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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de entrega de las Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes

Madrid, 29.05.2001

L

a ceremonia de entrega de Medallas de Oro al Mérito en las Bellas Artes es una excelente ocasión para renovar la histórica vinculación de la Corona con la cultura española, y manifestar su alta estima de la actividad de nuestros artistas y creadores.

Una vez más, me alegro de expresaros mi especial satisfacción al encontrarme con vosotros para reconocer vuestro talento y energía, y también vuestra dedicación a una tarea que tiene un gran valor social y ciudadano.

A lo largo de los últimos veinticinco años, los españoles hemos ido perfeccionando, con tenacidad y esperanza, un espacio no sólo legal sino también espiritual, en el que se pudiesen desarrollar, en un ambiente propicio, esas facultades artísticas que expresan, como quizá nada en este mundo, la profunda individualidad del hombre y, a la vez, su pertenencia a una sociedad y a una tradición. Por esta razón, el acto de hoy tiene para nosotros, si cabe, una significación mayor.

Durante estos veinticinco años, España ha reconocido, con la entrega de estas medallas, la excelencia de sus artistas y la fructífera labor de quienes han dedicado su vida a facilitar a otros la comprensión y participación en el universo de las artes, mediante su difusión y promoción.

Todos los que hoy sois justamente distinguidos, habéis destacado sobremanera en vuestras vocaciones, porque a vuestras facultades naturales habéis añadido el tesón, la voluntad y el trabajo. Detrás de cada uno de vosotros, hay toda una vida de esfuerzo, en la que no se ha dejado nada al capricho y la improvisación. La sociedad, a menudo, sólo ve el resultado de ese esfuerzo. Por eso es necesario insistir en el ejemplo y testimonio de la disciplina y el rigor con los que habéis construido vuestra tarea, y vuestro bien ganado prestigio.

Al premiar el mérito y reconocer la excelencia de nuestros artistas consagrados, queremos estimular también a las nuevas generaciones de jóvenes creadores, para que perseveren en la única senda posible, que es la de la autenticidad y el sacrificio.

A esos artistas jóvenes que en un día no muy lejano recibirán el aplauso del público y el reconocimiento de la crítica, y que, tiempo después, seguramente serán merecedores de recibir estas medallas, quiero animarles a que se entreguen sin reservas a desarrollar las potencialidades que llevan dentro de sí.

Todas las disciplinas y todos los estilos, los más populares y los más minoritarios, se han visto reconocidos año tras año con estas medallas. Vosotros enaltecéis aún más si cabe una lista de premiados en la que figuran nombres imprescindibles y sobresalientes de nuestra cultura, sin los que no se podría entender la historia de las Bellas Artes en España en estas últimas décadas.

Quiero, también, agradeceros vuestra contribución a que España sea mejor conocida y más admirada fuera de nuestras fronteras. Ahora que hemos recuperado nuestro papel en el mundo, es hora de destacar que os habéis ganado un puesto de primera fila en este proceso, pues vuestra obra conecta con lo más íntimo y personal de cuantos la disfrutan, y crea espacios y encuentros de efecto perdurable.

Necesitamos de vuestra claridad y vuestra pasión, que nos hacen mejores. Por eso, al felicitaros por vuestra dedicación y por todos los momentos de vida plena e intensa que nos habéis regalado, os pido que nos sigáis dando vuestros frutos mejores, y que hagáis aún mayor la deuda de gratitud que hemos contraído con vosotros.

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