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Palabras de Su Majestad el Rey en la isla de La Gomera

Tenerife(La Gomera), 14.10.1977

G

omeros:Entre los momentos venturosos que me han deparado mis obligaciones como Rey, cuento desde hoy, y con perfiles muy especiales, esta ocasión feliz de encontrarme con vosotros.Por eso quiero expresar ante todo la satisfacción que me produce estar en esta Isla de Gomera en la que Colón se despidiera del mundo conocido para comenzar la enorme empresa que fuera el Descubrimiento.

Hay muchos aspectos de esta gesta dignos de admiración, pero entre todos destacaría la fe que inundaba el alma del Almirante y que le permitió vencer todos los obstáculos que se le fueron presentando. Esta fe rotunda en el porvenir es base esencial para el triunfo de los hombres y de los pueblos. Sin ella, la vida se vacía de contenido y se convierte en algo carente de interés y de esperanza.

Por eso os invito a tomar ejemplo del Gran Descubridor para que pongáis en el trabajo de cada día ese entusiasmo que permite convertir en grandes los actos más sencillos de la actuación humana.

De esta manera, mejorando individualmente nuestra labor cotidiana cooperamos a la gran empresa de conseguir que nuestra Patria alcance unas metas de desarrollo y progreso que sin duda lograremos si todos los españoles nos entregamos a esta apasionante labor con fe, entusiasmo y confianza en el futuro.

Asistimos en estos momentos a una auténtica revitalización de las regiones de España. Adquiere nuevo vigor el ánimo de participación de todos los españoles en el quehacer público, y es importante que al adquirir las regiones nuevas responsabilidades lo hagan desde actitudes de profunda coherencia consigo mismas y con la colectividad regional y nacional a que pertenecen. El egoísmo es patrimonio exclusivo de quienes se desentienden y marginan.

La Corona contempla con íntima y profunda satisfacción que su personal compromiso de entrega al país se vea así correspondido por todos y cada uno de los ciudadanos.Considero de singular importancia esta unión creciente de todos los habitantes del Reino con su propio destino. A través de nuestra participación en la vida pública, todos comprenderemos mejor la importancia y significado de nuestras labores diarias, sean del orden que sean. El esfuerzo de cada uno, tenaz y responsablemente ejercido, sumado al de los demás, nos llevarán a esa serena, ordenada y pacífica convivencia en libertad y justicia, que es sello inequívoco de la armonía a que debe aspirar todo gran pueblo.

He venido hasta aquí a deciros cuanto antecede, porque entiendo que, en los confines de la Nación, en la insularidad española que con tanta ejemplaridad habéis mantenido con heroísmo y sin desmayo durante siglos, os habéis constituido en uno de los paradigmas señeros de esa solidaridad. Tenéis un lugar muy preferente en nuestra admiración y en nuestro afecto.En la belleza serena de esta isla, los espíritus alcanzan esas verdades claras y sin dobleces que se abren como faros sencillos al entendimiento de toda la Nación. Y no hay duda de que quienes habéis sabido vivir en una de las encrucijadas del mundo más ambicionadas por todas las potencias, sabéis también lo que queréis, lo habéis proclamado hasta la saciedad y lo defenderéis en cuantas ocasiones se presenten. Os ofendería quien lo dudara, mientras se honra a sí mismo quien lo afirma.

Gomeros:Al proclamar esa vuestra ejemplaridad, os expreso toda mi admiración y mi afecto, unido al de la Reina.

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