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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias al iniciar su visita a la Comunidad de Madrid

Madrid(Real Casa de Correos), 05.06.2001

A

unque aquí vivo, aquí nací, llego a Madrid, arropado por vuestras amables palabras, en el umbral de la visita que ahora comienzo. Una visita que, en un sentido amplio, representa también un viaje.

Todo viaje es, antes que nada, un aprendizaje interior. Cavafis da este consejo al viajero: "Pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento". Mi viaje es en esta ocasión hacia casa, hacia una realidad para mí tan cercana como la de Madrid, donde resido y he crecido. A una vivencia cotidiana cuya proximidad invita a nuevos hallazgos. Por eso espero que me lleve, si no muy lejos en lo geográfico, sí muy adentro en la comprensión y el aprecio.

Sobre el paisaje familiar de Madrid, Villa y Corte, y sobre la región que conforma la Comunidad, espero encontrar nuevas realidades y descubrir inquietudes que no conocía. Vengo a escuchar los proyectos de y para los madrileños, sus ilusiones para el futuro y sus preocupaciones actuales. Vengo, también, a que ellos me conozcan mejor en mi trabajo y en mi afán de concentrarme a lo largo de esta semana en lo auténticamente madrileño como región, gran urbe y capital del Reino, y lo hago con el sincero deseo de convivir más estrechamente con todos vosotros.

Somos vecinos desde hace muchos años, por nacimiento y educación. Conservo inolvidables recuerdos de mis años escolares, de mi estancia en la Universidad Autónoma, de tantos episodios que tienen como telón de fondo a Madrid, un hogar entrañable del que mi trabajo y curiosidad por España y por el mundo me aparta durante algunas temporadas, pero al que siempre me reconforta regresar. Sabéis de esta raigambre mía. Aquí vivo, y los madrileños os habéis acostumbrado a tenerme junto a mi Familia como vecino, pero os aseguro que también me tenéis como amigo.

Los buenos vecinos, aun gustando de la discreción, deben saludarse de vez en cuando y mostrar su mutuo interés. En mi caso, hacerlo no es difícil. Me siento parte de Madrid, igual que sé que Madrid se siente ciertamente cercana a la Corona, como acabáis de demostrarme con vuestra calurosa bienvenida. Es éste un sentimiento que, desde luego, tiene que ver con la Historia de España y con la presencia abundante de Reales Sitios en toda la Comunidad de Madrid, como los de Aranjuez, San Fernando o El Escorial. Pero para mí es sobre todo una experiencia personal, ligada a mis años de infancia y juventud.

Mi Familia me ha inculcado el amor por las regiones de España, que me han abierto sus puertas con confianza y generosidad. Comprobar ahora que Madrid, habituada a la vecindad de la Familia Real, me dispensa la misma bienvenida me llena de una honda alegría que no deseo silenciar en estas palabras.

En los últimos tiempos he observado con satisfacción los cambios que la Comunidad de Madrid ha ido experimentando. En estos dieciocho años de existencia como Comunidad Autónoma habéis conseguido un nivel de vida más elevado, una economía próspera, un lugar en la primera fila de las grandes áreas urbanas del mundo, que ocupáis en compañía de otras regiones señeras de España.

Sin olvidar vuestra historia y vuestra tradición, los madrileños habéis entendido que el lugar de esta Comunidad Autónoma está más cerca del mañana que del ayer, porque habéis hecho de esta región una tierra más apegada a los desafíos de los días futuros que a las seguridades de los siglos pasados.

La Historia de Madrid traza una curiosa evolución en el tiempo, desde su nacimiento sobreentendido como vértice administrativo del Estado en 1561 a su reciente emancipación como región autónoma en el concierto de un país fuertemente descentralizado. La Villa de Madrid mantiene la capitalidad política por encargo de la Constitución de 1978. Pero me complace saber que ésta representa para los madrileños no un derecho superior, sino una obligación de escuchar todas las voces que aquí confluyen, todas las formas de sentirse español y entender el proyecto nacional de convivencia que nos hermana. Podéis estar orgullosos de haber puesto la compleja condición de la capitalidad al servicio de España.

Sé que a veces ha podido resultaros difícil hacer valer vuestra identidad propia y diferenciada. Pero hoy ya nadie debe dudar que vuestro bienestar se debe a una capacidad de trabajo inquebrantable y a la buena disposición y simpatía que dedicáis a las gentes que vienen de todas partes. Ésa es vuestra razón de ser, y con ella mantendréis la pujanza de Madrid en la nómina selecta de las grandes ciudades del mundo, que ya no son posibles sin el concurso de las áreas que las circundan, como ocurre en vuestro caso, donde el conjunto de la región equilibra con entidad propia el peso de la capital.

Demasiado se insiste hoy en la importancia de la competencia, sin reparar en que el principio de cooperación puede ser igualmente productivo, además de más humano y solidario. Si Madrid ha descubierto esa verdad sustancial, y creo que así ha sido, no es difícil entender por qué ha experimentado notables avances en la economía, la cultura, el deporte y, en definitiva, en todos los órdenes de la vida en sociedad.

La llegada reciente de gentes de otras tierras que traen consigo lenguas nuevas, religiones distintas, usos propios, supone un nuevo reto y una obligación mutua de adaptación, en la que los madrileños tienen ocasión de manifestar su tolerancia, y los que vienen de fuera van a encontrar oportunidades de lograr una vida mejor, en fecunda convivencia con la región que les recibe. Todos han de ser al fin madrileños, unidos más por su voluntad de diálogo y laboriosidad que por un certificado de nacimiento.

Las visitas que estos días voy a realizar son testimonio del progreso de Madrid, nacido de la labor conjunta de las Universidades, el mundo de la investigación, los profesionales de diversos ámbitos, la entrega de los empresarios y los trabajadores, los servidores públicos en su más amplia acepción, y dentro de éstos los de las instituciones de las que os habéis dotado.

Sé que voy a descubrir una realidad múltiple. Soy consciente de las peculiaridades de una región marcada por la presencia de una ciudad de protagonismo mundial como Madrid, pero que sin embargo mantiene la singularidad propia de áreas como la Sierra, el Corredor de Henares, el cinturón metropolitano y tantas otras zonas que han sabido preservar su personalidad.

Esa riqueza de matices, que encierra muchos Madrid distintos y complementarios, os acerca a las otras Comunidades Autónomas que os rodean, con las que compartís paisaje, Historia y costumbres, y a las que habéis tenido presentes en vuestro escudo.

Os animo a no cejar en ese espíritu integrador, que es el que os sostiene en vuestro rechazo tenaz, de ciudadanos libres, a la intransigencia terrorista que tan injustamente se ha ensañado con Madrid. Y que es, por otro lado, en un plano más general, el que impulsa a los habitantes de esta Comunidad a conciliar la industria con los servicios, el mundo rural con el ámbito urbano, la sencillez de carácter con la visión cosmopolita.

En esta visita, que ahora emprendo a la región en la que habito, tanto más querida por ser compendio de toda la diversidad española, ese talante abierto de los madrileños es la virtud que más voy a apreciar.

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