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Palabras de Su Majestad el Rey en la reunión del Patronato del Instituto Cervantes

Madrid(San Lorenzo de El Escorial), 09.10.1996

U

n año más, tengo la satisfacción de presidir esta reunión que, en cumplimiento de la misión que le ha sido encomendada, celebra el Patronato del Instituto Cervantes, en esta ocasión, en el emblemático marco del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Deseo, en primer lugar, dar la bienvenida a los nuevos patronos que se incorporan a nuestros trabajos; al Presidente del Gobierno, que es también el Presidente Ejecutivo de este Patronato; a los Ministros que forman parte del mismo; al Presidente y Vicepresidente de su Consejo de Administración y al Director del Instituto.

Soy consciente del espíritu que os anima y con el que vais a colaborar en este hermoso proyecto de difundir la lengua española y la cultura de los hispanohablantes, tal como han hecho vuestros antecesores, a quienes dedico hoy también el recuerdo y agradecimiento que merecen.

Contamos con un activo importante, el de los centros del Instituto abiertos en diversos lugares del mundo. Durante mis visitas al extranjero, he tenido ocasión de comprobar personalmente el meritorio trabajo que con tanta ilusión desarrollan los hombres y mujeres que los dirigen y mantienen. A todos ellos dirijo desde aquí mi saludo y estímulo en el curso que ahora comienza.

Este Patronato tiene ante sí la tarea de profundizar en el surco de lo hasta ahora realizado y extraer de él nuevos frutos, que no han de manifestarse necesariamente en un crecimiento material, difícil en las actuales circunstancias, sino sobre todo en el deber de "presentir lo nuevo", como pedía el filósofo con palabras escritas en este lugar, y sembrar así con mano segura un futuro mejor para el gran objetivo en que estamos empeñados: la presencia del español -y, a través de él, de lo español- en el mundo venidero y su ubicación en el lugar eminente que le corresponde, como signo de identidad, expresión de bien ganado prestigio y fermento activo de una cultura compartida de alcance universal.

Formular con acentos actuales nuestro mensaje permanente y transmitirlo a través de los sistemas más modernos, que garantizan una más amplia y positiva recepción de sus valores y contenidos es, por tanto, tarea a la que debemos prestar particular atención.

Desde aquí os convoco a ceñiros a estos vientos de renovación y emprender la derrota que colme y cumpla nuestros afanes y esperanzas.

Sabéis que para lograrlos contáis siempre con mi aliento y apoyo.

 

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