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Palabras de Su Majestad el Rey en la clausura del curso de la Escuela Diplomática

Madrid, 17.06.1996

S

eñor Ministro,Señores Embajadores, Señoras, Señores,

Es bien sabido, y lo recuerdo cuando hay oportunidad, que me siento muy próximo a quienes integran el servicio diplomático de España. En primer lugar por la representación que la Constitución atribuye a la Corona en el ámbito de las relaciones internacionales; pero también porque a lo largo de mi vida he tenido ocasión de conocer la realidad concreta del trabajo eficaz, silencioso y abnegado que hacen los diplomáticos, y sé que se desarrolla en condiciones a veces muy difíciles y está siempre inspirado por un gran espíritu de servicio y disciplina.

Espíritu de servicio, disciplina, integridad, entrega total, amor a la patria: la formación profesional del diplomático no se limita a la adquisición de ciertos conocimientos técnicos sino que exige, con carácter imprescindible y fundamental, una serie de cualidades que abarcan toda la personalidad del individuo y que para ser eficaces necesitan estar profundamente arraigadas en el carácter y constituir hábitos inamovibles.

De aquí la gran importancia que tiene la selección y formación de los jóvenes diplomáticos, tarea importante, delicada y de gran responsabilidad por cuanto de ella depende, como de los cimientos de un edificio, la solidez de nuestro servicio exterior. Un país que quiera tener un servicio diplomático competente y profesional tiene que dedicar atención preferente y esmerada a la selección y formación de sus jóvenes diplomáticos, y por ello esta Escuela Diplomática es pieza esencial de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores.

Por todo ello, siempre constituye una gran satisfacción para Mí entregar los despachos y saludar personalmente a los Secretarios de Embajada de cada nueva promoción.

En el mundo actual, caracterizado por la globalización de las comunicaciones y por la interdependencia, el camino hacia la paz y el progreso está en la solidaridad y la cooperación, que se logran mediante el conocimiento mutuo y la multiplicación de los contactos amistosos y profesionales.

Al servicio de esta idea trabaja la diplomacia de todo el mundo y también esta Escuela cuando pone sus recursos formativos a disposición de alumnos de otros países, tanto en el Curso de Estudios Internacionales como en los otros cursos especializados que en ella se imparten.

No cabe duda de que la convivencia de alumnos españoles y extranjeros en la Escuela es en sí misma una excelente modalidad de cooperación internacional, y a la vez el fundamento de un mejor entendimiento en el futuro, cuando muchos de los que hoy reciben sus despachos y diplomas ocupen puestos de alta responsabilidad en sus respectivos países, como les deseo a todos.

En este día en que reciben el premio a su esfuerzo, con nuestra felicitación y nuestros mejores votos para su futuro, les exhorto a que sigan trabajando con entusiasmo en el desarrollo de su vocación al servicio de la paz y del entendimiento entre las naciones.

Queda clausurado el Curso 1995-96 de la Escuela Diplomática.

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