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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de apertura del Curso Universitario 1999-2000

Valencia, 06.10.1999

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Excmo. Señor President de la Generalidad Valenciana.- Excmo. Señor Ministro de Educación y Cultura.- Excmo. Señor Rector Magnífico de la Universidad Valenciana.- Autoridades / Rectores Mágnificos Invitados.- Señoras y Señores.Cuando una Universidad como esta de Valencia cumple quinientos añostodos deseamos felicitarnos de que haya cumplido un ciclo tan largo y significativo.

Cinco centurias suponen la pervivencia de un proyecto, precisamente a través de los cambios que han impuesto los tiempos y circunstancias, el tesón quesupone mantenerlo mediante los recursos y estímulos necesarios, e incluso el valor necesario para adelantarse al presente y proponerle nuevos derroteros.

Estos son los méritos que reconocemos con justicia a este centro universitario, y a todos los de España que hoy se hallan aquí representados y a los que saludamos con afecto al inaugurar hoy el curso que da entrada al emblemático año 2000.

La Universidad de Valencia nació en un ambiente y con un propósito humanista, como fruto de una coyuntura excepcional de esta ciudad, proclamada por sus poetas y pintores, y firmemente anclada en un resurgimiento económico que sustentaba y daba alas a los más altos empeños. Cinco siglos después, tenemos que preguntarnos qué queda de aquel humanismo y si hay lugar para él en nuestro tiempo.

A la vuelta de los tiempos, y tras muchas experiencias, unas logradas y otras fallidas, comprobamos con alegría que aquellos viejos ideales siguen vivos bajo formas distintas e igualmente renovadoras, y que la Universidad sigue siendo el hogar por excelencia de estos valores y el faro que los difunde y los hace asimilables y atractivos.

Por ello la extensión de la enseñanza universitaria a grupos y sectores de la población española que hasta hace poco no tenían acceso a ella no es, no puede ser, sinónimo de vulgarización. Al contrario, supone una elevación del tono vital del conjunto de la ciudadanía y  de las perspectivas del progreso de nuestra nación.

Y no sólo en el sentido de que haya más titulados, personas más capaces y con mejores expectativas, sino , sobre todo, porque la universidad proporciona, junto con sus tradicionales contenidos académicos, unas oportunidades que le son consustanciales y constituyen hoy día su verdadera razón de ser.

En primer lugar,  porque es una escuela de libertad, de crecimiento interior y plena realización personal. Además porque, como centro de estudio e investigación, promueve nuevas vocaciones y proporciona amplio campo al desarrollo de los talentos, nuevos o consagrados. Finalmente, porque es una institución para la sociedad, a la que se dirige y con la que debe mantener un diálogo fecundo, del que dan prueba las crecientes y bienvenidas relaciones entre universidad y empresa, y la aparición de nuevas titulaciones universitarias que atienden a necesidades sociales concretas y con porvenir. Ese diálogo que debe favorecer la efectiva puesta en marcha de los mecanismos transmisores entre el Mercado de Trabajo y las aulas evitando la aparición de titulaciones sin perspectivas laborales.

El mundo actual produce cada vez más conocimientos útiles para la sociedad. El trabajo de las sociedades avanzadas no es tanto producir cosas como crear y difundir nuevos conocimientos. Estos son los factores que hoy en día explican la mayor parte del crecimiento del Producto Nacional Bruto de los países más adelantados, la innovación, la adaptación rápida a los cambios, es el saber prepararse para un mundo de cambios vertiginosos, sin perder el paso.

En este panorama de universalización progresiva de los conocimientos, la misión de la Universidad debe ser la de darles un contenido y un significado que los haga asequibles y útiles, es decir, humanos. Y así, con esos conocimientos adquiridos los universitarios nos debemos más a la sociedad, de la que los recibimos, aportando así nuestro grano de arena al progreso colectivo. No sólo se forman individuos profesionales, sino que también se forman personas que deseamos trabajen y convivan responsablemente en nuestra sociedad.A esta tarea deben dedicarse, desde sus respectivos cometidos, quienes enseñan y quienes aprenden, orgullosos de su papel y conscientes de su responsabilidad de moldear y dirigir el presente.

La antigua imagen corporativa de la institución universitaria como espacio en que conviven profesores y alumnos se transforma así en un quehacer dinámico. El del lugar de encuentro en que unos y otros protagonizan la aventura del saber.

Un saber que no és erudit o elitista, ni es dirimix en disputes d'escola, sinó substància viva; és ferment de la plena realització dels qui ho aconseguixen, com a persones, professionals i ciutadans, al servici dels altres. Un saber que és, en definitiva, un compromís amb la societat i l'expressió actualitzada de la fraternitat universal en què consistix el verdader esperit universitari.

Este és l'humanisme que hui se vos proposa i que vos convide a desenrotllar conforme a l'esperit fundacional de la vostra universitat en esta data tan assenyalada. Con el honor que supone presidir este acto, y con la satisfacción de venir a Valencia, a su Universidad. Declaro inaugurado el curso académico universitario 1999-2000.

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