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Palabras de Su Majestad el Rey con motivo de la ofrenda al Apóstol Santiago

La Coruña(Santiago de Compostela), 25.07.1976

S

eñor Santiago, vengo a Compostela, en este año jubilar, a postrarme ante vuestro sepulcro y presentaros, en nombre de la nación española, la tradicional ofrenda, símbolo de nuestro agradecimiento por la valiosa protección que nos dispensáis.

Desde los lejanos tiempos del primer milenio, cuando la cristiandad se veía asediada en todas direcciones, hicisteis de esta Compostela gallega una fortaleza irreductible de la fe y vuestra morada permanente, abriendo un camino de peregrinación que ha sido vehículo de cultura y de fecunda comunicación con todos los pueblos de Europa, y elemento fundamental en la historia de nuestra patria.

Muchos Reyes de España, mis antecesores, tuvieron a honra venir a venerar vuestras santas reliquias; y el Generalísimo Franco, que me precedió en la Jefatura del Estado, os presentó personalmente esta ofrenda en varias ocasiones. Millones de peregrinos de todas las naciones del mundo han recorrido el Camino de Santiago: santos y pecadores, débiles y poderosos, intelectuales y sencillos campesinos vinieron a esta catedral en busca de la gracia y del perdón. Toda España os venera como su santo patrón, y los ejércitos os invocan como su especial defensor.

Hoy vengo para reiterar ante el Apóstol de España nuestra profesión de fe cristiana; para hacer un público acto de esperanza en el futuro de nuestra patria; para prometer que mis acciones se han de basar en una verdadera caridad, en una entrega total a todos los españoles.

Señor Santiago, patrón insigne de España, en este comienzo de mi reinado, al traeros esta renovada ofrenda de la nación que en nombre de Jesús vinisteis a salvar, os pido que intercedáis por este gran pueblo de España. Deseamos preservar y confirmar lo mejor de nuestra tradición; deseamos que España se modernice, y sepa alumbrar en todo, y también en lo espiritual, una visión renovadora de la vida social. Queremos hacer reinar la justicia, procuramos y buscamos la paz, la reconciliación, la convivencia generosa en la libertad y el orden, la tolerancia en el respeto mutuo y en la fortaleza de un Estado seguro y eficaz.

Rogad a Dios nuestro señor por la familia española, por los trabajadores todos del país, por las autoridades y funcionarios públicos, por las Fuerzas Armadas, por los sacerdotes, por los educadores, por los más necesitados y por aquellos que los asisten, por los ancianos y los jóvenes y por los españoles en el extranjero. Que Dios destierre de España el odio y el egoísmo, bendiga nuestro trabajo y nos dé el fruto de nuestro esfuerzo y de nuestro amor. Os reiteramos nuestro agradecimiento por haber hecho posible que en este año jubilar hayamos podido venir a venerar vuestro altar en esta basílica compostelana y, a vuestras plantas, abrir nuestro corazón a una firme esperanza.

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