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Palabras de Su Majestad el Rey con motivo de la cena de gala que han ofrecido en honor del Presidente de Gabón Omar Bongo y al pueblo gabonés

Madrid(Palacio Real), 07.11.1977

S

eñor Presidente, España, vecina de Africa, unida a ésta por antiguos y múltiples lazos, ha desarrollado una especial sensibilidad hacia el acontecer de sus pueblos. Es España la que por mi mediación os da hoy la bienvenida, como primer Jefe de Estado africano que en esta nueva era de nuestra historia honra con su presencia suelo español. Más aún, debemos congratularnos por una feliz conjunción, pues concurren en vuestra persona la doble condición de Presidente de un país amigo, la República Gabonesa, y la de Presidente en ejercicio de la Organización de la Unidad Africana.

Vuestra visita refleja así la importancia que España concede al continente africano, formado por una comunidad de naciones que han reafirmado, a lo largo de un proceso histórico irrevocable, su propia identidad, a la par que, protagonistas mundiales de primera fila, han contribuido al desarrollo de la paz y solidaridad entre los hombres. Hitos de esta etapa siguen siendo el proceso descolonizador, la lucha por la desaparición del subdesarrollo, la eliminación del racismo y de la discriminación racial y el intento de crear un nuevo orden económico internacional. Los pueblos y líderes africanos han sido de modo sobresaliente pioneros en la intensa búsqueda de soluciones que reconcilien lo justo con lo posible y en encontrar atajos que aceleren la historia en su impulso natural hacia una convivencia más humana.

Vos, señor Presidente, en unión del pueblo gabonés, no habéis faltado a esta cita. Sabemos de vuestros esfuerzos, de vuestras originales iniciativas en favor de una sociedad más equitativa, más desarrollada, que sea modelo y banco de prueba de aquellas ideas que han llevado a Africa a colocarse en las encrucijadas de la historia contemporánea.

Quizás por ello, a pesar de distancias geográficas y culturales, las relaciones entre Gabón y España han transcurrido siempre por caminos de comprensión y ayuda mutua, sin que entre nuestros países surgiesen contenciosos que pudiesen entibiar nuestra sincera amistad. Pero creo, señor Presidente, que ha llegado el momento de mostrarnos exigentes y acrecentar estos vínculos para el mayor bienestar de nuestros pueblos. Para ello, los hechos tienen que ser continuación de las palabras, firme constancia de un entedimiento que impulse el desarrollo de la cooperación hispano-gabonesa, aportando cada país sus conocimientos, sus logros culturales, su técnica y su voluntad de superación y de crecimiento.

España, señor Presidente, lleva hoy recorrido un largo camino hasta encontrarse en la situación actual, sorteando dificultades inherentes a toda sociedad viva, a la vez que celebrando los aciertos de la intuición y buen sentido de su pueblo. Pero nuestra finalidad, como bien sabéis, no se agota en un vivir aislados _tarea por otra parte imposible sosteniendo una inercia de fronteras adentro, sino que pretendemos enriquecernos política y culturalmente ampliando nuestros lazos con todos los países del mundo. Es obligación gustosa y táctica necesaria empezar por lo cercano, lo más próximo a nosotros, e indefectiblemente en nuestro camino nos encontramos con el continente africano, en el que Gabón representa, bajo vuestra inspirada dirección, un papel cada vez más destacado.La dinámica de los Estados contemporáneos conlleva inevitablemente problemas y fricciones.

Es precisamente deber de buen gobernante no sentirse paralizado por los conflictos, sino transformarlos en acicate de la capacidad de comprensión y la iniciativa para resolverlos. En este aspecto, el continente africano, heredero de sus propias culturas clásicas y renovador de formas políticas, es particularmente sensible a las tensiones derivadas de los complejos planteamientos en que se mueven nuestras sociedades. Por ello responde con reflejos precisos no sólo a las exigencias de remodelación de las estructuras del Estado, sino también a la renovación de las formas de relación internacional.

Dentro de este contexto, las organizaciones regionales constituyen una pieza clave y un foro insustituible para que cristalice el afecto y la convivencia entre pueblos hermanos y se resuelvan sus posibles discrepancias. La Organización de la Unidad Africana, que hoy presidís, es concreción de esta nueva fórmula de relación entre los Estados. Es para mí, por lo tanto, señor Presidente, un motivo de amplia satisfacción felicitaros por vuestra sabia y prudente dirección al frente de esta Organización, gracias a la cual el deseo de concordia africana y la afirmación de justicia trata de encontrar su expresión más atinada y contribuir así a la paz mundial.

Podéis tener la seguridad, señor Presidente, de que España comparte este empeño y de que en el marco de una política de mutuo respeto, la Organización de la Unidad Africana y sus miembros encontrarán en mi país un amigo seguro de sus legítimas causas.

Todas estas coincidencias son motivos sobrados para intensificar nuestras relaciones. Sobre la base de la comprensión que da el intercambio fecundo intelectual, cultural, político encontraremos campos concretos de cooperación. Veis pues, señor Presidente, cómo se abre ante nosotros un amplio campo de colaboración y entendimiento. Por esta colaboración, por la salud y bienestar de Vuestra Excelencia y por la de vuestra amable esposa, por la prosperidad y felicidad del pueblo gabonés, permitidme formule los más sinceros votos.

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