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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de Jura y Entrega de Títulos a la XI Promoción de Policía en la Escuela de Policía de Ávila

Ávila, 02.07.1997

E

xcmo. Sr. Ministro del Interior,Excmo. Sr. Presidente de las Cortes de Castilla y León,Excmas. e Ilustrísimas Autoridades,Sras. y Sres.

Quiero, en primer término, transmitir a los miembros de la undécima Promoción de la Escala Básica del Cuerpo Nacional de Policía mi más sincera enhorabuena y mi más cariñosa felicitación, en este día tan lleno de significado para vosotros.

Hoy quiero compartir con vosotros mi enorme alegría y la de toda la Familia Real, (que ayer mismo expresaron Sus Majestades los Reyes), por la libertad de dos compatriotas injustamente privados de ella durante largo tiempo. Ellos y sus familias saben que toda España ha vivido como propia su felicidad en estos días.

En esta ocasión quiero también felicitar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que hoy aquí vosotros, representáis. Las actuaciones en el día de ayer son ejemplo de vuestra capacidad y de vuestra profesionalidad y motivo de justo orgullo para todos.

Comenzáis hoy vuestra carrera profesional llenos de ilusiones y esperanzas y animados por el profundo deseo de prestar un servicio a nuestra sociedad.

La Constitución atribuye a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad la misión de proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y garantizar la seguridad ciudadana. De esa manera, el Estado hace depositario de su máxima confianza a vuestra Institución, el Cuerpo Nacional de Policía, al encomendarle, junto a la Guardia Civil y demás Fuerzas de Seguridad, el mantenimiento de las condiciones necesarias para que nuestra sociedad pueda desenvolverse de forma ordenada, libre y pacífica.

Esa confianza, que debe constituir para todos vosotros un motivo de especial orgullo, supone una alta responsabilidad que os obliga a que vuestra conducta sea siempre un ejemplo para los ciudadanos, guiada por los principios de legalidad e imparcialidad que se derivan de vuestra condición de valedores de la libertad y seguridad de los ciudadanos.

Asimismo, los valores que caracterizan el espíritu policial como son el esfuerzo, el sacrificio y la absoluta capacidad de entrega, y que hoy más que nunca os animan, debéis mantenerlos siempre vigentes a lo largo de vuestro camino profesional. Será ese el mejor bagaje con que podréis afrontar y superar las dificultades que os vais a encontrar en vuestro quehacer diario y, al mismo tiempo, honrar a la Institución de la que formáis parte, contribuyendo así a consolidar su tradición.

El futuro más inmediato va a plantear cada vez más demandas y nuevos retos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Con el vigor y la generosidad de vuestra juventud, debéis asumir con total entrega la responsabilidad de dar respuesta satisfactoria a estas nuevas necesidades en una actitud de permanente y constante superación para el mejor cumplimiento de vuestras obligaciones y para ratificar la más plena identificación entre la Policía y los ciudadanos.

En base a todo ello, si estáis a la altura de la exigencia que el Estado social y democrático de Derecho demanda de la función policial, recibiréis a cambio la mejor recompensa que todo servidor público puede desear: la gratitud y el respeto de la sociedad.

No puedo dejar de manifestar en éste, mi primer acto oficial con el Cuerpo Nacional de Policía, en un marco tan entrañable como es esta magnífica Escuela, mi reconocimiento a todos los que integran la gran familia policial, representados hoy en vosotros, los que integráis la undécima promoción, por la labor abnegada que día a día desempeñan.

A todos ellos les animo para que perseveren en su tarea, para que mantengan viva su vocación de servicio y sirvan de modelo a las promociones venideras, dando de este modo continuidad a una Institución que sabe ganarse, día a día, la admiración y el respeto de todos.

Quiero también aprovechar un momento tan lleno de sentimientos para rendir homenaje y dedicar el más cariñoso de los recuerdos a todos aquellos miembros del Cuerpo Nacional de Policía que han llevado hasta el límite su espíritu de sacrificio, esto es, dando su vida o siendo heridos en acto de servicio. Es el deber de todos y, en especial, el deber de quienes les habéis sucedido, el dar sentido y significado a esa pérdida, teniéndoles siempre presentes en vuestro pensamiento como ejemplo y aliento de vuestra labor.

La sociedad espera mucho de vosotros y estoy seguro de que sabréis responder acertadamente a esa expectativa. Por ello, transmito mi apoyo y afecto a los que iniciáis el recorrido de tan apasionante camino y os deseo a todos el mejor de los éxitos, porque el éxito de cada agente de policía es también el éxito de la sociedad a la que sirve.

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