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Palabras de Su Majestad el Rey en la reunión del Patronato del Instituto Cervantes

Madrid, 09.10.2008

M

uchas gracias por vuestra presencia e interesantes intervenciones. Nos hemos reunido de nuevo para estudiar y conocer más de cerca la actividad del Instituto Cervantes. Y, como viene siendo habitual, vemos que los resultados de su labor no pueden ser más satisfactorios.

Han aumentado las matrículas de alumnos y de profesores; han crecido en cantidad y calidad las actividades culturales; se han publicado obras formidables, como la Enciclopedia del español en los Estados Unidos; se han puesto en marcha ambiciosos proyectos tecnológicos, como el "Cervantes Televisión" o los nuevos portales en Internet; y se han abierto nuevos centros en Marrakech y Frankfurt, un nuevo edificio en Varsovia, así como la Biblioteca Miguel de Cervantes de Shanghai.

Junto a todo ello, dentro de un mes inauguraremos la nueva sede del Instituto Cervantes en Tokio con motivo de nuestro Viaje de Estado al Japón.

Como corresponde a una entidad de tanto dinamismo, son muchos los resultados acumulados, pero también muy ambiciosos sus objetivos de futuro. Objetivos plasmados en los planes, razonables y decididos, que la Directora nos acaba de exponer para el Curso que comienza.

Debemos, pues, felicitarnos porque las expectativas puestas en el Instituto Cervantes por la sociedad española y por los países hermanos con los que compartimos el español, se van cumpliendo una vez más.

El maestro Rafael Lapesa, del que se cumplen cien años de su nacimiento, confesaba que escribió su memorable Historia de la Lengua Española para ofrecer una visión de la "constitución y desarrollo de la lengua, como reflejo de nuestra evolución cultural".

Lo que vale tanto como decir que la lengua va íntimamente unida a su tiempo, que es fiel reflejo de los cambios que vive una sociedad y que constituye el bien compartido más generoso que está a disposición de todos.

Con este espíritu debemos promover la difusión de la lengua y la cultura en el exterior, atentos siempre al consejo del ilustre maestro, Claudio Guillén, quien veía en la literatura una forma de "atender a lo que compartimos y respetar lo que nos separa".

Nos encontramos en unos momentos en los que, con prudencia, se deben mezclar consolidación y expansión, para seguir fortaleciendo la presencia de nuestro Instituto en el mundo.

Es también momento para continuar apostando por la búsqueda de nuevos públicos, con especial atención hacia los jóvenes, así como por la innovación permanente, mostrando la creciente vitalidad y dinamismo de la lengua española en el mundo.

En tal sentido, resulta especialmente acertado proseguir por la vía de la inversión en tecnologías de la información y la comunicación, como instrumento básico para la mejor difusión internacional de nuestra lengua.

Constato con satisfacción que el Instituto ha comenzado a expandir su presencia en el África subsahariana. Allí, como en muchos otros lugares, el español es un factor de desarrollo que abre nuevas perspectivas vitales a muchas personas.

Pero me importa sobre todo subrayar que el Instituto Cervantes debe seguir creciendo acorde con su objetivo de ofrecer la máxima calidad en su enseñanza, en su acción cultural, en sus programas digitales y audiovisuales, en su formación de profesores, y en los fondos de sus bibliotecas.

Decía Mariano José de Larra, de quien celebraremos en 2009 el bicentenario de su nacimiento, que un buen libro es aquel que nos enseña algo y nos resulta útil.

Con esa misma impresión deben salir quienes, en cualquier lugar del mundo asisten a las clases o conferencias, visitan las exposiciones, o utilizan los múltiples recursos y servicios del Instituto Cervantes.

Antes de concluir, pido que se traslade mi más efusiva felicitación a todo el personal del Instituto Cervantes por su extraordinaria labor, al tiempo que mi aliento para que siga volcando toda su entrega en la apasionante y hermosa tarea que tiene encomendada.

Una labor que ha contribuido de forma extraordinaria a la mayor proyección de nuestra enorme riqueza lingüística y cultural en el mundo. Basta con echar la vista atrás, para constatar los muy importantes resultados cosechados por el Instituto Cervantes en sus diecisiete primeros años de existencia.

Ha atendido con eficacia una creciente demanda de aprendizaje del español, como gran lengua de cultura y de comunicación internacional.

Termino expresando mi gratitud a todos los miembros de este Patronato por su interés y dedicación a la labor del Instituto Cervantes. Mi felicitación más efusiva a cuantas personalidades se han incorporado a él, y mi agradecimiento especial a aquellos patronos que acaban de concluir su labor, con un emocionado recuerdo hacia la insigne y tristemente desaparecida figura de Don Fernando Fernán Gómez.

Muchas gracias.

Se levanta la sesión.

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