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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el Ayuntamiento de Madrid

Madrid, 05.06.2001

M

uchas gracias, señor Alcalde, por su amable bienvenida, y mi saludo más cordial a los miembros de esta Corporación, y en ellos a todos los madrileños.

Este edificio impone desde luego por su nobleza y los muchos recuerdos que atesora. La historia de Madrid es tan densa que sentimos latir en ella no poca parte de la española.

La imagen de la ciudad como escenario del discurrir de España tiene tres momentos estelares: la apertura de espacios ciudadanos, y no sólo cortesanos, en la época de Carlos III; la era isabelina, en que la burguesía escenifica su protagonismo económico y social tras la desamortización; y el diseño de una urbe moderna conforme a las nuevas técnicas arquitectónicas, desde principios del siglo XX, y que aún continúa.

Pero no vengo aquí a recorrer el pasado, por más que pueda proporcionarnos lecciones provechosas, sino a tomar el pulso a una dinámica. La de la vida ciudadana que tiene en esta Casa su reflejo, y busca en ella estímulo para progresar en la dirección adecuada a la condición capitalina y metropolitana de esta Villa.

Pues Madrid es un microcosmos en continua evolución, en primer lugar, por el carácter de sus naturales, que han ido haciéndola a lo largo de los siglos, y también gracias a cuantos españoles y extranjeros aquí llegan y se quedan, convirtiéndose en otros tantos madrileños de afición y afecto.

Organizar situaciones e intereses tan dispares, procurar su concierto, y dar un sentido propio a su convivencia, exige mucho ánimo y cualidades poco comunes. Hay que aunar energías, arbitrar tensiones, prevenir necesidades y resolver problemas. Y, en fin, convertir lo heterogéneo y casi inabarcable en algo comprensible y manejable.

Esta es vuestra tarea de todos los días, con la que concitáis el agradecimiento y respeto de todos. Os invito a seguir realizándola con la ambición y generosidad que merecen este empeño y los ciudadanos a cuyo servicio estáis.

Esperamos mucho de vosotros, porque os consideramos capacitados para cumplir los objetivos que nuestro tiempo demanda a esta ciudad: un crecimiento valeroso y equilibrado, un espacio vital que facilite el desarrollo personal y el bienestar ciudadano, un compromiso cultural de calidad y a la vez accesible y atractivo, y una escuela de sociabilidad y solidaridad.

Son muchas las necesidades que continuamente requieren vuestra atención. Desde las infraestructuras, el transporte y el urbanismo, a los servicios sociales y de ocio. Todas ellas aquí adquieren dimensiones que someten al tradicional gobierno municipal a presiones muy superiores a lo habitual para cualquier ciudad.

Por ello soy consciente y testigo de las dificultades con las que os enfrentáis; y comprendo vuestro afán en contar con los medios necesarios para el ejercicio de vuestras funciones al nivel de exigencia que pide nuestra ciudad, y su carácter específico como capital de España.

La proximidad a sus conciudadanos es el dato fundamental de la actividad municipal, que multiplica su eficacia. Un Ayuntamiento metropolitano como el vuestro tiene que fomentarla, creando una tupida red de comunicación con los diversos sectores ciudadanos, los agentes sociales y los ciudadanos de a pie.

Para contar con ellos y asociarles a vuestros trabajos, os animo a estimular la eficacia de vuestros canales de comunicación, los servicios de atención al ciudadano, la economía y prontitud de vuestras resoluciones, y las ocasiones de reflexión conjunta e intercambio de opiniones y experiencias.

Madrid -me atrevo a decirlo así - es casi demasiado grande, y exige casi a diario el esfuerzo común de todas las instituciones. Me satisface escuchar que mantenéis lazos especiales con las demás Administraciones, y en particular con la Comunidad de Madrid. Estas son las bases de una mutua confianza y las garantías de vuestro éxito colectivo.

Por su naturaleza, y por imperativo de la realidad, Madrid tiene un papel importante como centro de acogida, foco de iniciativas y lugar de provechosos intercambios. Por supuesto, con los municipios de su Comunidad, también con España, y además con sus ciudades homólogas, sobre todo de Europa e Iberoamérica.

Sé que cuidáis con esmero esta proyección de la Villa en el ámbito regional, nacional e internacional. En este último, he tenido a menudo ocasión de comprobar que, gracias a vuestra diligencia, España es más conocida y mejor valorada fuera de nuestras fronteras.

Me alegro de tener hoy ocasión de reunirme con vosotros y repasar con detalle vuestros afanes e inquietudes. Para mí esta es una oportunidad, que hace tiempo deseaba, de manifestaros el interés con que sigo vuestro trabajo y mi afecto por este Ayuntamiento, que es también el mío.

No os digo adiós, pues me quedo con vosotros. Como madrileño. Acompañándoos de muy buen grado en el camino que juntos hemos emprendido, y que encierra las claves del Madrid que todos deseamos.

Muchas gracias.

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