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Palabras de S.A.R. la Infanta Doña Cristina en el acto de entrega de los Premios IMSERSO

Madrid, 15.12.1998

C

elebro volver a reunirme con todos ustedes con motivo de la entrega de los Premios IMSERSO 1998.

Este año conmemoramos el quincuagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, máxima expresión de los valores del hombre y fundamento de su convivencia en nuestros días.

Su texto proclama solemnemente que la dignidad consustancial a la persona es la base de la paz y el progreso de los pueblos, y de la existencia de sus libertades "uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos", como ya nos decía Don Quijote en la inmortal obra de Cervantes.

El acto que hoy nos congrega está estrechamente relacionado con los Derechos Humanos, ya que es un reconocimiento de la Solidaridad.

La solidaridad es un concepto que en las últimas décadas, como ha puesto de manifiesto el Secretario General de Naciones Unidas, se ha ido incorporando al ámbito mismo de esos Derechos, a través de un largo proceso, que nos ha hecho madurar en el convencimiento de que los más desfavorecidos deben ser objeto preferente de nuestra atención.

Atención, que no protección, al ejercicio efectivo de sus capacidades en igualdad de condiciones con todos sus conciudadanos, que es su derecho primordial.

Queremos que nuestra sociedad pase a la historia por su sensibilidad hacia las necesidades individuales y el quehacer colectivo de personas y grupos en otro tiempo ignorados o eludidos.

Y adoptamos esta actitud con el convencimiento de que abrimos un camino, por el que el mundo en que vivimos pueda redimirse de tantas injusticias y violencias que ocurren a diario a nuestra vista, y que no queremos limitarnos a lamentar, sino que deseamos resolver y superar.

Con estos Premios, IMSERSO nos marca las lindes por las que hemos de circular para hacer efectivo nuestro propósito. Estas distinciones reconocen los méritos de todos los que quieren dar un sentido más pleno a muchas vidas. Ya sea desde el ámbito familiar; asociativo; empresarial, o a través de las Organizaciones No Gubernamentales y de los Medios de Comunicación. Sin olvidarnos en este reconocimiento de los gabinetes de investigación que promueven iniciativas y fundamentan decisiones de alcance general.

Cada una de las personas y entidades a las que acabamos de entregar sus premios nos indican un camino que todos podemos seguir: el de compartir sincera y directamente el proyecto personal de aquellos a quienes dedican su esfuerzo.

De esta forma conseguiremos favorecer la promoción y la participación más activa de estos colectivos en la comunidad.

Con su entrega, nos están dando también un ejemplo de la solidaridad más auténtica, no la que se dispensa desde fuera, sino la que se integra estrechamente con aquellos a quienes se dirige, explicándonos y enseñándonos que todos nos necesitamos, y que los discapacitados, los niños, los mayores y los inmigrantes tienen un papel propio en nuestro presente, que con ellos crece y se hace mejor.

Por todo esto felicito muy cordialmente a los galardonados en esta ocasión, y animo a cuantos aquí estamos y a los que cerca o lejos se sienten llamados a cumplir estos ideales que sigan ayudándonos a promocionarlos y hacerlos duraderos.

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