Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Actividades y Agenda
  • Escuchar contenido
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey en la clausura del Curso Académico 2004-2005 de la Escuela Diplomática

Madrid, 20.06.2005

C

omo todos los años, mucho me alegra poder presidir, junto a la Reina, el acto de clausura del Curso Académico de la Escuela Diplomática, así como la entrega de Despachos a una nueva promoción de funcionarios de la Carrera Diplomática.

Unos funcionarios que ven, así, realizada su noble vocación de poder dedicar, a partir de ahora, su vida profesional al servicio de España y de los españoles desde el Servicio Exterior.

La importancia de este momento se realza, asimismo, por la entrega de diplomas a los cincuenta y cinco alumnos del Curso de Estudios Internacionales, cuarenta y siete de ellos extranjeros, que finalizan, con éxito un completo ciclo de formación en este Centro de larga y fecunda tradición docente.

La Reina y yo queremos expresar a los nuevos funcionarios diplomáticos y a los alumnos del Curso de Estudios Internacionales, así como a sus familias respectivas, nuestra más cordial y sincera felicitación.

Hace ya sesenta y tres años que se fundó esta Escuela Diplomática y en ese dilatado periodo de tiempo ha venido formando, con gran acierto e indudable prestigio, a los diplomáticos españoles y a numerosos alumnos procedentes de muchos otros países.

Quiero reiterar en este acto nuestro reconocimiento a los funcionarios que integran la Carrera Diplomática por su alto espíritu de entrega al servicio del Estado, por su sentido de la profesionalidad y espíritu de lealtad.

Animo a los componentes de la nueva promoción de diplomáticos a cultivar esos valores y principios que siempre han distinguido a nuestro Servicio Exterior, y que constituyen la mejor respuesta que podéis dar a la confianza que el Estado y la sociedad han depositado en vosotros al otorgaros hoy estos despachos.

Que nunca desfallezca en vosotros el entusiasmo e ilusión con los que iniciáis vuestra vida profesional. Servir a España en el exterior no es sólo un motivo de orgullo y satisfacción, sino una importante tarea que reclama volcar en ella vuestro sentido del deber y de la responsabilidad.

Cumplidla con esmero y dedicación. En este mundo globalizado, cada vez son más los aspectos esenciales del bienestar de España y de los españoles, de nuestro presente y de nuestro futuro, que dependen del exterior.

Gracias al esfuerzo de todos, España ha conseguido labrarse poco a poco un puesto destacado en el plano internacional. Por ello, vosotros que formáis, como funcionarios, la vanguardia en la defensa de los intereses de España en el mundo, estaréis acompañados en vuestra noble labor de un amplio y variado conjunto de personas.

No sólo colaboraréis a diario con funcionarios de otros Cuerpos de la Administración, o con destacados miembros de nuestras Fuerzas Armadas, sino que habréis de sumar vuestro esfuerzo al de un creciente número de españoles, asimismo comprometidos con la promoción de nuestros intereses económicos, comerciales, culturales, científicos o tecnológicos, o con la proyección de la realidad de España en el exterior.

Os animo a que os dediquéis con atención a las áreas prioritarias de nuestra política exterior: Europa, la Comunidad Iberoamericana de Naciones, y el Mediterráneo, sin olvidar la relación trasatlántica y nuestra presencia en África, Asia y el Pacífico.

También os pido que apoyéis a nuestras empresas en el exterior, que atendáis a nuestras responsabilidades en los foros multilaterales, especialmente en las Naciones Unidas, a la paz y seguridad internacionales, a la promoción y difusión de nuestra amplia y variada riqueza cultural y a nuestra, cada vez más importante, cooperación al desarrollo.

Todo ello, sin olvidar un aspecto fundamental de nuestra política exterior, como es la defensa de nuestros compatriotas en el mundo, dedicando vuestros mejores esfuerzos a apoyarles y a solucionar sus problemas.

También deberéis volcaros en la proyección internacional de España como país moderno, activo y solidario, defensor de la democracia, de los derechos humanos y de la libertad.

El mundo en el que vivimos se enfrenta hoy a retos y amenazas importantes, en particular, el terrorismo, la pobreza, el hambre, el tráfico de drogas, los ataques al medio ambiente o a la salud mundial. Desafíos que requieren una fuerte dosis de cooperación internacional, que corresponde impulsar y gestionar a nuestra política exterior.

Antes de concluir estas palabras, quiero agradecer a la Dirección, al Claustro de profesores y a todo el personal de esta Escuela, su importante labor.

España confía plenamente en la entrega y trabajo de sus funcionarios del Servicio Exterior para la defensa y promoción de sus intereses y de los españoles en el mundo.

En el desarrollo de tan noble tarea, bien sabéis, que siempre podréis contar con el más pleno apoyo y el constante aliento de la Corona.

Muchas gracias.

Declaro clausurado el Curso Académico 2004-2005 de la Escuela Diplomática.

Volver a Discursos
  • Escuchar contenido
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+