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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida al Presidente de Portugal, Sr. Jorge Sampaio

Palacio Real de Madrid, 20.05.1996

S

eñor Presidente, Señora:

Es un gran honor para la Reina y para Mí daros la bienvenida en esta vuestra primera visita de Estado a España como Presidente de la República Portuguesa. Os ruego que, en esta feliz ocasión, hagáis extensivo nuestro más caluroso saludo al pueblo amigo de Portugal, que os ha otorgado su más alta representación.

Quiero también testimoniaros mi agradecimiento personal a vuestro país, que durante tantos años ofreció su generosa hospitalidad a mi familia y en especial a mi padre, quien, a lo largo de toda su vida, recordó la siempre atenta cortesía de las gentes de vuestra tierra.

Sr. Presidente:

La fuerte personalidad de las culturas portuguesa y española, la sólida manifestación histórica de cada una de las dos soberanías y la amplitud de la proyección exterior de ambos pueblos, constituyen factores que definen dos espacios políticos bien diferenciados con aspiraciones y objetivos propios.

Factores todos ellos que alientan la expansión contemporánea de Portugal en tantos ámbitos, apoyada en la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales, que inspiran profundamente el amplio campo de las realizaciones de vuestro país.

Portugal no ha improvisado estos desarrollos. Dispone de una de las más antiguas tradiciones estatales de Europa, que llevó a cabo la extraordinaria hazaña de los Descubrimientos, con la que vuestro país se situó a la vanguardia de la modernidad europea.

Cuenta también con el esplendor de un patrimonio propio, por el que sus mujeres y hombres se han formado en una lengua y una civilización universales, firmemente arraigadas en otros continentes, que ha potenciado su presencia en la solución de los problemas y en el impulso a las aspiraciones de la comunidad internacional.

Por ello, Portugal ha dar forma a la cultura  y la realidad política europeas, de las que constituye parte insustituible desde sus orígenes.

Como homenaje a la larga y brillante historia de Portugal y a la firme participación portuguesa en la construcción del mundo nuevo que hoy se abre ante nosotros, España, Señor Presidente, participará con especial entusiasmo en la Exposición Universal de 1998, que tendrá lugar en Lisboa bajo el sugestivo título "Los Océanos. Una herencia para el futuro".

Sr. Presidente:

La sociedad internacional ha experimentado un notable y profundo cambio. En el último lustro se han abierto nuevos y amplios espacios de libertad, pero también han surgido tensiones adicionales, que han llegado a alcanzar al mismo continente europeo.

Tanto Portugal como España nos encontramos en disposición de contribuir a un orden capaz de generar estructuras de paz, solidaridad y desarrollo, en las que las mujeres y los hombres de nuestro tiempo puedan ejercer sus capacidades e ilusiones familiares, profesionales y políticas.

Por ello, compartimos la lucha contra las barreras levantadas por sistemas sociales injustos, contra la exclusión social, contra la discriminación por razones de raza o credo, y contra la agresión intolerable del terrorismo.Sr. Presidente:

La muy antigua experiencia diplomática de Portugal, su lealtad como aliado, su buen hacer, reconocido en todos los foros de los que forma parte y el desarrollo de sus nuevas líneas de acción exterior, hacen de Lisboa un interlocutor, amigo, socio y aliado, siempre fiable y riguroso.

España, Señor Presidente, que también ha experimentado una potenciación de su presencia internacional, confía en profundizar los excelentes vínculos que hasta ahora se dan entre ambos pueblos, propiciados por las adhesiones de los dos Estados a la Europa unida.

De nuestro ámbito compartido dijo Miguel Torga:

"Terra nua e tamanhaQue nela coube o Veiho-Mundo e oNovo...Que nela cabem Portugal e EspanhaE a loucura com asas do seu Povo".

Pero los mecanismos internacionales en los que Portugal y España participan, tendrían por sí mismos una influencia sólo relativa en nuestras relaciones, si no hubiera ido acompañada de una clara voluntad de entendimiento entre los dos países.

