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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la presentación del ?Informe CYD 2006?

Madrid, 23.01.2007

D

e manera muy especial me alegra presidir hoy, junto a la Princesa, este acto en el que la Fundación CYD presenta su informe del año 2006 que refleja el interés creciente de la empresa española por una colaboración estable y permanente con la Universidad, y así refuerza nuestra confianza en el porvenir.

Y nos alegra fundamentalmente por dos motivos: Por lo que supone de culminación con éxito de un trabajo profesional esforzado y que presenta conclusiones llenas de interés; Y por el objetivo de alentar la creciente participación de la Universidad en el desarrollo económico y social de España que ha presidido toda esta labor. Un enfoque en el que concurren sector público y privado, los expertos y las propias Universidades con su creciente vitalidad y capacidad de adaptación.

En efecto nuestra Universidad crece en cantidad - aproximadamente de medio millón a un millón y medio de estudiantes en 30 años - y en calidad. Así mismo, es muy relevante el hecho de que España se haya situado hoy en el décimo lugar del mundo por número de publicaciones de nuestros investigadores en revistas de prestigio contrastado. En torno al sesenta por ciento de estas publicaciones proceden de nuestras Facultades, Escuelas Superiores y Centros de Investigación, lo que muestra una evolución positiva y necesaria, que, sin duda, merece nuestro mayor aliento y apoyo, porque todavía queda mucho por hacer, como hemos oído hoy aquí.

Todo ello es una buena muestra de la transformación asumida por nuestra Universidad para afrontar las exigencias de un nuevo entorno más abierto, globalizado y competitivo.

La internacionalización de nuestra economía, hace que nos encontremos ya inmersos en un mundo nuevo caracterizado por un mercado en el que la competencia se ha multiplicado también en función de la presencia de países que, hasta hace pocos años, se encontraban aún en vías de desarrollo y, en su mayoría, fuera de las corrientes del libre comercio.

Buena prueba de la mutación que hemos vivido, es que la competitividad de no pocos sectores económicos de esos mismos Estados les ha convertido hoy en actores prioritarios, no sólo del sistema económico general, sino de las propias economías nacionales de los países desarrollados.

En este contexto, España, como octava economía del mundo, y sobre la base de la experiencia de su evolución económica a lo largo de los tres últimos decenios, es bien consciente de que nuestro porvenir depende cada vez más de nuestra capacidad para perfeccionarnos como sociedad de la innovación y del conocimiento.

Una sociedad en la que el desarrollo de la ciencia y la investigación básica, la expansión de la tecnología y de la investigación aplicada, así como, sobre todo, la formación del capital humano, constituyen, cada vez más, las mejores garantías para nuestro crecimiento económico y bienestar social. Unos parámetros hasta tal punto relevantes, que a ellos se remiten los analistas a la hora de valorar la competitividad e, incluso, la sostenibilidad a medio y largo plazo de las empresas y economías más avanzadas.

Decía al principio que la presentación del Informe CYD, del que nos ocupamos, supone, además, un motivo de confianza. No cabe duda de que España cuenta con factores particularmente positivos para asumir los retos y aprovechar las oportunidades que hoy nos presenta la transformación de la realidad económica internacional.

Somos una gran Nación. Disponemos de una posición geográfica privilegiada, a la vez europea, mediterránea y atlántica; poseemos un rico bagaje cultural, artístico y lingüístico, una red de vínculos internacionales establecida durante siglos, en función de razones históricas bien conocidas, tanto en el Viejo Continente, como en todo el Mediterráneo y en América; nuestra lengua es un idioma universal, vehículo de primer orden para el intercambio intelectual, cultural y económico, cuya utilización se intensifica palpablemente más allá de nuestras fronteras y en internet; disponemos de un número creciente de empresas punteras en sectores estratégicos; gozamos de un crecimiento económico destacado y somos uno de los mayores exportadores netos de capital. Pero, sobre todo, contamos con un acervo especialmente valioso, nuestro capital humano reforzado por los jóvenes españoles que, con su afán de mejorar y perfeccionar su formación y su capacidad profesional, representan nuestro mejor recurso para afrontar con éxito el futuro.

Sobre estas y otras bases, el papel insustituible de la Universidad para crear y difundir el conocimiento, así como para transformarlo en valor añadido, refuerza nuestras posibilidades, y, contribuye directamente al progreso y el bienestar social de España.

Las Universidad, que dispone hoy de un marco jurídico y de un sistema organizativo, con el que, con frecuencia, aspira a articular una relación más eficaz con la empresa, no sólo cuenta ya con Fundaciones y unidades especializadas, que relacionan su trabajo con la actividad empresarial, sino que presenta un aumento sostenido de la cifra de contratos de transferencia de tecnología, de cooperación, de patentes y ?spin-off?, al que se suma su creciente participación en la formación continuada de nuestros profesionales.

Por su parte, tanto la empresa, como el conjunto de la sociedad española, son progresivamente conscientes de la necesidad de contribuir, mediante los variados instrumentos de que disponen, a la intensificación del papel que la Universidad desempeña en la consolidación de un crecimiento sostenible de nuestro país, compatible con la protección de nuestro entorno natural.

Las fundaciones constituyen uno de esos instrumentos al aportar nuevas ideas, medios materiales y capacidad de trabajo y entre ellas la Fundación CYD merece una mención especial, por su planteamiento, a la vez avanzado y realista: Se ha propuesto, precisamente, contribuir a la transformación del conocimiento universitario en valor añadido para el crecimiento económico y el bienestar social, cuando las Facultades, Escuelas y Centros de Investigación así lo desean.

Con esta finalidad, creo importante destacar que la Fundación CYD ha asumido tres objetivos de especial interés y amplia proyección: fomentar el desarrollo de la cultura emprendedora en la Universidad, intensificar la percepción empresarial que las Universidades ofrecen a su estrategia innovadora, y valorar el papel creciente de las Universidades como motor de desarrollo regional.

El informe que hoy se presenta es un buen ejemplo de ese enfoque y por tanto quiero agradecer y felicitar muy cordialmente a sus autores, colaboradores y patrocinadores por el excelente trabajo que han realizado. Por todo ello, enhorabuena a todos en la Fundación CYD por ofrecer una contribución oportuna y necesaria a la forja de un futuro aún más próspero para España y para nuestra creciente proyección en el Mundo.

Muchas gracias.

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