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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración del "I Congreso Internacional de Educared"

Madrid, 18.01.2001

M

e alegra de manera particular compartir con todos vosotros el momento en que os disponéis a comenzar los trabajos de este Congreso, en el que vais a confrontar y valorar vuestras mutuas experiencias pedagógicas realizadas con Internet.

Veo en este gesto la voluntad y el esfuerzo de mil quinientos profesores españoles de nuestras enseñanzas básicas, para enfrentarse a la tarea de dar un salto cualitativo en la misma entraña de la pedagogía. A ello quiero animaros, al tiempo que os felicito por esta iniciativa.

La sociedad hacia la que nos dirigimos va a exigirnos reformas profundas, no sólo en los sistemas de aprendizaje, sino también en la organización misma de la escuela, que, como realidad social, tendrá que adaptarse a las necesidades de un tiempo nuevo y encauzar las oportunidades específicas que proporciona su entorno. Vivimos ya en lo que se ha llamado la Tercera Revolución Industrial. Uno de sus ingredientes esenciales es la sociedad de la información, que significa, en primer lugar y dicho de una manera muy simple, la extensión de las tecnologías que permiten almacenar y distribuir información, en tiempo real, a un público cada vez más amplio.

Como todos sabemos, Internet es una de las claves de esta revolución, y por ello durante estos días vais a reflexionar sobre su papel en la pedagogía, que en definitiva responde a la pregunta esencial de cualquier proceso educativo: cómo se puede aprender a aprender, es decir, a adquirir método.

Aprender no significa acumular los datos que los actuales sistemas informáticos facilitan en cantidad casi ilimitada, sino adquirir conocimientos. Y esto supone, en el ámbito a que va a dedicarse este Congreso, seleccionar la información adecuada a cada etapa educativa, ordenarla, relacionarla y comprenderla. Esta es la auténtica novedad pedagógica de Internet.

En estas sesiones vais a reflexionar sobre un modelo inteligente de comunicación, que supone una apuesta innovadora por una educación de calidad. Un proyecto directamente conectado con la realidad, y que estimula la curiosidad y el sentido crítico, para encontrar respuestas y formular conclusiones acerca de las cuestiones básicas en nuestro paisaje individual y social. Pretendéis, en fin, formar personas para la vida, y no sólo para la escuela. Capaces de asumir sus riesgos, controlar sus conflictos, y dirigir sus conductas hacia metas positivas y alcanzables. Pero todo ello, sin olvidar la necesaria estructuración del conocimiento y base teórica que se requiere para manejarse bien en el nuevo mundo de la práctica.

Vuestra presencia tan numerosa hoy aquí ofrece a la sociedad española una prueba contundente del interés y de la visión de futuro que crece día a día en los docentes españoles. Queréis indudablemente mejorar vuestros métodos de aprendizaje. Queréis que no exista desconexión entre vuestro modo de enseñar y el modo de aprender que les espera en un futuro ya inmediato a los jóvenes españoles, y que ellos mismos también demandan. Queréis, en suma, poneros al día en las nuevas tecnologías para que vuestros alumnos adquieran la capacidad de aprender a aprender durante toda la vida. Eso que llamamos "formación continua", que a su vez requiere flexibilidad y comprensión acerca de la necesidad de reciclarse y dedicar tiempo a ello. Contribuís así a la formación de hombres y mujeres más sensibles a la necesidad del conocimiento, que ha de ir creciendo a lo largo de la vida. Personas que sin duda serán más creativas, más críticas y, a la vez, mucho más responsables.

Tengo pocas dudas de que lograréis vuestro propósito. El Gobierno central y las Consejerías de cada Comunidad Autónoma tienen ya proyectos concretos y se han puesto a trabajar para ayudaros en esta compleja y no fácil tarea.

No siempre se aprecia vuestra labor callada y paciente; no siempre habéis sido comprendidos por los padres de vuestros alumnos y aún por las diferentes Administraciones. Vuestra vocación es profunda y vosotros sentís su grandeza, la grandeza de educar, de ir sembrando desde ahora las semillas de las que brotará un día un plantel de buenos profesionales y excelentes ciudadanos.

Yo quiero hoy transmitiros mi afecto y mi reconocimiento por la labor tan meritoria que estáis realizando. Felicito a los organizadores y patrocinadores de esta reunión y os reitero a todos mi interés y mi apoyo a vuestra tarea y mi confianza en su éxito, que es también el nuestro.

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