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Palabras de S.A.R. el Príncipe de Asturias en el Ayuntamiento de A Coruña

A Coruña, 15.09.1998

A

l agradecer sus cordiales palabras, señor Alcalde, quisiera dirigirme a todos los coruñeses diciendo -de corazón- que comienzo el segundo día de mi visita a Galicia en vuestra ciudad con ilusión y lleno de esperanza por conoceros mejor.

Afortunada por su situación geográfica, evocadora en las plazas y jardines de su casco antiguo, dinámica en su centro urbano, abierta al mar que la circunda y del que nació, A Coruña muestra en este solemne edificio de su Ayuntamiento el corazón que mueve la vida de los coruñeses y les convoca a empresas dignas de su antiguo renombre.

Los grandes hitos de vuestra historia, reflejados en las palabras de vuestro Alcalde, han contribuido y enriquecido la de Galicia y la Historia de España entera.

Efectivamente, esta ciudad es titular de grandes méritos. Unos, históricos. Otros, actuales.

Fue uno de mis antepasados, Felipe II, el que definió A Coruña como "Fuerza y Guarda del Reino de Galicia" en una Real Cédula despachada en 1556 con motivo de la constitución de la Real Audiencia de la Ciudad de la Coruña. Estas palabras, considerablemente ampliadas, se grabaron en la fachada de este edificio que hoy me brinda su hospitalidad. Ese hecho constituye un orgullo ya que equivale al mote medieval que los caballeros en los torneos portaban en homenaje a la criatura de sus amores. Es, por consiguiente, un lema caballeresco del que, a no dudarlo, la ciudad se siente orgullosa y, al tiempo, recaba entrega indiscriminada.

A Coruña y los coruñeses tienen también, decía antes, méritos y virtudes actuales dignas de resaltar.

En primer lugar, el orgullo. Un orgullo que, lejos de ser confundido con la soberbia, debe ser entendido como legítima autoestima.

En segundo lugar, la alegría. Una alegría densa y gozosamente sedimentada, que se respira y se palpa en la vida participativa de sus componentes. A estas características, tan humanas, hay que añadir otra de gran significación: la generosidad ciudadana, íntimamente ligada al carácter abiertamente receptivo de A Coruña, a esa apertura hacia el prójimo, al que siempre se le considera como un semejante.

Por eso, la existencia coruñesa resulta tan cómoda, tan vivible. Esta ciudad es una lección permanente de civilización y de  bonhomía.

El desarrollo material de la ciudad ha sido, y es, sencillamente asombroso y de año en año nos es dado percibir su crecimiento. Por añadidura, ese ir a más no se limita solo a lo material, sino que se desborda hacia lo espiritual. Así, la ciudad crece, no en exclusiva merced a grandes y hermosos edificios, sino también en inquietudes de todo tipo.  

Voy a conocer, a través de los portavoces municipales, sus preocupaciones y expectativas. Les anticipo mi interés por su afanes y mi apoyo para que se hagan realidad.

Mi visita tiene tres puntos de referencia. Primero el del Puerto, desde siempre factor decisivo de la vida y la economía coruñesas, y en el que tendré ocasión de encontrarme con los responsables más directamente vinculados a su actividad.

También  el de las iniciativas empresariales que aportan a vuestra estructura productiva una apuesta por la creatividad y la innovación, que les ha dado justa fama y promueve una nueva imagen de Galicia.

Y en tercer, que no último lugar, el de la cultura, en la que especialmente os distinguís y tiene un papel destacado en la vida de los coruñeses.

Sé que no es fácil captar el pulso y la realidad completa de una ciudad tan viva como ésta en tan breve espacio de tiempo. Por eso espero tener la oportunidad de visitarla con más sosiego y holgura y satisfacer así el deseo, que también es mío, que me acaba de expresar vuestro Alcalde.

Termino alentándoos a continuar trabajando por la prosperidad de A Coruña, y a concertaros para abrir a vuestros convecinos los caminos de un mañana que ha de ser de todos y para todos.

Moitas gracias polo voso cordial recibimento, ò que correspondo con todo o meu afecto.

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