La actuación de Portugal y España ha impulsado, a lo largo de los años, el espectacular crecimiento de nuestras relaciones bilaterales, que hoy conocemos, y la multiplicación de contactos y consultas al más alto nivel, como son las Cumbres bilaterales anuales.

Hemos también impulsado realizaciones comunes, como el gran logro que supone la construcción del gasoducto euromagrebí, del mayor interés para las poblaciones y las economías de los dos países. Se trata de una excelente expresión de los buenos resultados que alcanzan los trabajos realizados a través de un sólido esfuerzo conjunto.

Nuestros contactos cotidianos demuestran, además, que, al buscar soluciones a las cuestiones que a ambos nos afectan, entre las que se incluye el aprovechamiento sostenible y la protección de los recursos hídricos transfronterizos, los dos Estados negocian con un espíritu presidido por la buena fe, basada en el respeto por las necesidades y criterios específicos del otro.

Ambos pueblos aprecian unas relaciones bilaterales guiadas por la voluntad política de cooperación, fundamentada en el ya antiguo conocimiento mutuo y, por tanto, en el respeto a la identidad nacional y la soberanía estatal, cuya consecuencia más notable se manifiesta en la atmósfera de entendimiento que hoy se hace patente con vuestra visita.

En estas condiciones, y sobre el telón de fondo de las transformaciones de la escena internacional y europea que a ambos nos afectan, estoy convencido, Señor Presidente, de que es posible acrecentar aún más la cooperación en todos los campos entre nuestros dos países, a través de la profundización del diálogo ya existente.

Las nuevas realidades políticas constituyen un acicate para los contactos y la intensificación de profundización de nuestras relaciones, ante las que se abren hoy nuevas oportunidades.

Tenemos ante nosotros retos de muy hondo calado como la reforma de la Unión Europea, la adaptación de los sistemas de seguridad a la realidad naciente o la bienvenida integración de las nuevas democracias centroeuropeas en las estructuras occidentales, así como el impulso de la cooperación transatlántica.

Y todo ello sin dejar de atender las relaciones de Portugal y España con áreas en las que la presencia tradicional de los dos países adquiere hoy calidades más ricas: el Mediterráneo y el proceso de Barcelona, África e Iberoamérica, la Comunidad Lusófona de Naciones, la Comunidad Iberoamericana de Naciones, y el área asiática.

Portugal y España gestionan esta diversidad de intereses con múltiples iniciativas, tanto desde la perspectiva bilateral como desde nuestra común pertenencia a la Unión Europea y las demás Organizaciones Internacionales.

Es un hecho Señor Presidente, que los dos países participan en estos asuntos con el vigor derivado de las viejas y hondas raíces de cada uno con el sentido del deber de quien prepara el futuro de su propia historia.

Por ello, no cabe duda de que vamos a encontrar amplios espacios de entendimiento.

En palabras de Eduardo Lourenço:

"Os nossos destinos foram sempre paralelos ou cruzados, nunca opostos enquanto culturas".

Una larga historia de vecindad da lugar a múltiples vínculos entre nosotros, estrechos y variados, como lo son las relaciones entre nuestras gentes y los ámbitos en los que la acción conjunta de Portugal y España puede reforzar las aspiraciones de ambos y dotar de impulso nuevo a la paz y la seguridad internacionales.

Son muchos los campos que suscitan ya el interés de ambas sociedades, cuya libre autonomía abre sin cesar nuevas realidades de concertación.

La actividad de nuestras Universidades, el desarrollo de nuestras lenguas, la capacidad de investigación creciente en los dos países, la iniciativa de los hombres de empresa de ambos Estados, se verán reforzadas si alentamos los contactos, las consultas y los esfuerzos en común.

Portugal y España, viejos países, diversos y complementarios, como lo son entre sí todos los Estados europeos, podemos renovar hoy nuestra relación.

Señor Presidente, Señora:

Al agradeceros de nuevo vuestra grata presencia en Madrid, levanto mi copa por Portugal, por vuestra personal ventura y por la felicidad y prosperidad del querido pueblo portugués.

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