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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del Premio Cervantes 2008 a D. Juan Marsé

Alcalá de Henares, 23.04.2009

H

oy las Letras Españolas celebran, una vez más, su fiesta grande, la entrega del Premio Cervantes, el más ilustre galardón de la Literatura en castellano.

La Reina se une a mí para felicitar muy cordialmente a Don Juan Marsé, uno de los mayores protagonistas de nuestra cultura durante el Siglo Veinte y en este Siglo Veintiuno.

No sólo hemos tenido la fortuna de poder entregarle tan alta distinción, sino que disfrutamos de la alegría de poder compartir con él este momento.

Este Premio enaltece -como bien merece- el mejor talento literario. Talento que actúa como el crisol, en el que Don Miguel de Cervantes supo fundir el realismo español y su imaginación singular -a veces, juego de espejos- con un sagaz e indulgente sentido del humor.

Todo ello, al calor de la honda comprensión cervantina del ser humano. Así, pudo Cervantes componer historias sugestivas, que vertió en una lengua sólida, clara y bella como el cristal de roca.

Al mismo tiempo, este galardón celebra la excelencia de autores que iluminan y potencian el alcance universal de la cultura en español; que contribuyen a multiplicar en el presente la rica herencia de cuantos usan nuestro hermoso idioma común.

Excelencia literaria e inspiración renovada avalan el Premio que ha merecido Don Juan Marsé. Todos ustedes conocen su biografía. A mí me gusta imaginarle en la calle, donde, tras conversar con la gente en una parada, subirá al autobús para completar su trayecto.

El autor ha sabido hacer suyos tantos trazos de la existencia urbana, con los que forja personajes, dotados de corazón y juicio propios.

Trazos con los que también ha dibujado la existencia cotidiana de nuestro país.

Cuando el lector recuerda a los protagonistas de "Últimas tardes con Teresa", sabe que cada uno, no sólo representa la quimera de un ensueño mutuo, sino que expresa una España de otro tiempo que pervive en esas páginas con la savia que el artífice le aporta.

Por eso, el aficionado a la literatura escucha, emocionado y atento, las "aventis" de los niños del barrio en "Si te dicen que caí", consciente de que aquellos sueños narrados eran entonces necesarios.

Quien lee a Don Juan Marsé acompaña al gastado policía de "Ronda de Guinardó", al tiempo que constata que las semblanzas y situaciones relatadas deben su viveza permanente a la inteligencia, sensibilidad y aguda observación del escritor.

Con esas cualidades nuestro Premiado ha construido tramas capaces de imantar al lector e introducirle en los ambientes más dispares de Barcelona.

Así, el escritor ha hecho también sitio a la voz de quienes regresaron, todavía fuertes para caminar por las calles que una vez perdieron. Criaturas que en sus páginas sueñan con lo que pudo ser y recuperan viejas emociones, con un embrujo como el que emana de su obra "El embrujo de Shanghai".

Esos caracteres, que en las páginas de "Rabos de lagartija" observan minuciosamente el pasado, permiten descubrir que el tesoro que poseen o buscan, no esconde monedas, ni joyas, sino un recuerdo que se ha ido transformando en mito durante su reposo en la oscuridad.

Lecciones literarias, integradas en la multiplicidad existencial de figuras tan humanas en su debilidad, como en su nobleza.

La riqueza de los protagonistas del ganador del último Premio Cervantes les hace perdedores y vencedores de la vida. Les queremos, les reprochamos sus traiciones y celebramos siempre su autenticidad.

"Autenticidad" sería quizá un concepto clave en la obra de Don Juan Marsé y, sin duda, una de las razones de la consistencia de sus personajes, del brío de sus historias o del rigor de su palabra.

Consistencia, brío y rigor de quien, enamorado del arte de narrar, trabaja el idioma durante el tiempo necesario con su saber, intuición y memoria, para lograr la perfección del miniaturista o del orfebre. Esa autenticidad admirable también se da en la actitud crítica con que Don Juan Marsé se manifiesta como escritor ante la sociedad.

Por todo ello, el Premiado puede regalarnos una realidad inventada, tan verosímil como la misma realidad.

Un torrente de ficciones en el que caben todos los fracasos, todos los sueños, todos los mitos de las viejas salas de cine.

De esta forma, el Premio Cervantes de este año nos asoma a "una sociedad determinada en un determinado momento", según pedía el maestro Josep Pla al quehacer literario.

Nuestro autor brinda al lector un uso inimitable del castellano -como lenguaje multisecular y como espacio de creación siempre renovado- con el que muestra perspectivas inéditas del vivir diario.

Un cúmulo de valores que permite a los amantes de la literatura en los Cinco Continentes adentrarse, con espíritu de descubrimiento, en un cosmos complejo y disfrutarlo.

Enhorabuena de nuevo, Don Juan, en nombre de la Reina y en el mío, por este merecido Premio, por el dominio de la lengua que emana de la difícil sencillez de su prosa, y por el empeño en hacer de España, con su pluma, una Nación aún más solidaria, más justa y más humana.

Declaro clausurado el Acto de entrega del "Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes" 2008. Muchas gracias.

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