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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de la inauguración española del Gasoducto Magreb-Europa

Córdoba, 09.12.1996

P

residir, en presencia de tan destacadas personalidades, este acto de la inauguración española del gasoducto Magreb-Europa es para mí un motivo de especial satisfacción.

Esta realización, que une los yacimientos de gas natural de Argelia, a través del Reino de Marruecos, con los consumidores de España y Portugal y, en un futuro, de toda la Unión Europea, es un símbolo lleno de profundo significado.

En primer lugar, por tratarse de una gran obra pública y de infraestructuras, cuyas sobresalientes características han sido gráficamente descritas por el Presidente del Grupo Gas Natural. Con esta realización de final del siglo XX, España, junto con los otros países participantes, quiere mejorar los cauces para la historia común del siglo que empieza, poniéndolos bajo la advocación de la prosperidad y la cooperación.

En segundo lugar, por tratarse de una gran obra económica, ya que va a traer la energía de la que se nutren nuestras sociedades industriales. Reforzará así los lazos económicos al fomentar los intercambios entre nuestros hombres de negocios. Supondrá también un desafío económico: los cuatro países deberán incrementar paralelamente sus intercambios comerciales en pos del equilibrio, aprovechando el dinamismo derivado de este importante proyecto.

En tercer lugar, y ello nos alegra especialmente, por el simbolismo histórico y cultural que supone poder unir las dos riberas del Mediterráneo occidental con un proyecto común, que sobrepasa su dimensión estrictamente técnica. El vínculo que nos une es mucho más que un vínculo meramente físico. Esta empresa singular del gasoducto Magreb-Europa es también cauce de diálogo y vehículo de comunicación y encuentro, y habrá de tener, sin duda, un efecto particularmente beneficioso en la potenciación de esos otros aspectos, más intangibles, que son, en definitiva, los que unen de manera permanente y sólida a los hombres.

En este sentido, quiero traer a colación lo mucho que se ha hablado del papel equilibrador que los lazos económicos permanentes ejercen sobre los avatares históricos de las colectividades humanas y políticas. No cabe duda de que una obra común, es decir, la puesta en común de capital y trabajo en un proyecto, es uno de los más sólidos vínculos que las sociedades pueden constituir como elemento equilibrador en sus relaciones.

Los mares tienen un doble carácter: separador e integrador. Separador, por razones físicas intrínsecas, e integrador, puesto que se constituyen en medio de comunicación rápido y asequible, en el que se han apoyado siempre el comercio y los intercambios.

Desde esta perspectiva, nos complace profundamente comprobar que el Mar Mediterráneo se manifiesta, una vez más, como el puente que aproxima a los pueblos de las dos orillas. Esta proyección se ve fortalecida, y yo diría cristalizada, en el carácter permanente que supone la conducción de este gas que une a nuestros cuatro pueblos.

No quiero soslayar el hecho de que el tramo actual finalice en Córdoba, ciudad de indudables connotaciones en la historia común del Magreb y los pueblos ibéricos, que subraya la convergencia que economía e historia tienen hoy en este acto.

Queremos felicitar a todos los que han participado en este magno proyecto, tanto en su concepcion, diseño, construcción y puesta en funcionamiento, como en su mantenimiento.

La Reina y yo nos sentimos honrados estando presentes en este acto que constituye su acta de nacimiento.

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