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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Inauguración del Seminario Conmemorativo del 50 Aniversario de la O.E.A.

Madrid, 13.10.1998

P

ermitanme ante todo dirigir un saludo de bienvenida a las ilustres personalidades que han cruzado el Atlántico para participar en este Seminario, y felicitar a cuantos han intervenido en este acto realzando su significado. Especialmente al Secretario General de esta Organización, cuya brillante y profunda conferencia marca la pauta de las interesantes reflexiones que van a tener lugar aquí estos días.

El momento elegido para la celebración de su reunión es bien significativo, pues comienza un día después de nuestra Fiesta Nacional, que coincide con la fecha en que España inició su ingente empresa americana, y terminará a tan sólo unos días de la VIII Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que tendrá lugar en Oporto.

Esta circunstancia me proporciona la ocasión de reiterar, como Heredero de la Corona, la honda vocación americana de España y la solidez de los lazos que nos unen con los países y pueblos de las Américas, y en particular con los de la gran familia iberoamericana. Personalmente  he tenido ocasión de vivir y renovar esa vocación durante mis numerosos viajes y estancias en su Continente; ello me satisface enormemente y hace que me sienta singularmente privilegiado.

Compartimos una comunidad de valores, aspiraciones e intereses que en los últimos años han cimentado un acercamiento institucional con efectos muy positivos hacia lo que denominamos Comunidad Iberoamericana. Sin duda aquellos van a plasmarse y manifestarse dentro de pocos días en la reunión, en Oporto, de los Jefes de Estado y de Gobierno de los veintiún Estados iberoamericanos, junto a quienes, como es habitual, concurrirá, como enviado especial, el Secretario General de la OEA.

Las Cumbres Iberoamericanas, a las que veo con satisfacción van a reservar ustedes un lugar en sus sesiones, se han convertido en el foro de concertación política al más alto nivel existente en nuestros días. Han impulsado una serie de importantes programas de cooperación que benefician a millares de nuestros conciudadanos, y han posibilitado que la Comunidad Iberoamericana de Naciones se manifieste con una sola voz sobre los grandes temas de la agenda internacional.

Pero España es también europea. Es indudable que, desde la incorporación de España y Portugal a la entonces Comunidad Económica Europea, hemos avanzado mucho en el desarrollo y fortalecimiento de los vínculos entre Europa y América. En esta línea, quiero recordar que en junio del próximo año se reunirán por vez primera los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea y América Latina y el Caribe, conforme a una idea inicialmente propuesta por España junto con Francia.

Los objetivos planteados por la Cumbre de Río son muy ambiciosos: impulsar al más alto nivel el diálogo político que la UE mantiene con las distintas subregiones de América Latina y Caribe, reforzar los intercambios económicos y comerciales entre estas dos zonas del mundo, y dinamizar y reforzar las relaciones culturales, educativas y humanas entre ambos continentes. Unas perspectivas tan amplias constituyen sin duda motivo de satisfacción para todos.

Es por tanto lógico que España desee mantener también una íntima vinculación con la Organización de Estados Americanos, en la que tiene la condición de observador desde 1972, y en este sentido me complace que pueda incorporarse, mediante estas jornadas, a la conmemoración de su Cincuentenario.

Un aniversario que, más que recordar su historia y su pasado, va a ser una oportunidad excelente para reflexionar sobre el futuro de la Organización.

La decimoctava Asamblea General de la OEA, que tuvo lugar el pasado mes de junio en Caracas, fue calificada por algunos de "Asamblea de la Renovación". Este Seminario se abre bajo un lema no menos sugestivo: "La OEA, a sus cincuenta años, encara el Siglo XXI".

Van ustedes, por tanto, a explorar y dialogar sobre las claves que van a dar sentido a su trabajo en el alba del próximo milenio: los procesos políticos, con especial consideración a la consolidación de la democracia y los derechos humanos, las dimensiones del desarrollo, la cooperación y la integración en el hemisferio americano, los temas más relevantes de la "Nueva Agenda Interamericana", y el porvenir del diálogo trasatlántico entre Iberoamérica, la Unión Europea y Estados Unidos y Canadá.

Este es el conjunto de desafíos, pero también de grandes oportunidades que se presentan a la OEA, dado el papel destacado que le corresponde en su definición, desarrollo y ejecución.

Por eso termino deseándoles que sus trabajos sean muy fructíferos, cumplan los objetivos que se han marcado al iniciarlos, y respondan a las esperanzas que hemos depositado en su Organización cuantos nos preocupamos y estamos comprometidos con el progreso y la integración interamericana.

Declaro inaugurado el Seminario "La OEA, a sus cincuenta años, reflexiona sobre el Siglo XXI".

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