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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Biblioteca Nacional.

Rusia(Moscú), 06.02.2002

M

e siento muy honrado por haber sido invitado a la inauguración de la Exposición documental sobre España y las relaciones entre nuestros dos países por la Biblioteca estatal de Rusia, uno de los centros de cultura más importantes de Europa y del mundo, con casi 150 años de historia.

Agradezco encarecidamente las calurosas palabras de acogida que acabáis de pronunciar y este cordial recibimiento que nos dispensáis.

Quiero felicitar a los organizadores de la Exposición por el trabajo realizado que, gráficamente, muestra el interés recíproco que siempre existió entre Rusia y España y refleja la historia pasada y presente de nuestros pueblos.

España y Rusia, depositarias de tradiciones riquísimas, delimitan, respectivamente, las fronteras de Europa con Asia y África. Nuestras naciones ofrecen una gran riqueza y diversidad cultural, en el sentido más amplio de la expresión, desde el Sur y desde el Norte. Sin las aportaciones respectivas de nuestros dos países difícilmente podría entenderse el acervo de la cultura universal, y, en particular, el de la europea.

Serían dignos de recordar muchos españoles que, a lo largo de la historia, han colaborado de una forma u otra al desarrollo de la nación rusa. Entre ellos destaca singularmente Agustín de Bentancourt y Molina, quien tan solo un año después de su llegada a San Petersburgo, en octubre de 1808, recibió el grado de General Mayor. En 1809, fundó el Instituto de Vías y Comunicaciones, que dirigió bajo la supervisión directa del Zar, ganándose su amistad.

Inventor, ingeniero y arquitecto, dirigió diferentes e importantes proyectos en Rusia, entre ellos El Manezh de Moscú, donde el próximo viernes inauguraré la Exposición de arte español contemporáneo. Su intensa actividad fue recompensada con la condecoración de Alejandro Nevsky.

Esta Exposición que vamos a inaugurar ocupa un lugar destacado en el marco de la Conmemoración de XXV Aniversario del Restablecimiento de las Relaciones Diplomáticas.

Y por este motivo desearía mencionar expresamente a nuestros dos primeros embajadores Dubinin y Samaranch, que tuvieron la gran responsabilidad de iniciar el nuevo y fructífero periodo de las relaciones bilaterales.

Los primeros años de esta nueva era coinciden con la transición española para la instauración y consolidación de la democracia que hoy nos sitúa con vigor y confianza en la primera línea de las naciones democráticas y económicamente pujantes. En el mismo sentido, saludamos y animamos el proceso de transformaciones políticas, económicas y sociales que, en los últimos diez años está experimentando la Federación de Rusia.

Transcurridos 25 años del restablecimiento de relaciones, podemos congratularnos al constatar en este aniversario que las mismas han alcanzado en la actualidad niveles impensables tan sólo hace unos años. Es de esperar, no obstante, que merced al impulso de ambos pueblos y sus gobiernos podamos rebasar con creces esos niveles y veamos multiplicados nuestros intercambios económicos y culturales, así como nuestros contactos y entendimientos políticos.

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