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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de entrega del Premio Cervantes 1995 a Camilo José Cela

Madrid(Alcalá de Henares), 23.04.1996

E

l Premio Cervantes cumple en esta edición su vigésimo aniversario. La relación de los autores que lo han recibido constituye una de las muestras más significativas de la vitalidad de nuestra lengua común como hilo conductor de una cultura y una vocación universal que crece y se renueva constantemente en el ámbito de nuestra comunidad iberoamericana.

Con los acentos diversos propios de cada personalidad y estilo, los Premios Cervantes dan testimonio del elevado aliento y el carácter integrador de la lengua castellana.

Por vez primera, en esta ocasión el premio ha recaído en una figura excepcional cuya envergadura universal ya ha sido reconocida hace algo más de seis años con el Premio Nobel de Literatura.

Hablar sobre la figura y la obra de Camilo José Cela, sobre quien ya se ha dicho todo o casi todo, es algo tan difícil como natural. Su nombre forma parte de nuestra sociedad y de nuestra cultura desde hace ya más de medio siglo; es una parte consustancial de nuestra naturaleza, de nuestro paisaje vital, que sin él estaría incompleto.

Su nombre y su obra se reiteran sin repetirse nunca como si fueran algo evidente, se siguen y se persiguen sin cesar, pero nunca son los mismos.

Mañana se cumplen cincuenta años de la aparición del primer cuento de nuestro escritor, quien así lo señala en su libro "Memorias, entendimientos y voluntades".

La publicación en 1942 de "La familia de Pascual Duarte", marcó un hito en aquellos difíciles tiempos, y abrió un camino por el que empezó a transitar la mejor y más joven literatura española.

Investigador permanente, renovador de la literatura de viajes por España, y observador atento de la realidad hispanoamericana, Cela fue sembrando con su talento los cuatro puntos cardinales de España a través de relatos, cuentos y artículos publicados en los medios de comunicación.

Al mismo tiempo, en su obra se respiraba también lo mejor y más profundo de nuestra literatura reciente, desde los aspectos más dramáticos y surrealistas de la generación del 27 a las prosas de Valle-Inclán, de Baroja o de su admirado Solana, el pintor cuya breve pero importante obra literaria se encargó de rescatar y difundir en su discurso de ingreso en la Real Academia Española.

En su tarea, el escritor posee un arma decisiva a través de la cual se puede, como en su caso, conquistar la eternidad; la palabra, esa palabra en la que reside toda poética, como él mismo nos recordaba hace unos días en uno de sus admirables artículos.

Tras un largo silencio como autor de novelas largas, Camilo José Cela volvióa arriesgarse de nuevo por territorios inexplorados, en sus novelas sobre la guerra civil, y en monólogos misteriosos y desgarros expresionistas.

Junto con la palabra, Cela encuentra en la naturaleza, y sobre todo en el amor, con todos sus triunfos y fracasos, un modo de luchar contra la muerte, y lo hace dentro de unos límites estéticos que hunden sus razones en el lenguaje mismo de nuestros clásicos.

Pues también, según se atribuye a Cervantes, "la pluma es la lengua del alma" y el alma de este artista que es Camilo José Cela, explorador de la naturaleza humana, de la tierra y de las gentes de España, mantenedor sin igual de nuestro idioma, es un permanente derroche que nos desborda a todos.

A todos, salvo quizá al propio autor, cuya extraordinaria vitalidad dibuja una trayectoria inmensamente humana, con una incansable capacidad para sorprendernos y deleitarnos, que tan bien conocemos cuantos hemos tenido la suerte de tratarle y de recibir de él lecciones que parece que no lo son, y constantemente nos animan y nos enseñan.

Nos quedamos esperando, como siempre, sus nuevos libros. Por ejemplo ese siguiente Turno de replica que culminará sus memorias, o esa "Madera de boj", tantas veces prometida, con tanta curiosidad como esperanza.

¿Por dónde volverá a salir de nuevo Camilo José Cela?. Hace poco proclamaba que sigue siendo él mismo, que sigue pensando lo mismo. Eso es lo que nosotros seguimos esperando de él.

Así quisiera afirmarlo en este acto de homenaje y reconocimiento que hoy le estamos tributando.

Querido Camilo José Cela, muchas felicidades.

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