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Palabras de S.M. el Rey en la Cena de Gala ofrecida al Presidente de Mozambique

Palacio Real, 24.11.1998

S

eñor Presidente,

Me gustaría, ante todo, darle la bienvenida a España y manifestarle la enorme satisfacción que sentimos por contar con su presencia entre nosotros, pues, desde su independencia, la evolución política y económica de Mozambique ha sido seguida y apoyada con el máximo interés y afecto por España.

En 1990, tuvimos ya el placer de recibirle. Hoy, ocho años después, en ésta su segunda visita a España, os deseamos una estancia muy grata, que sin duda servirá para reforzar aún más las relaciones de amistad que existen entre nuestros dos países.

España es muy consciente del largo y difícil camino que Mozambique ha recorrido en este último cuarto de siglo. Ha tenido que superar las terribles consecuencias de una devastadora guerra interna que durante dieciocho años asoló el país y le impidió, tras la independencia, sentar bases sólidas para su desarrollo económico.

Pero, tanto el pueblo mozambiqueño, como su clase política y sus gobernantes, dieron en 1992 un ejemplo asombroso de concordia y de voluntad genuina en la búsqueda de la paz y de la reconciliación nacional, consolidando una estabilidad política dentro de un marco democrático, capaz de posibilitar el crecimiento económico y el desarrollo de sus grandes potencialidades en recursos humanos y naturales.

Los españoles conocemos bien las dificultades que entraña una transición política y los ajustes económicos de adaptación de nuestras estructuras a los países de nuestro entorno, para así hacer frente, con éxito, a los retos que supone la globalización de la economía. España, en este sentido, no puede sino comprender la dimensión real de vuestro esfuerzo y, por lo tanto, solidarizarse con el camino emprendido por Mozambique.

Permítame, pues, felicitar, a través de Vuestra Excelencia, a todo el pueblo de Mozambique por el ejemplo que está dando a Africa y al mundo.

España está comprometida desde hace muchos años en el apoyo a esta transición que Mozambique ha emprendido en un triple plano: a la paz y reconciliación nacional; a la democracia y al crecimiento económico. La Reina tuvo ocasión de comprobarlo durante su reciente viaje a Mozambique para visitar nuestros proyectos conjuntos de cooperación. Quiero agradecerle una vez más, Señor Presidente, la extraordinaria hospitalidad y simpatía con que fue recibida en su querido país.

La cooperación española en Mozambique constituye, de hecho, uno de los más amplios programas de ayuda emprendidos por España en el mundo, tanto en términos cuantitativos como cualitativos. En su país, España ha concentrado su actividad en los sectores de base definidos por el Gobierno que Vuestra Excelencia preside y por el propio pueblo mozambiqueño a través de la Asamblea de la República: en la sanidad, en la educación, en la formación profesional y en la agricultura.

En todos estos sectores, Mozambique cuenta con abnegados y generosos cooperantes y religiosos españoles que, a través de ONGs y Congregaciones, realizan una admirable labor de solidaridad que no puedo por menos que reconocer y encomiar en estos momentos. Son personas desinteresadas que han querido integrarse en la vida cotidiana del país y trabajan codo con codo con los mozambiqueños, con ilusión y con la vista puesta en un Mozambique mejor y más desarrollado.

También en el campo institucional, España está realizando un esfuerzo de cooperación sin precedentes. Me refiero al apoyo a la Policía de Mozambique que presta España bajo la coordinación de las Naciones Unidas.

En un sistema democrático, el mantenimiento de la seguridad interior es fundamento y base de la estabilidad política, del disfrute de los derechos ciudadanos y del crecimiento económico.

Esperamos seguir contando con su imprescindible apoyo, Señor Presidente, para que este proyecto, cuya ejecución está encomendada a un excelente equipo de la Guardia Civil, finalice con el éxito que todos deseamos y que Mozambique se merece.

Señor Presidente,

España, miembro activo de la Unión Europea, participa en la búsqueda de las fórmulas más adecuadas para promover la democracia en el Africa subsahariana, convencida de que sólo una eficaz participación de las sociedades civiles en los asuntos de Estado puede promover un auténtico desarrollo sociopolítico que eleve el nivel de bienestar de sus pueblos.

Creemos firmemente que estos avances en materia de democratización y una permanente protección de los derechos humanos han de servir como auténticos catalizadores que permitan el despegue político y económico del continente.

El camino no es fácil; pero hemos de recorrerlo con resolución y confianza en el futuro. Mozambique es, y debe seguir siendo, un ejemplo que nos llena de esperanza.

El siglo XX se cierra con una preocupante proliferación de conflictos. Se trata de algo que nos afecta a todos y cuya resolución constituye un objetivo fundamental de la política exterior española.

En este sentido, estamos dispuestos a prestar nuestra colaboración para que, tanto en el ámbito de Naciones Unidas como en el de la OUA, se establezcan los mecanismos adecuados que puedan evitar el estallido de nuevos conflictos, así como el arreglo de los ya existentes.

Señor Presidente,

La excepcional situación política y geográfica de Mozambique, que mantiene fronteras con seis Estados africanos y estrechas relaciones con la Comunidad del Africa Austral, le otorga un papel de primer orden en los asuntos africanos, reforzado por su enorme potencial económico y humano.

Permitidme que os exprese nuestra admiración por vuestro papel de liderazgo hacia la integración política y económica del Africa Austral, de cuya organización sois Vicepresidente. Sólo con visiones a largo plazo, en las que juega un papel fundamental el aunar esfuerzos para hacer frente a los desafíos globales, pueden los Estados avanzar en el desarrollo económico.

España, inmersa desde hace años en el proceso de integración política y económica europea, no puede sino alentar también esfuerzos similares llevados a cabo en otras regiones del mundo. La Comunidad del Africa Austral para el Desarrollo es, en este sentido, un ejemplo de gran pujanza en el que la progresiva integración de los Estados servirá para acrecentar la unión de sus pueblos.

Convencido de que Mozambique proseguirá en el camino de la paz y de la prosperidad, para beneficio de su pueblo y ejemplo para sus vecinos, y con  el firme compromiso de seguir trabajando para que las relaciones que unen a nuestros pueblos y gobiernos se fortalezcan cada día más, permítame que levante mi copa por Vuestra Excelencia, Señor Presidente, por el pueblo mozambiqueño, y por la amistad hispano-mozambiqueña.

 

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