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Palabras de Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina en la Ofrenda al Apóstol Santiago

Santiago de Compostela, 25.07.2002

S

eñor Santiago, Santiago de Galicia, Santiago de España, Santiago de América: a la sombra anchurosa de tu triple advocación, vengo a presentarte, en nombre del Rey mi Padre, esta Ofrenda, que simboliza el homenaje y reconocimiento por tu protección, de la Corona y los pueblos de España.

Desde antiguo tu casa es punto de llegada de muchos hombres y sus historias, personales y colectivas, que encuentran, al amparo de tu paz, el estímulo de los valores del espíritu que dan sentido a nuestras vidas, y renuevan la esperanza que necesitamos para cumplir con dignidad la tarea que se nos ha encomendado.

Yo también quiero beber de este hontanar, tan antiguo y sin embargo siempre nuevo, y extraer de él las luces que nos señalan el camino, y las palabras que nos animan a recorrerlo.

Este ano celebramos no teu día a Santiago de Compostela como capital de Galicia. Unha capitalidade que se acepta como servicio antes que privilexio, e se manifesta cos signos da civilidade e o progreso, que simbolizan as institucións que abeiran os edificios que pechan a praza do Obradoiro: o Concello e a Xunta, a Basílica e a Universidade.

Capitalidade que é fiel identificación do pobo galego coa súa Autonomía, que o é de tódolos galegos, os de aquí e os que, desde a outra beira do Atlántico e en calquera lugar do mundo en que viven e traballan, se abrazan hoxe ós pés do Apóstolo e lle encomendan as súas angueiras e ilusións.

E tamén de tódolos españois, que nos alegramos de ter ocasión de reiterar o noso afecto a Galicia, o respeto que sentimos polas súas virtudes tradicionais, a satisfacción con que seguimos o seu despegue cara a maiores cotas de prosperidade e a súa preocupación por conseguir un reparto cada vez máis equitativo dos beneficios que procura a súa modernización.

Porque cuando una Comunidad mejora en su imagen y trayectoria, es España quien gana. Y, a la vez, cada paso adelante que da España renueva y estimula a todas sus Autonomías.

España es mejor cuanto más lo es de todos. Al impulsar las energías de sus Comunidades, y convocarlas a implicarse en un mismo proyecto, ha invertido el motor de su trayectoria histórica, y convertido posibles desencuentros en otros tantos estímulos.

Y lo ha hecho en coincidencia con los parámetros que hoy rigen en un mundo globalizado: la eficacia que procura una mejor organización y distribución de los recursos, y la motivación, que se multiplica al integrar los acentos y memorias de cada uno en objetivos comunes, que a todos satisface, pues lo ven como propio.

Y así hemos construido esta España madura, que incluye a todos sus hijos sin restricción, los ampara sin distingos, y se refuerza, con sus particularidades.

Esta España exigente, en la que la libertad es un compromiso, con el que se aúnan esfuerzos y sensibilidades para proclamar con los hechos su rostro nuevo y su voluntad de proyectarse con los argumentos que hoy cuentan: los de la autoridad y el prestigio.

Nos sentimos orgullosos de implicarnos en esta empresa, de haber convertido intuiciones en realidades y de haber continuado la tarea que otros españoles, antes que nosotros le fueron dando forma, a veces con plenitud y otras con dolor, ilustres y anónimos, unos con su talento, otros con sus brazos, muchos con su sangre.

En tu fiesta, Señor Santiago, renovamos nuestra convicción española y te pedimos que nos inspires para desterrar por siempre el terrorismo sin porvenir, que sigue, no obstante, golpeándonos en lo más sagrado: en la vida y la libertad.

Y para que nos alumbres a integrar las energías de todos los españoles, en un afán de paz y prosperidad.

Nuestra Historia tiene siempre un capítulo importante en América, trufada de topónimos e imágenes santiaguistas, con los que queremos enhebrar hoy un tejido de amistosas coincidencias y solidaridades, para unirnos en busca del testimonio de ejemplaridad que hemos de ejercer en el milenio que acaba de comenzar.

En estas ilusiones que he desgranado ante ti, nos conforta y nos asiste, señor Santiago, tu mirada serena y tu acogida generosa. Que una y otra nos acompañen y nos inspiren en el tiempo venidero.

Gracias por tu ayuda y por tu amparo.

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