perfectamente compatible con el mantenimiento de la identidad cultural de cada uno de sus componentes. Avanzar en la construcción de Europa no supone perder poco a poco la identidad nacional. Al contrario, consiste en el enriquecimiento progresivo del conjunto europeo desde el respeto a la diversidad de nuestras respectivas culturas.

Todos los intentos históricos de unir a Europa sobre la base del hegemonismo de alguien o de algo o sobre la uniformidad cultural han conocido el fracaso o el total rechazo.Por eso, el proyecto actual de Unión Europea es algo diferente, respetuoso con nuestras tradiciones seculares pero innovador en la voluntad dinámica de integrar más y más a nuestras sociedades, nuestras economías y nuestros pueblos.

Señora Presidenta, en esa misma intervención, vuestra excelencia recordó que una de las características definitorias de la presencia de Irlanda en el mundo era una simpatía instintiva por las causas del Tercer Mundo. Pero hay algo más que simpatía instintiva.Los irlandeses se han distinguido, y se distinguen cada día, por su participación activa, desinteresada e idealista en la ayuda humanitaria a tantos países como están necesitados de ella. Y al frente de vuestros compatriotas, señora Presidenta, disteis al mundo un maravilloso ejemplo al visitar Somalia y llamar así la atención con vuestro testimonio personal sobre los sufrimientos de la desgraciada población de ese país.

Todos hemos admirado este gesto, demostrativo de vuestra preocupación por la suerte de los más débiles, que es, me satisface poder decirlo, uno de los signos más significativos de vuestra actuación pública desde que asumisteis la más alta magistratura de vuestro país y que, por otra parte, responde a una trayectoria personal bien conocida.

Si antes hablaba de la Europa que queremos y por la que trabajamos, la tragedia de la antigua Yugoslavia nos proporciona fácilmente la imagen de la Europa que no queremos.Queremos una Europa libre, cercana a los ciudadanos, respetuosa con las particularidades nacionales y regionales, abanderada de la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Pero no queremos una Europa de nacionalismos excluyentes e irracionales, de intransigencia ante la diversidad o de menosprecio de los valores más preciados.

Por eso, no podemos consentir que la tragedia yugoslava persista, golpeándonos diariamente con el horror de la violencia. Hay que apelar a la conciencia humana de los responsables de aquel desastre para que antepongan los sentimientos humanos más entrañables a la fuerza de las armas.

Pongamos todos los medios eficaces para superar las desigualdades, para combatir las injusticias y para tratar de conseguir que todos, absolutamente todos, podamos sentirnos partícipes y no sólo espectadores en esta aventura entusiasmante que es la construcción de Europa.

Señora Presidenta, os reitero nuestra más cordial bienvenida y levanto mi copa para brindar por la amistad entre Irlanda y España, por vuestra felicidad personal y la del señor Robinson y por la de todos los presentes.

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