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Palabras de Su Majestad el Rey en la Inauguración del XIV Congreso Internacional de Archivos

Sevilla, 21.09.2000

H

ace ya más de dos siglos, en 1785, en una época en la que el impulso de la Ilustración se traducía en la fundación de algunas de las instituciones pilares de la cultura española, mi antepasado el Rey Carlos III quiso reunir en un solo edificio los documentos relativos a la presencia de la Corona española en América y Filipinas.

Nació así el Archivo General de Indias, una de las mayores glorias de esta ciudad y meta obligada de muchos investigadores de todo el mundo. En su sede, el herreriano edificio de la Casa de la Lonja, magnífica obra arquitectónica a la altura de la extraordinaria riqueza de los fondos que guarda, se custodian más de cuarenta mil legajos, imprescindibles para entender buena parte de la historia de España y de su proyección ultramarina.

Gracias a esta centenaria institución, Sevilla es una de las capitales de la archivística mundial, y éste es el motivo por el que ha sido elegida para albergar este Congreso Internacional que hoy inauguramos.

Celebro comprobar la presencia en sus sesiones de distinguidos representantes de los archivos de Iberoamérica, que subrayan con su asistencia la especial vinculación de esta ciudad con su rico y variado universo, iniciada con la constitución en 1503 de la Casa de la Contratación y de la que son ejemplos en este siglo la Exposición Iberoamericana de 1929 y la EXPO de 1992.

Los archivos son lugares privilegiados que preservan las múltiples manifestaciones de la historia de la sociedad y de los individuos, de modo que los frágiles materiales que la sustentan no sufran la injuria del tiempo, el abandono y los estragos provocados por los conflictos bélicos y sociales.

Pero no sólo protegen estos textos y documentos, sino que los organizan y les dan coherencia y, en muchos casos, sentido. Los archivos conservan la memoria de los hombres y también la difunden. Tienden un puente entre el presente y el pasado para que entendamos mejor nuestra condición de hombres capaces de dirigir su mirada hacia lo que fue y actualizarlo en el porvenir, como protagonistas del tiempo y constructores del mañana.

Aquí encontramos los testimonios que reflejan las grandes decisiones históricas, pero también la intrahistoria que podemos rehacer para, así, acercarnos más a cómo fue hace siglos la vida cotidiana de nuestros semejantes. A través de los archivos se puede reconstruir el color de la vida del pasado, rescatar la rutina y lo extraordinario. Porque, no lo olvidemos, detrás de cada documento hay unos hombres, con sus aspiraciones y sus formas de ver la realidad.

Por tanto, la labor de los archiveros resulta de gran importancia para la sociedad, en su doble proyección de preservar los testimonios del pasado y de organizar los del presente para hacerlos accesibles en el futuro. En la sociedad actual, esta labor se ve favorecida por la implantación casi universal de las nuevas tecnologías, que ayudan a la conservación, la reproducción y la difusión de los materiales archivísticos.

El Congreso que hoy inauguramos expresa en su lema, "Los Archivos del Nuevo Mundo en la Sociedad de la Información", el papel que tienen los archivos como centros neurálgicos de esa información, y la necesidad de reforzar su relación, natural e imprescindible, con los avances tecnológicos, que hoy son el medio más eficaz para revitalizar y hacer operativo el patrimonio cultural que les ha sido encomendado.

La cooperación y la constante comunicación entre archivos y archiveros debe ser una de las respuestas al desafío de la globalización de la información. A lo largo del siglo que termina, se han multiplicado estos contactos a través de todo el mundo. Los Congresos Internacionales de Archivos son foros fundamentales para el fructífero intercambio de ideas, por encima de las fronteras culturales y lingüísticas. El programa de este que hoy inauguramos va a facilitar, sin duda, el diálogo entre los profesionales y va a sentar nuevos cauces para que ese diálogo siga progresando en el futuro.

Sus organizadores han entendido estas sesiones como el lugar más idóneo para dar a conocer la trascendencia de vuestra tarea, suscitar el reconocimiento que merece, y formular proyectos ambiciosos, a la altura de vuestra responsabilidad con la sociedad y el mundo de la cultura.

Les felicito por ello, y les animo a seguir desarrollando su trabajo con la fe y el entusiasmo que siempre les han distinguido.

Declaro inaugurado el decimocuarto Congreso Internacional de Archivos.

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