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Palabras de S.M. el Rey en el almuerzo ofrecido al Cuerpo Diplomático Iberoamericano y a los miembros del Patronato del Instituto Cervantes

Palacio del Pardo, 15.10.1998

C

on gran satisfacción,  me reúno  un año más con todos ustedes en torno a estas fechas que nos recuerdan el nacimiento, hace ya más de quinientos años, de esta gran Familia de Pueblos.

Acabamos de celebrar la reunión del Patronato del Instituto Cervantes. En ella he podido constatar los renovados esfuerzos de esta institución por dar a conocer nuestra lengua y cultura en el mundo. Y digo bien nuestra, aquí  y ahora, porque como saben, el Instituto tiene encomendada por ley la promoción no sólo de la lengua sino de la cultura de todos los pueblos de habla española.

Si consideramos el camino que hemos recorrido durante la última década, tendremos sin duda motivos para sentir un razonable orgullo.

Nuestros países han avanzado considerablemente en la consolidación democrática y en la promoción de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Nuestras economías, a costa de grandes sacrificios, han conocido un proceso de saneamiento que nos permite confiar en un futuro de crecimiento estable, más allá de tormentas coyunturales.

El avance que hemos experimentado en esta década, con ser importante, no debe,  sin embargo, instalarnos en la complacencia sino que, al contrario, constituye más bien un estímulo para alcanzar metas más ambiciosas.

Dentro de pocos días los Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Iberoamericana nos reuniremos, en la ciudad de Oporto, en lo que constituirá la VIII Cumbre Iberoamericana.

Las Cumbres Iberoamericanas han demostrado su eficacia en un triple campo:

En primer lugar, como foro de concertación política y como articulación al más alto nivel de nuestra comunidad, han acompañado y estimulado las importantes transformaciones políticas, económicas y sociales que, como decía, se han producido en nuestros países durante la década de los noventa.

En segundo lugar, como ámbito de cooperación específicamente iberoamericano, las Cumbres han impulsado una serie de importantes programas de cooperación, que benefician a millares de nuestros conciudadanos y que han contribuido a aumentar una conciencia común y a estrechar los vínculos entre nuestras naciones.

Y, en fin, lo que no es menos importante, las Cumbres Iberoamericanas han hecho posible que la Comunidad Iberoamericana de Naciones hable con una voz propia en el escenario internacional.

El tema elegido por la Secretaría Pro Témpore portuguesa para su consideración en la Cumbre de Oporto es el de "Los desafíos de la globalización y la integración regional".

Pocos temas pueden ser de mayor actualidad e interés, particularmente si tenemos en cuenta las repercusiones de la  presente crisis financiera internacional. Estoy convencido de que la Declaración Final de Oporto supondrá un claro pronunciamiento de la Comunidad Iberoamericana sobre la difícil coyuntura en que nos encontramos.

La Cumbre se llevará a cabo con un nuevo formato, que persigue potenciar las sesiones de trabajo y aligerar sus aspectos protocolarios. En el curso de sus sesiones examinaremos, por último, la creación de un órgano permanente, una Secretaría de Cooperación Iberoamericana.

 La decisión de crear este órgano permitirá subrayar, en su caso, el compromiso de todos nosotros, países iberoamericanos, en la construcción de nuestra Comunidad, y estoy convencido de que contribuirá de modo importante a dar una mayor visibilidad y eficacia a los programas derivados de las Cumbres.

España es también socio de peso en la Unión Europea. Ustedes mejor que nadie, en cuanto privilegiados observadores del desarrollo de nuestra política exterior, han podido constatar el continuado progreso e intensificación de los vínculos existentes entre la Unión Europea e Iberoamérica que se ha venido produciendo desde el ingreso de España y Portugal en la entonces Comunidad Económica Europea.

Este es para nosotros un objetivo irrenunciable y, en este sentido, me congratulo de que en junio del año que viene tenga lugar la primera Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y América Latina y el Caribe, una idea propuesta en su día por España.

La Cumbre persigue alcanzar objetivos ambiciosos en las áreas del diálogo político, los asuntos económicos y comerciales, y el ámbito cultural, educacional y humano. Permitirá un intercambio de experiencias y de consultas enriquecedor para ambas partes, e impulsará la cooperación existente entre estas dos regiones del mundo. El Gobierno español se encuentra ya trabajando en esa dirección, en contacto con sus socios de la Unión. En definitiva, esa primera Cumbre  reflejará el mutuo interés estratégico en  el desarrollo de una nueva asociación entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe.

Para concluir, señores Embajadores, quisiera transmitir por  intermedio de ustedes a los Jefes de Estado, a los Gobiernos y a los pueblos que tan  dignamente representan,   mis mejores deseos de prosperidad y de bienestar, que también deseo expresar personalmente a ustedes.

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