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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor del Presidente de la República de Ecuador

Palacio Real de Madrid, 09.07.2001

S

eñor Presidente, Señora de Noboa:

Permitidme expresaros nuestra más cordial bienvenida con ocasión de vuestra primera visita de Estado a España, y desearos, junto a las distinguidas personalidades que os acompañan, una muy grata estancia entre nosotros.

Ecuador y España son países unidos por imborrables lazos históricos y culturales y en estos días podréis comprobar las razones que hacen muy cercanas a nuestras naciones.

Del Ecuador y del afecto con que su pueblo nos recibió en mayo de 1980 guardamos un grato, gratísimo recuerdo.

Más recientemente, el Príncipe pudo apreciar este mismo sentimiento y visitar el incomparable marco natural que ofrece el Archipiélago de las Galápagos.

De igual modo, hace sólo poco más de dos años, la Reina tuvo la oportunidad de admirar diversas regiones de vuestro país, en donde recibió una calurosa acogida, con ocasión de su visita para conocer varios proyectos que la Cooperación Española viene allí realizando.

Señor Presidente,

Somos conscientes de las dificultades económicas que ha padecido Ecuador en estos últimos años y de los esfuerzos que estáis realizando para superarlas.

Sólo en el marco de una democracia en libertad es posible un desarrollo estable y equilibrado. El fortalecimiento de las instituciones democráticas y de los partidos políticos hará posible que la modernización del Ecuador se asiente sobre bases sólidas y, en definitiva, redunde en beneficio de la nación y el pueblo ecuatorianos.

España está orgullosa de colaborar al desarrollo del Ecuador, como lo está haciendo en el conjunto de Iberoamérica. Nuestro país es el primer inversor neto en la región. Esas inversiones, que representan el ahorro y el trabajo de muchas familias españolas, son una apuesta por el futuro y la prosperidad de toda una comunidad.

España desea incrementar su presencia inversora en Ecuador. El proceso de modernización que estáis impulsando, en un marco de estabilidad política, económica y de seguridad jurídica, animará al capital y a las empresas españolas a crear riqueza, oportunidades y desarrollo en vuestro país.

La presencia de la Cooperación Española en el Ecuador, que tan fructíferos proyectos ha desarrollado en los últimos años, continuará en el futuro.

La X Comisión Mixta, que habrá de celebrarse en breve tiempo, será ocasión para progresar en las líneas que la articulan: la formación de recursos humanos, el desarrollo rural, la cooperación medioambiental y la preservación del patrimonio histórico y cultural.

El Plan Binacional de Integración y Desarrollo Fronterizo, surgido a partir de los acuerdos de paz con el Perú, será también motivo de atención preferente.

Añadiremos para el futuro la puesta en marcha de varios programas sobre microcréditos, desarrollo de las comunidades y organizaciones indígenas y fortalecimiento institucional y buen Gobierno.

Vuestro interés por la integración regional, en el seno de la Comunidad Andina, que celebramos y apoyamos, es objeto de nuestra atención. De igual modo os felicitamos porque los acuerdos de paz suscritos con el Perú hayan posibilitado establecer unas más beneficiosas e intensas relaciones entre vuestros dos países. Tuve el honor de ser testigo en Brasilia del acto de reconciliación entre dos naciones a las que España se siente unida con profundo y fraternal afecto.

Ecuador y España pertenecen a una familia de Naciones que tiene un papel cada día más relevante en la escena internacional. La Comunidad Iberoamericana, nacida de forma natural por la lógica de la Historia, se ha consolidado en los últimos diez años como una realidad llena de oportunidades para el futuro. Cada año, las Cumbres Iberoamericanas nos permiten profundizar en la concertación política al máximo nivel y reforzar nuestra cooperación, aprovechando las ventajas de una identidad compartida.

Todos los miembros de esta Comunidad tenemos un interés primordial en su éxito, porque el bien del conjunto redundará en el bien de cada uno de nosotros.

Durante el primer semestre del año próximo corresponde a España asumir la Presidencia de la Unión Europea. Se celebrará entonces en Madrid la II Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, el Caribe y la Unión Europea, una cita que constituirá sin duda una excelente oportunidad para reforzar la alianza estratégica entre dos regiones que comparten los mismos valores y principios. El diálogo político al más alto nivel abrirá cauces para que las relaciones económicas, culturales, educativas y de cooperación entre las dos regiones fluyan con ímpetu creciente.

Señor Presidente,

No quiero concluir estas palabras sin referirme a todos aquellos compatriotas vuestros que han venido a España cargados de ilusiones y esperanzas. En muy poco tiempo, su laboriosidad y sentido del deber les han hecho merecedores del respeto y la simpatía del pueblo español.

La sociedad española está abierta al fenómeno migratorio que bien comprende por su propia experiencia. Quienes han elegido esa vía, constituyen ya en España una nutrida e integrada población. La inmigración es un fenómeno enriquecedor que contribuye a nuestro desarrollo económico y social y genera vínculos humanos y afectivos que estrechan aún más nuestras relaciones.

El Gobierno de España, a través de un nuevo marco legal, ha diseñado una política destinada a garantizar los derechos de los inmigrantes y a combatir a quienes, sin escrúpulos, pretenden aprovecharse de situaciones de necesidad. Nos complace especialmente que el primer acuerdo firmado para ordenar estos flujos haya sido concluido con vuestra nación.

En este marco legal, tened por seguro, Señor Presidente, que España acogerá con afecto a los ciudadanos ecuatorianos que elijan nuestro país para residir y trabajar. Estoy convencido de que este nuevo vínculo se unirá a los muy diversos que enriquecen la amistad profunda y sincera entre nuestras dos naciones.

Por ello, Señor Presidente, quiero invitar a todos los presentes a levantar su copa por la ventura personal de Vuestra Excelencia y de la Señora de Noboa, por la fraternal amistad entre España y el Ecuador y por el bienestar y la prosperidad del pueblo ecuatoriano.

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