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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena ofrecida a los Jefes de Estado y de Gobierno con motivo de la XV Cumbre Iberoamericana

Salamanca, 14.10.2005

S

eñores Jefes de Estado y de Gobierno,Señor Secretario General de las Naciones Unidas,Señor Secretario General Iberoamericano,Señoras y Señores,Quiero que mis primeras palabras sean para expresaros, en nombre de la Reina y en el mío propio, nuestra profunda alegría por poder disfrutar esta noche de vuestra compañía, y nuestro más sincero agradecimiento por vuestra presencia hoy en esta hermosa e histórica ciudad de Salamanca. Una presencia que augura los mejores resultados para la Decimoquinta Cumbre Iberoamericana, que hoy hemos iniciado.

Dirigimos un saludo lleno de afecto a todos los ciudadanos de las Naciones iberoamericanas, en particular de aquellas que, como México, El Salvador y Guatemala, viven aún las secuelas de una tragedia con cientos de víctimas cuyo dolor compartimos y cuyas necesidades deseamos poder paliar con activa solidaridad.

Esta es la segunda Cumbre que España acoge, después de la de Madrid en 1992. Las credenciales de esta ciudad para hospedarla son difícilmente superables; y no sólo por su señorío y belleza monumental. Su Universidad ha sido, y es, una referencia constante en la cultura iberoamericana desde que Colón la visitara en 1489, para consultar sobre las posibilidades de su viaje.

Aquí se dieron las bases del Derecho de Gentes de la mano de Francisco de Vitoria. Aquí se redactaron los estatutos que sirvieron como modelo a las primeras Universidades del Nuevo Mundo. Sus piedras centenarias han acogido a ilustres pensadores, escritores, juristas, investigadores y estudiosos de ambas orillas del Océano. Sus estudiantes, en buena parte iberoamericanos, continúan hoy la tradición universal de esta ciudad siempre joven.

Esperábamos esta Cumbre con especial ilusión. El Gobierno de la Nación, las Autoridades autonómicas y locales, la Universidad y la sociedad entera, asumimos el compromiso de organizarla con particular empeño. Un particular empeño, porque nos concedía el privilegio de ejercitar nuestra profunda vocación iberoamericana, la oportunidad de mostraros nuestro afecto fraternal, y también porque estamos convencidos de que éste es un momento crucial para lograr, entre todos, ayances muy importantes para nuestra Comunidad Iberoamericana.

Permitidme que subraye la expresión "entre todos". Las Cumbres son, en efecto, patrimonio de cada uno de nuestros países, al que contribuimos con nuestras respectivas voluntades y aportaciones.

Cada una de las catorce Cumbres precedentes ha significado un avance acumulativo, y ha reforzado nuestra voluntad de continuar avanzando juntos. Nuestras relaciones se han estrechado y son cada día más variadas y profundas. Lo iberoamericano ha traspasado el umbral de lo puramente oficial, y constituye ya una presencia viva en el día a día de nuestras sociedades.

"Todo es presencia, todos los siglos son este Presente", escribió Octavio Paz con extraordinaria lucidez. Nuestro presente Iberoamericano descansa en un sólido sustrato histórico y cultural común de siglos. Sobre él hemos construido, en pocos años de Cumbres, los firmes cimientos de nuestro proyecto, ante el que se abre ahora un nuevo horizonte para profundizar en nuestra cooperación y extenderla a nuevos campos.

Nuestra voluntad de avanzar se ha plasmado en la creación de la Secretaría General Iberoamericana, que marcará un punto de inflexión en la consolidación de nuestra Comunidad; porque sé que contará con nuestro apoyo permanente, y porque conozco bien la personalidad extraordinaria, la vocación iberoamericana y el talento de Enrique Iglesias, con quien tenemos el privilegio y la fortuna de contar como Secretario General.

El horizonte iberoamericano es prometedor. Es mucho lo que hemos conseguido; ero es importante reconocer también que tenemos un largo camino hasta alcanzar el crecimiento, la integración y el bienestar social con equidad, que deseamos para todos nuestros ciudadanos.

Necesitamos también promover nuestra cultura y nuestra voz en el mundo, y reforzar los procesos de integración regional e inter-regional.

El espacio iberoamericano debe ensancharse con la participación de todos: Gobiernos y sociedad civil, empresarios, sindicatos, asociaciones profesionales, organizaciones de jóvenes.

Este ha sido el sentido último del Foro Parlamentario y de los Encuentros Iberoamericanos -Empresarial y Civil- que han tenido lugar en el entorno temporal de esta Decimoquinta Cumbre. Una Cumbre en la que nos proponemos identificar los principales desafíos, y comenzar a articular una agenda iberoamericana capaz de afrontarlos.

No tengo la menor duda de que juntos siempre podremos afrontar mejor los retos que se nos planteen. Como ya os he expresado en alguna ocasión, estoy profundamente convencido de que, uniendo nuestros esfuerzos, podremos alcanzar las metas que nos propongamos.

No quiero concluir mis palabras sin agradecer las muestras de afecto con que nos habéis distinguido a la Reina y a mí por coincidir el año de esta Decimoquinta Cumbre Iberoamericana en España con el Trigésimo Aniversario de mi proclamación como Rey.

Afortunadamente, he podido participar en todas nuestras Cumbres. Como español y como Rey, os aseguro que el haber podido participar en estos años en la construcción del proyecto común iberoamericano constituye una de mis más queridas tareas, una de mis mayores ilusiones y una de mis más preciadas satisfacciones.

Acabamos de descubrir una placa conmemorativa del Cuarto Centenario de la publicación de El Quijote, cumbre de la expresión en lengua española. Una figura literaria en la que ahondó el que fuera profesor y rector de esta Universidad, Don Miguel de Unamuno.

Amaba pasear y meditar por este patio de las Escuelas Menores donde ahora nos encontramos, y dejó escrito: "No doy por nada del mundo ese patio, henchido en su silencio de rumores seculares, ese patio sin ruido de tranvías ni de ferrocarriles ni de vana agitación humana".

Que este patio, esta Universidad y esta ciudad de Salamanca nos presten su secular sabiduría y su tranquila serenidad para el éxito de los trabajos que hemos emprendido.

Con este ánimo, os invito a levantar nuestras copas para brindar por el éxito de nuestra Cumbre, y por Iberoamérica.

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