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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias y de Viana en la recepción de bienvenida

Pamplona, 06.11.2001

Q

uiero que mis primeras palabras sean de agradecimiento al Presidente del Gobierno de Navarra y a todos ustedes, por la cálida acogida que me dispensan en este acto de bienvenida, en el Salón del Trono del Palacio de Navarra que revive en mí inolvidables recuerdos familiares. Con mucho gusto les correspondo con mi afecto más sincero.

Son la ilusión y esperanza bien fundadas los sentimientos que marcan el comienzo de mi visita oficial a la Comunidad Foral de Navarra, de cuyo antiguo Reino llevo con orgullo el título de Príncipe de Viana. Son, por tanto, lazos históricos los que me vinculan a esta tierra y los que siento como fuente de inspiración y arraigo personal a ella. Unos lazos que en Navarra tienen siempre especial peso y significación.

Ilusión de ampliar mi conocimiento de esta Comunidad Foral, donde en mis frecuentes y siempre gratos viajes a su tierra he podido apreciar, aunque no con la profundidad y el detenimiento que hubiera deseado, su realidad social y sus bellezas naturales, el respeto de los navarros a su historia y el cuidado con que conservan y dan vida a su patrimonio artístico y cultural, el marcado carácter de sus instituciones y la vitalidad de sus gentes.

He percibido en vosotros el talante que armoniza tradición y modernización, el impulso dinamizador que aúna diversidades, contrastes y matices en un proyecto común y con futuro.

Este conocimiento múltiple y reiterado, la gran curiosidad que me provoca, el enorme atractivo que despierta en mí este pueblo singular, ha hecho que siempre quedara con el deseo insatisfecho de quien precisa algo más. Acaso una visión de conjunto que fije en su lugar las distintas piezas que conforman el conjunto de la realidad navarra, a la manera de las múltiples teselas que siendo todas ellas distintas, completan un solo y espléndido mosaico. Ilusión también por tener la oportunidad de dedicar mi atención, y mi trabajo durante cuatro intensos días exclusivamente a los navarros y navarras acercándome a su visión de la vida, a su perspectiva de la realidad navarra, española y europea.

A este propósito obedece la visita que en estos momentos comienzo y que emprendo en mi condición de Heredero de la Corona, y en mi carácter de amigo y admirador de esta tierra y de sus gentes.

Por eso llego con la esperanza de poder a lo largo de los próximos días ampliar perspectivas, conocer lugares, escuchar voces, ecos y opiniones, que van a complementar y enriquecer las múltiples referencias que el paso de estos años ha ido sumando en mi memoria sobre Navarra.

Así, voy a recorrer las cinco merindades históricas sobre las que se forjó la realidad de la Navarra actual. En Pamplona, Tudela, Estella, Sangüüesa y Olite, desde las tierras del Bidasoa a las Bardenas Reales, podré observar y conocer de primera mano las infraestructuras y los servicios de reconocida calidad que se prestan en esta Comunidad, así como el trabajo de cada día y los proyectos y planes que se piensan abordar en el futuro.

Confío en que, al final de este viaje, habré aprendido mucho de Navarra, de las razones por la que es una de las Comunidades más ricas y con mayor índice de bienestar del conjunto de España, de los motivos en que se fundamenta su ejemplar convivencia, y de su gallarda actitud ante los embates de la violencia que trata en vano de menoscabarla y aun quebrantarla.

Concluyo estas palabras con un mensaje de apoyo y solidaridad a las víctimas del terrorismo, que en esta tierra se ha encarnizado con especial crueldad, y con la expresión de mi afecto y aliento a todos aquellos que, con su trabajo y su ejemplo en el campo de la representación política o ciudadana, y de la función pública, sostienen la continuidad institucional, y son valedores de una sociedad democrática, y defensores, contra la irracionalidad terrorista, de un pueblo laborioso, honrado y leal que, con la misma rotundidad que ha mostrado a lo largo de su dilatada historia, sigue firme en el respeto de su personalidad, entroncada en el conjunto de España.

¡Muchas gracias, señor presidente por sus amables palabras de bienvenida!

Eskerrik asko, presidente jauna, zure ongietorri hitz goxo hauengatik.

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