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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena ofrecida en su honor por el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos

México D.F., 04.04.1997

S

eñor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y Señora de Zedillo,Distinguidas personalidades,Señoras y señores,

Con enorme satisfacción recibimos la Reina y yo vuestra amable invitación para venir de nuevo a México en visita de Estado.

Sentimos, Señor Presidente, la sensación de volver a casa. Y hacerlo además en la seguridad de una acogida cálida, cordial y generosa, que hemos podido comprobar ya a lo largo de todo el día de hoy.

Esta vez, nuestra presencia coincide con un hecho singular: el XX aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre nuestros dos países.

Desde aquí, quiero expresar mi agradecimiento a cuantos trabajaron  afanosamente -muchas veces en la sombra- para reiniciar formalmente unos vínculos, que reconocían la realidad de un hecho que nunca desapareció: un entramado de entrañable amistad y relación, cuyo progresivo crecimiento y consolidación ni siguiera circunstancias adversas pudieron impedir.

Y es que, aunque partamos de raíces diferentes, Señor Presidente, nuestra historia en común enriqueció y moduló de tal forma la personalidad de españoles y mejicanos, que es imposible conocernos a nosotros mismos si no aceptamos ese gran acervo pluricultural que nos caracteriza.Todo ello forma parte de nuestras señas de identidad y es, frente a lo que algunas veces se dice, nuestra gran fuerza, no nuestra debilidad.

Por eso, cuando en 1977 se reinician las relaciones diplomáticas, éstas se basan en un sustrato que nunca dejó de crecer y alimentarse y que se cimentó en esa comunicación fácil y espontánea que se da entre los pueblos hermanos.

A partir de ese  momento, los intercambios y los contactos volvieron a  crecer sin cesar en un entorno propicio y a lo largo de estos años se han hecho firmes y recíprocamente beneficiosos.

A veinte años vista, podemos sentirnos legítimamente orgullosos del trabajo realizado. Lejos de fiarlo todo al desarrollo espontáneo de esas relaciones, hemos creado una densa estructura jurídica, comercial y cultural que ha servido, sirve y servirá como sustento para su constante enriquecimiento.

El Tratado General de Cooperación y Amistad entre México y España de enero de 1990 es la base jurídica sobre la que se está construyendo y permanentemente actualizando el sólido edificio de nuestra relación bilateral.

Así, el pasado mes de febrero entró en vigor el Acuerdo para la Promoción y la Protección Recíproca de Inversiones, que busca fomentar unas intensas relaciones económicas mediante la invocación y la utilización de las garantías que nuestros sistemas jurídicos, plenamente compatibles y coherentes el uno con el otro, ofrecen a la iniciativa de los empresarios creadores de riqueza.

Meses antes, se firmó el Protocolo modificativo del Tratado de Extradición entre España y México, que será sin duda una valiosa ayuda en la tarea de defender a nuestros pueblos de azotes y amenazas contemporáneas que rebasan fronteras  y que sólo se pueden combatir con una coordinación internacional seria y eficaz.

Sabéis también, Señor Presidente, que España tiene un interés claro en que el futuro Acuerdo entre México y la Unión Europea, cuya negociación avanza durante estos meses, sea tan amplio y tan concreto como conviene a las necesidades de nuestros dos países.

Por ello, seguiremos esforzándonos cerca de  nuestros socios europeos para que las relaciones políticas, comerciales y de cooperación de la Unión Europea con México se reflejen en un acuerdo de gran alcance, satisfactorio para las dos partes.

Señor Presidente,

Esas relaciones magníficas y llenas de contenido entre nuestros dos países no se dan en el vacío, aisladas de los intercambios que España y México sostienen con otras naciones.

Hay en nuestras relaciones una dimensión especialmente profunda y compleja en su riqueza, que es nuestra participación conjunta en el grupo de naciones que constituyen la gran Comunidad Iberoamericana.

Al mirar hacia atrás, y al comparar la situación de hoy con la de hace unos años, podemos expresar una justificada satisfacción. La democracia se ha establecido firmemente en la inmensa mayoría de los países de nuestra comunidad, arraigada en tradiciones históricas propias de nuestra herencia cultural, que deben mantenerse siempre en un primer plano, dando vigor a los sistemas jurídicos y a las instituciones.

Tras un período peligroso de estancamiento económico, los países iberoamericanos han encontrado una orientación definida para hacer posible el progreso económico. Hoy reconocemos todos que la democracia política y el avance económico son inseparables, y la vida de nuestras naciones se guía por este principio.

Los conflictos que devastaban algunas regiones de la comunidad iberoamericana, y muy señaladamente a las naciones centroamericanas, han ido encontrando soluciones en el marco del diálogo, que México y España han sabido auspiciar compartiendo los mismos criterios y los mismos objetivos.

Hoy podemos felicitarnos por la paz alcanzada en Guatemala, firmada el pasado mes de diciembre, porque en ese proceso participaron España y México como miembros del Grupo de Amigos, mostrando su compenetración para proporcionar ideas que abrieran el paso en un diálogo difícil. Todos los países de la Comunidad Iberoamericana sentimos especial agradecimiento por el papel que en ese proceso desempeñó México, no sólo como sede para las negociaciones más importantes y delicadas, sino como incesante promotor de soluciones.

Señor Presidente:

Como ya dijo el Príncipe de Asturias durante su visita oficial en junio de 1995, a los españoles nada de lo que sucede en este gran país nos es indiferente. Por eso, seguimos con gran atención su reciente evolución y somos conscientes de las dificultades pasadas.

En esos momentos difíciles, que es cuando los amigos tienen que hacerse presentes, España siempre estuvo al lado de México. Desde el principio tuvimos confianza en que encontraría rápidamente el camino para volver al crecimiento económico sostenido y a la creación de riqueza. Su potencial humano, económico, cultural, así como la firme determinación de Vuestra Excelencia, hacían presagiar lo que ahora ya contemplamos: el inicio de una nueva etapa de recuperación.

Pero todo ello no se puede conseguir sin el apoyo consciente de la sociedad y una participación activa de la misma como protagonista de su propia historia.

Por eso, Señor Presidente, en vuestro discurso de toma de posesión subrayasteis la importancia de la educación en el bienestar y desarrollo de la Nación. Es indudable que en nuestros días, quizás más que en cualquier otro momento histórico, la formación de los niños y de los jóvenes es un elemento esencial para que adquieran conciencia del papel protagonista que tienen en el desarrollo de su propio país.

Me felicito por ello de la cooperación que España y México tienen en este campo y estoy seguro que aumentará progresivamente.

Permitídme concluir, Señor Presidente, expresándoos, en nombre de todos los españoles, nuestro deseo de caminar juntos por la senda del progreso, la paz y la solidaridad. La dimensión de nuestros pueblos se agranda con la presencia del otro. Juntos nos complementamos,  separados nos disminuimos. Nuestra cooperación  será tanto más fructífera cuanto más conscientes seamos de esta realidad.

Por ello, Señor Presidente, asegurándoos la simpatía y la solidaridad del pueblo español, quiero ahora levantar mi copa por la paz, prosperidad y bienestar del hermano pueblo mexicano y por vuestra ventura personal y la de vuestra distinguida esposa.

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